Fraude Pericial: La Invalidez Científica del Método Psiquiátrico Forense de Evaluación

Y la Usurpación de la Incumbencia del Psicólogo como Factores del Fraude Pericial.

Buen texto que como reza el título hay gente despierta en el mundo de la psicología clínica que ve como los autodenominados psiquiatras forenses (la mayoría ni son psiquiatras por cierto no son más que médicos sin especialidad alguna, adscriptos a un juzgado o partido judicial, y de psiquiatría saben lo mismo que el verdulero de la esquina), se hacen cargo de algo que no están ni remotamente preparados e intenta explicar porqué los psiquiatras sean forenses o no fallan tanto en sus periciales, alguien se preguntará porque hay tanto psicótico con diagnóstico psiquiátrico de depresión o de cualquier otro tipo y al poco rato comete el paciente un crimen o gente que no tiene nada simula locura o demencia como el caso Pinochet y la psiquiatría forense es incapaz de dar un diagnóstico de simulación. Es algo que el autor desde la óptica de la psicología intenta responder básicamente, diciendo que la entrevista clínica es absolutamente insuficiente para determinar una valoración forense respecto al estado mental del examinado, y que se complemente con otro tipo de pruebas como los test psicológicos (aunque ya hemos dicho en este mismo blog que los tests tanto proyectivos como objetivos tienen sus problemas) pero que incide en lo obvio un juicio diagnóstico de un psiquiatra es absolutamente endeble y personal, algo que se obvia por completo en los juzgados por razones inexplicables.

 

El lector entenderá ahora porque cuando un psiquiatra o un médico forense dice que al acusado se le examinará mediante una entrevista clínica y luego añaden algunas veces y otras pruebas complementarias, la realidad es que no se realiza ninguna prueba complementaria, la ignorancia del juez es tal que no da veracidad alguna al relato de alguien sin más pruebas que lo confirmen, pero sí el relato de un psiquiatra.

Pongo un extracto para que el lector interesado acuda al enlace para leerlo entero.

La invalidez científica del método clínico de evaluación de la psiquiatría forense:

La evaluación de cualquier peritado con arreglo al método de la Psicología comprende: 1) la observación de la conducta; 2) la valoración de la introspección (ya sea ésta espontánea, ya sea la que se registra a través de cuestionarios y de inventarios); 3) la medición del rendimiento; 4) el examen de la proyección. La experiencia profesional nos enseña que el peritado puede simular o representar la conducta y que puede reemplazar la introspección por un libreto. Sin embargo, es imposible que pueda asumir rendimientos mayores a cada capacidad, proyectar lo que no existe en su personalidad o dejar de proyectar la misma. No es lícito objetar que se pueden simular, de modo inadvertido para el psicólogo especialista en evaluación y diagnóstico, rendimientos menores para cada capacidad o rasgos de personalidad inexistentes, ya que a los fines del diagnóstico lo que se considera es la interrelación de puntajes y el puntaje de control, lo cual no puede ser diagramado por el examinado. Además, lo que el peritado falsea u omite en su comunicación durante la entrevista lo proyecta a través de los tests psicológicos. Vale decir, la instrumentación del examen psicológico detecta las simulaciones y las omisiones del examinado. Ahora bien, la evaluación psiquiátrica sólo comprende la observación de la conducta y la escucha de la introspección. Vale decir, el examen psiquiátrico se atiene únicamente a lo que puede ser representado u omitido por el peritado. Por lo tanto, el examen psiquiátrico adolece de la objetivación de sus resultados. La objetividad del diagnóstico sólo es posible mediante la intervención profesional del perito psicólogo a través de la indicación y de la administración del psicodiagnóstico, pues éste comprende, además de la observación de la conducta y del registro de la instrospección, la medición del rendimiento que se materializa a través de las técnicas psicométricas y el examen de la proyección que se materializa a través de las técnicas proyectivas.

El caso del Tirador del Belgrano muestra que si durante la evaluación psiquiátrica el examinado no delira, no alucina, no presenta abulia ni desorganización de la conducta, la psiquiatría forense no está ni aun en condiciones de diagnosticar una psicosis. El psicoanalista Jamil Abuchaem en su libro EL PROCESO DIAGNOSTICO Tomo 1, Ediciones Kargieman, Buenos Aires, año 1979, págs. 33-41 presenta algunos ejemplos de errores de diagnóstico de graves consecuencias debido al empleo del juicio clínico como método. Por ende, cobra pleno sentido lo manifestado por Gordon W. Allport en su obra PSICOLOGIA DE LA PERSONALIDAD, Editorial Paidós, Buenos Aires, año 1961, pág. 402, respecto a que la entrevista psiquiátrica es un “método informal”.

La desorientación de la psiquiatría en materia de diagnóstico es un problema irresoluble, ya que en esa disciplina el diagnóstico es relativo al punto de vista subjetivo del psiquiatra. Henry Ey en su libro EN DEFENSA DE LA PSIQUIATRIA, Editorial Huemul, Buenos Aires, año 1979, pág. 105, reconoció dicho problema de la psiquiatría al tiempo que trató de disimularlo: “Sin duda (…) las dificultades y las divergencias de diagnóstico han desacreditado la nosografía. (…) Si [los cuadros nosográficos] no son reconocidos igualmente por todos los clínicos es porque su fisonomía propia y que puede llamarse clásica es objeto con más frecuencia de una negación sistemática que de una falta de percepción clínica.” Como consecuencia de ello surge que a un mismo enfermo mental distintos psiquiatras pueden diagnosticarle distintas entidades nosográficas, puesto que un mismo cuadro no es reconocido del mismo modo por los distintos psiquiatras. Como no podía haber sido de otra manera, Henry Ey no logró argumentar absolutamente nada con respecto al valor metodológico de esa mentada percepción psiquiátrica clínica, ya que la misma inexorablemente resulta conformada por la subjetividad del psiquiatra. En efecto, la psiquiatría es una disciplina inválida a los efectos de la objetivación científica del diagnóstico, ya que su método no se basa en la medición ni en el examen de la proyección, sino en la subjetividad del psiquiatra. Por ejemplo, el psiquiatra John Morris Dorsey en su artículo EL EXAMEN PSIQUIATRICO, publicado en la compilación El Examen de la Inteligencia y de la Personalidad del Niño, Editorial Paidós, Buenos Aires, año 1966, pág. 59, ha reconocido que: “Dado que toda observación es autoobservación, la exactitud del examen psiquiátrico depende de la capacidad del psiquiatra para aquella. En consecuencia, comprenderá y dirigirá a su paciente en la medida en que se comprenda y dirija a sí mismo.” Ello significa una radical imposibilidad del método psiquiátrico para objetivar de manera científicamente válida, rigurosa y confiable los resultados, ya que tal metodología no va más allá de la subjetividad del psiquiatra en quien, por tal motivo, resultan en gran parte indiscernibles el instrumento y el instrumentador. Alfonso Alvarez Villar “ha señalado con bastante frecuencia los errores a que se expone todo psiquiatra que se fíe exclusivamente de su “ojo clínico”” (PSICODIGNOSTICO CLINICO: LAS TECNICAS DE LA EXPLORACION PSICOLOGICA, Editorial Aguilar, Madrid, año 1963, pág. 5). Por otro lado, Emilio Mira y López en su MANUAL DE PSICOLOGIA JURIDICA, Editorial El Ateneo, Buenos Aires, año 1950, págs. 201-212, dedicó un capítulo a las técnicas utilizables para el control de la sinceridad de los declarantes. Por ejemplo, propuso como metodología el Test de Asociaciones de Palabras de Jung. Por consiguiente, de acuerdo a Emilio Mira y López, la forma científica de determinar si un relato es verosímil no depende de la entrevista, sino de tests psicológicos como el referido. Hans Zulliger en su libro CURAR, NO CASTIGAR, Ediciones Sígueme, Salamanca, año 1975, pág. 133, también propuso el uso y demostró la eficiencia de los tests psicológicos en la práctica pericial: “el test proporciona muy a menudo importantes indicaciones y referencias. (…) Esta opinión está suficientemente basada en la experiencia práctica.” Inclusive, un defensor del método clínico como Daniel Lagache ponderó la necesidad de los tests psicológicos en la evaluación pericial: “Tampoco se omitirán los tests (…) desde los tests estándar hasta los tests de personalidad” (PSICOCRIMINOGENESIS, Obras IV, Editorial Paidós, Buenos Aires, año 1982, págs. 11-12). El psiquiatra André Rey en su libro EL EXAMEN CLINICO EN PSICOLOGIA, Editorial Kapelusz, Buenos Aires, año 1962, pág. 14, admitió: “Frecuentemente hemos comprobado divergencias entre la impresión superficial (…) y los resultados de tests sutiles (…) por tanto, debe empezarse por los recursos de los tests”. Asimismo, puede citarse la opinión de Kenneth R. Hammond formulada en su artículo EL FUNCIONAMIENTO PROBABILISTICO Y EL METODO CLINICO, publicado en la compilación de Edwin I. Megargee, Métrica de la Personalidad, Volumen I, Editorial Trillas, México, año 1971, pág. 52: “Probablemente sea verdad que la mayor parte de los profesionales no clínicos creen (con considerable justificación) que el método clínico no está muy de acuerdo con el criterio científico. (…) Es difícil que las críticas se pongan de acuerdo y el esfuerzo para eliminarlas se ha centrado en el desarrollo de los tests clínicos.” Esto significa que la entrevista clínica por sí sola no es un método científicamente validado, razón por la cual resulta imprescindible la aplicación de tests psicológicos –cuya competencia (indicación y aplicación) corresponde únicamente al psicólogo por atribuciones académica, profesional y legal. Se considera correcto en el campo de la evaluación psicológica “no utilizar la entrevista como la única fuente de recogida de información y de evaluación” (José Antonio García Marcos, LA ENTREVISTA –Psicodiagnóstico Tomo 1 de Rocío Fernández Ballesteros, UNED, Madrid, año 1983, pág. 384).

El fracaso de la evaluación psiquiátrica forense:

La invalidez del método de evaluación de la psiquiatría no tiene solución posible, ya que, en general, los trastornos mentales carecen de substrato orgánico, pues se configuran conforme demostraron, entre otros, Anna Freud y Dorothy Burlingham (NIÑOS SIN HOGAR, Ediciones Imán, Buenos Aires, año 1946), René Spitz (EL PRIMER AÑO DE VIDA DEL NIÑO, Editorial Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, año 1985), Margaret A. Ribble (DERECHOS DEL NIÑO, Editorial Nova, Buenos Aires, año 1979) y John Bowlby (LOS CUIDADOS MATERNOS Y LA SALUD MENTAL, Editorial Hvmanitas, Buenos Aires, año 1982), a partir del nacimiento y durante el desarrollo, a raíz de relaciones objetales disfuncionales. Ni la salud mental es un producto exclusivo de la maduración (Margaret S. Mahler, EL NACIMIENTO PSICOLOGICO DEL INFANTE HUMANO, Ediciones Marymar, Buenos Aires, año 1979), ni la estructura mental psicopatológica es el resultado de una degeneración orgánica, sino que son constituciones mentales determinadas esencialmente a partir de la calidad, de la cuantidad y de la oportunidad de las relaciones de objeto parentales-filiales. Por consiguiente, el escrutinio de la mente es imposible mediante los métodos de la medicina, ya que los mismos sólo examinan el organismo. Que la psiquiatría carezca de metodología objetiva de diagnóstico significa que carece de metodología adecuada para detectar simulación. Unicamente por medio de las técnicas psicológicas es posible efectuar el diagnóstico de modo objetivo como así también la evaluación de los rasgos de personalidad, de la inteligencia y de los recursos mentales relativos al pronóstico, y detectar toda simulación, ya sea de síntomas, ya sea de indicadores.

Ineficacia del método psiquiátrico para predecir conductas suicidas:

Un clarísimo ejemplo de la desorientación de la psiquiatría lo constituye la ideación de contenido suicida. Desde la psicología, mediante el método de los tests proyectivos, la conducta suicida del examinado resulta predictible y, por lo tanto, el psicólogo se anticipa a la misma indicando el tratamiento psicoterapéutico pertinente. En cambio, el médico psiquiatra suele enterarse de la ideación suicida una vez consumado el suicidio o su tentativa. “Algunos psiquiatras informaron que del setenta al setenta y cinco por ciento de sus pacientes que se suicidaron habían dado un aviso a alguien, aunque raramente a sus médicos” (Erwin Stengel, PSICOLOGIA DEL SUICIDIO Y LOS INTENTOS SUICIDAS, Ediciones Hormé, Buenos Aires, año 1965, pág. 48).

Incapacidad de la psiquiatría forense para el diagnóstico de psicosis:

La Princesa Marie Bonaparte (EL CASO DE MADAME LEFEB[V]RE, Revista de Psicoanálisis, Asociación Psicoanalítica Argentina, Volumen 5, Número 1, Buenos Aires, año 1947, págs. 108-152) hacia el año 1927 ya había evidenciado la ineficacia de la evaluación psiquiátrica forense. Los expertos psiquiatras del tribunal francés habían dictaminado que Madame Lefebvre no padecía alienación alguna. Sin embargo, Marie Bonaparte demostró que Madame Lefebvre era delirante. Fundó sus conclusiones en interpretaciones psicoanalíticas sobre datos contenidos en diversas fuentes, además de los aportados en la entrevista, como ser, tres cuadernos de Madame Lefebvre, testimonios, juegos de la infancia, identificaciones infantiles con personajes literarios, informes periodísticos sobre el caso, modalidad del hecho (simbolismo del automóvil, del viaje, del arma usada y equivalentes de la misma), etc.. Vale decir, el estudio realizado por Marie Bonaparte trascendió ampliamente el examen clínico. Todo ello le permitió efectuar la reconstrucción del delirio que le había pasado inadvertido a los psiquiatras forenses. La falla en el diagnóstico de psicosis es consubstancial a la psiquiatría forense. El caso del Tirador de Belgrano constituye un claro ejemplo de ello, pues habiendo transcurrido nueve décadas desde el caso de Madame Lefebvre (“el informe de los expertos del tribunal había determinado la plena y entera responsabilidad (…) descartaban la locura y explicaban el crimen (…) por su carácter un poco particular”), la psiquiatría forense sigue tan impotente como en aquella época, ya que el perito psiquiatra del Cuerpo Médico Forense expidió un dictamen en el que omitió el diagnóstico de esquizofrenia, con lo cual el poder judicial sometió a juicio oral y público a un alienado. Si no se manifiesta el brote psicótico, el método clínico de la psiquiatría es insuficiente a los efectos del correcto diagnóstico.

La falencia de la psiquiatría forense para el diagnóstico de simulación:

La psiquiatría tiene como único método de diagnóstico el juicio clínico (cfr. GUIA DE CONSULTA DE LOS CRITERIOS DIAGNOSTICOS DEL DSM-5, Editorial Médica Panamericana, Madrid, año 2014, pág. 7). Y el juicio clínico, como se señaló, es la mayor fuente de los errores de diagnóstico. Si la psiquiatría carece de método objetivo de diagnóstico, se deduce que también carece de eficacia para el diagnóstico de simulación. De hecho, los psiquiatras del Cuerpo Médico Forense Antonio H. Bruno y Javier Cabello en el artículo SIMULACION EN PSIQUIATRIA FORENSE, publicado en Cuadernos de Medicina Forense, Año 1, Nº 2, año 2002, intentaron definir el concepto de simulación, pero lo hicieron bajo la grave confusión intelectual de asignar identidad semántica a los conceptos psicológicamente opuestos de representación y de expresión (“Representación plástica: consiste en hacer presente por medio de la expresión psicomotriz el evento mórbido que se utiliza para el engaño”). Ahora bien, la expresión y el gobierno consciente de la conducta son incompatibles (cfr. Richard Meili, MANUAL DE DIAGNOSTICO PSICOLOGICO, Ediciones Morata, Madrid, año 1953, pág. 30). Luego, si hay expresión, no hay representación. Y si no hay representación, no hay simulación. Por lo tanto, si hay expresión, no hay simulación. No obstante la suma de errores que cometieron en dicho artículo, los psiquiatras del Cuerpo Médico Forense terminaron por confesar explícitamente la falencia de la psiquiatría para el diagnóstico de simulación:

“Para un acertado diagnóstico de simulación (…) el perito debe contar con amplios conocimientos de la especialidad y honestidad personal y profesional suficientes para admitir las dudas y solicitar la intervención de otras disciplinas”

Es decir, la psiquiatría forense es ineficaz para el diagnóstico de simulación, lo que significa que todo dictamen pericial psiquiátrico se halla necesariamente en tela de juicio (3). Como vemos, la psiquiatría forense argentina se encuentra aun por debajo del estándar intelectual de la mitología, donde se conocía y se detectaba la simulación (cfr. Sófocles, ODISEO LOCO, Fragmentos, Editorial Gredos, Madrid, año 1983, pág. 236).

Un caso paradigmático de error psiquiátrico forense por aplicación del método de evaluación clínica fue el de la evaluación psiquiátrica practicada al otrora dictador en Chile, Augusto Pinochet, quien habiendo estado detenido en Inglaterra para ser extraditado a los efectos de ser sometido a juicio penal en el Reino de España logró eludir su responsabilidad por medio de la simulación de síntomas de demencia, ya que nunca padeció deterioro cognoscitivo más allá del deterioro etario. La evaluación psiquiátrica clínica del ya difunto militar chileno había sido efectuada por tres psiquiatras, los doctores John G. Evans, Michel J. Denham, y Andrew J. Lees. Vale decir, tres expertos en psiquiatría que practicaron, bajo idénticas condiciones temporales y ambientales, la evaluación del mismo examinado mediante la aplicación del método psiquiátrico, arribaron a la falsa conclusión diagnóstica de deterioro cognoscitivo. Por lo tanto, el error de diagnóstico fue la consecuencia lógica de la aplicación de un método inválido de evaluación, ya que el método psiquiátrico carece de rigurosidad científica a los efectos de la objetividad del diagnóstico.

Muchísimos son los casos signados por el error o por el fraude pericial psiquiátrico. El Cuerpo Médico Forense viene expidiendo informes ambiguos e incompletos, según manifestó un profesor, poseedor de información de primera mano, durante una conferencia, con el efecto de desinformación acerca del deterioro cognoscitivo que padecen muchos ex militares sometidos a juicio penal por crímenes de lesa humanidad. “Algunos están gagá” –dijo el profesor, al tiempo que refirió que pueden recordar el pasado remoto pero no las situaciones del presente o recientes, como ser las inherentes al juicio penal. También fue sorprendente que el funcionario judicial haya respondido, ante mi interpelación, que no designan peritos psicólogos de oficio para subsanar el error o el fraude del Cuerpo Médico Forense, pues manifestó que él y sus colegas entienden que el peritaje válido sólo es aquel que dictamina el Cuerpo Médico Forense. Ahora bien, el reglamento del Cuerpo Médico Forense (Acordada 47/2009 de la CSJN) no distingue entre profesión y especialidad, razón por la cual la división de la Psicología en sus distintas especialidades no existe en dicho organismo, por lo cual su staff no cuenta con profesionales que tengan título universitario de Especialista en Evaluación y Diagnóstico Psicológico. Por ello, siempre resultará pertinente la designación de peritos psicólogos de oficio, quienes al contar con la referida especialización se hallan por encima del estándar académico que pueda haber en el Cuerpo Médico Forense. Aquellos erróneos o fraudulentos informes periciales del Cuerpo Médico Forense se pueden subsanar mediante el diagnóstico psicológico del deterioro patológico de la inteligencia que efectúa el psicólogo especialista en evaluación psicométrica.

La invalidez del método psiquiátrico de evaluación implica que la psiquiatría forense ni aun puede objetivar ningún caso de fabulación, ya que, a diferencia de la psicología, no cuenta con instrumentos científicos para ello.

http://www.psicologema.com/licd.htm

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