La Justicia investiga a un psiquiatra por los presuntos abusos sexuales a una paciente

La juez ve indicios de delito y asegura que el médico, con consulta en Santa Cruz, pudo valerse de su posición de superioridad y de drogas para alterar la voluntad de la mujer y tener las relaciones continuadas con ella
antonio herrero 09.04.2016

La juez del Juzgado de Instrucción nº4 de Santa Cruz de Tenerife investiga al psiquiatra con consulta en la capital tinerfeña A. A. C. al hallar indicios de que ha podido cometer un delito continuado de abusos sexuales al menos a una de sus pacientes, según el auto al que ha tenido acceso la opinión de tenerife. El psiquiatra pudo haberse aprovechado de su situación de superioridad como terapeuta e incluso haber usado sustancias químicas para influir en la voluntad de la paciente, como la ketamina.

El investigado es el creador de una terapia psiquiátrica. De hecho, es fundador y presidente honorífico de la asociación española que lleva el nombre de este método. La presunta víctima, de 54 años, que presentaba problemas de anorexia y bulimia, acudía a tratarse. Según el auto judicial, “de forma continuada y prevaliéndose de la relación psiquiatra-paciente y de la confianza plena de ésta hacia aquel como terapeuta, haciendo uso continuo de sustancias como la ketamina a sus pacientes y, en concreto con la perjudicada, para lograr sus fines y prácticas sexuales, la víctima accedió a partir de diciembre de 2012 a sucesivos y múltiples encuentros sexuales a propuesta del investigado y que se prolongaron en el tiempo hasta mayo de 2014, proponiéndole encuentros sexuales incluso cuando tenía crisis de su enfermedad y pese a que ésta se lo hacía saber en ese momento”.

Fue la propia perjudicada, por iniciativa propia, la que rompió las relaciones tanto personales como terapéuticas con el investigado, tras acudir a la consulta psicológica de otro profesional, ante el mal estado y deterioro en el que se encontraba, necesitando por ello ayuda para lograr su estabilidad psíquica y emocional.

A. A. C. reconoció en sede judicial que mantuvo relaciones sexuales con la víctima pero precisó que eran secretas, pues estaba casado, y que era al margen de su condición de terapeuta. Admitió asimismo haber enviado desde su teléfono móvil numerosos whatsapp a la víctima para concretar citas sexuales, manifestando en su defensa que la denuncia interpuesta se debía a una represalia de ella por haber cortado la relación que mantenían. Una psicóloga forense determinó en un informe que la sintomatología de estrés postraumático de la supuesta víctima está relacionada directamente con los hechos denunciados que investiga la juez.

Durante su testimonio, la mujer relató que el psiquiatra le suministró tanto ketamina inyectada intramuscular como éxtasis, que ingirió por vía oral. En una de las ocasiones también administró este medicamento a otras pacientes. Los efectos del consumo de ketamina pueden durar de 2 a 4 horas en función de la dosis y de la vía de administración. A pesar de actuar como depresor del sistema nervioso central, el consumo de dosis bajas o medias puede producir sensación de estimulación –de la misma manera que lo provoca el consumo de alcohol y otros depresores– y desinhibición. Actúa también sobre la percepción sensorial, amplificándola. En dosis altas, produce experiencias de tipo psicodélico y afloran sus efectos disociativos característicos, con lo que la mente parece separarse del cuerpo. Los riesgos asociados al consumo de ketamina son los característicos de las drogas alucinógenas: ansiedad, ataques de pánico, mareos, distorsiones del pensamiento, confusión e ideas delirantes. De la misma manera, su uso está especialmente contraindicado a personas con trastornos psiquiátricos o desequilibrios afectivos y emocionales.

La notable pérdida de consciencia y capacidad de movimiento, asociada a ciertos consumos de ketamina, ha provocado que algunas personas se hayan encontrado en situaciones desagradables después de haber perdido el control de sus actos, como haber mantenido una relación sexual sin haberlo deseado.

Según la denunciante, su veterinario se negó a hacerle una receta de Imalgene –a base de ketamina y que se usa en mascotas– pues le explicó que se trataba de una droga de última generación. Entonces, el psiquiatra A. A. C. le dio las recetas y la mandó a Los Cristianos, donde otra de las pacientes le dio tanto nuevas recetas como un sobre con el medicamento.

Los encuentros fueron solicitados siempre por el facultativo. Tras años de tratamiento, ella se convirtió no solo en paciente, sino en alumna del denunciado en la terapia que este había creado. Cuando se inició esta relación, estaba fuertemente medicada y A. A. C. acabó por convertirse en la persona más importante de su vida, el que la ayudaba ya que ella se había distanciado de su círculo más cercano.

La mujer se sentía mal. Cada vez que terminaban los encuentros sexuales se quedaba con un sentimiento de vacío, ya que A. A. C. le decía que se fuera. La denunciante manifestó ante la juez que llegó a tomar drogas como cannabis, éxtasis, ketamina y MMDA sin saber lo que eran. Que fue el acusado quien le explicó lo que había ingerido y que le dijo que todas eran muy beneficiosas para su tratamiento. Además, le explicó que le ayudaba a entrar en un estado alterado de conciencia que vendría bien para su terapia.

La víctima acabó por enterarse del tipo de drogas que estaba tomando a través de internet. Para conseguir que las tomase, le decía que debía hacerlo en unas sesiones con sustancias, sin especificar el contenido de las mismas, siempre según la documentación que obra en poder de la juez. De hecho, con el cannabis se ahogaba y él le decía que no fuera tonta, que siguiera. En esos momentos, esta mujer tenía una fe ciega en su médico y hacía todo lo que le decía sin rechistar.

Fue precisamente esta serie de hechos la que llevó a esta mujer a interponer una denuncia, bajo el asesoramiento de la abogada Nieves María Hernández Castro. Esta mujer tuvo que huir finalmente a casa de una hermana que vive en la Península, ya que era tal el grado de dependencia física y mental que si no llega a ser por la distancia hubiese vuelto con él.

El investigado, en su declaración judicial, reconoce que comenzó a tratar a la mujer en 2005 por una anorexia y que le puso un tratamiento hasta 2009. Sin embargo, al quedarse la víctima sin trabajo, le ofreció un puesto en la consulta como masajista y en 2013 accedió también a un curso de terapias que duró tres años. A. A. C. reconoce, asimismo, que el expediente de la víctima ha desaparecido de su consulta.

El investigado añadió que como tiene artrosis reumatoide, ella le daba masajes y que tuvo relaciones sexuales con la denunciante en la consulta una sola vez. Las otras se produjeron siempre en casa de él. El psiquiatra agregó que se desarrollaron a lo largo de 14 meses y que ella llegó a tener incluso una llave de su vivienda.

Reconoció que pidió fotos de pacientes desnudas, las cuales se hacían en su casa y que solo se utilizaban para hacer lectura muscular en sesiones conjuntas.

La letrada de la acusación preguntó a A. A. C. si la víctima, que accedía a todo lo que él le pidiese –ya que era su recadera, cocinera, daba de comer a sus perros, era amiga de su mujer y viajaban incluso juntos–, acabó sufriendo un empeoramiento de su estado de salud. El médico respondió que en absoluto, porque las relaciones eran fuera de esta relación terapeuta-paciente, voluntarias y no había interferencia en las consultas.

Los whatsapp que le enviaba a la mujer, de julio de 2013 a abril de 2014, son una prueba determinante en la investigación a A. A. C., casi todos ellos con insinuaciones sexuales, según aparece en la documentación judicial. “Vente sin bragas”. “No tienes por qué sentirte culpable. Tú sabes cómo es nuestra relación. Tengo unas pocas ganas de follarte y sentir tu boca mientras te mojas…”. “Borra los mensajes que los carga el diablo”. “Solo quería un poquito de cariño. Lo necesito”. “¿Te apetece vernos un rato a la noche?”. “¿No te apetece sentirme por detrás?”. Pero las contestaciones de ella también son cruciales. En muchas de las que aparecen en la causa, la víctima rechaza las invitaciones. “Estoy algo drogada y no podría funcionar. Creo que lo nuestro no es sano. Voy a la ducha. Luego te aviso”, le contestó en una ocasión, el 19 de abril de 2014 a las 21:24 horas.

http://www.laopinion.es/sucesos/2016/04/09/justicia-investiga-psiquiatra-presuntos-abusos/667355.html

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