Jack “El Destripador” y Psiquiatría

JACK… “EL DESTRIPADOR”

La teoría
“Ningún asesino ha sido capaz de cautivar la imaginación del público con mayor intensidad, que el individuo desconocido que perpetró la infame y despiadada carnicería humana, que tuvo lugar en el barrio londinense de Whitechapel durante el otoño de 1.888. La identidad de este psicópata, verdadero prologo de lo que serian los asesinos en serie (como antes se adujo), del siglo XX. Una identidad nunca descubierta, si bien algunos escritores creen que existen indudables indicios más que suficientes para relacionar los crímenes con el palacio de Buckingham, y más aún, con el príncipe Alberto Víctor, “Eddy” para los amigos, duque de Clarence y nieto de la reina Victoria.”

Dicha teoría postulada que tanto me ha servido para iniciar el prologo de este reportaje, también tiene multitud de seguidores así como, detractores. Pero lo cierto, es que hay suficientes sospechas e indicios, para establecer una conexión directa entre la casa real y los crueles asesinatos. Para ello, conocemos el testimonio irrefutable de John Terrapin, el cual afirmó escuchar una conversación por pura casualidad, al inspector Abberline de Scotland Yard, responsable en la investigación policial, refiriéndose a la implicación en el caso de alguien que correspondía a las iniciales P.A.V, es decir, “Principe Albert Víctor”.

Uno de los mayores defensores de esta teoría, es el escritor Stephen Knight, el cual publicó el libro “Jack The Ripper. The Final Solution”, quien vertió mucha luz sobre los pormenores de la conexión del duque. Sin embargo, muchos críticos que se autodenominaban expertos en el caso que nos concierne, estaban en completo desacuerdo con el libro, siendo este, el punto más satirizado entre burlas y chanzas, la cuales atacaban ridiculizando no solo la obra, también a su autor. Con el paso de los años, estos críticos nunca ofrecieron otras teorías al respecto, y fallaron estrepitosos a la hora de postular una refutación más convincente a las alegaciones de Kinght, por lo que aún deben de considerarse a tener en cuenta las aportaciones del investigador y escritor, máxime cuando existen pruebas muy objetivas, que apoyan consolidadles algunas (por no decir una buena mayoría), de estas pruebas.

Stephen Knight fundamentó su ensayo en una meticulosa, aunque muy discutible, indagatoria. Para ello se sirvió esencialmente de una curiosa historia que le narrase un hombre llamado Joseph Gorman. Este último alegó ser hijo natural del celebrado pintor impresionista Walter Richard Sickert y de Alice Margaret Crook. Pero lo más interesante consistía en que la abuela materna de Joseph Gorman sería, según su versión, nada menos que Annie Elizabeth Crook, presunta esposa (merced a un casamiento semi clandestino) del joven Príncipe Albert Víctor, Duque de Clarence, popularmente conocido por el apodo “Eddie” (malogrado candidato al trono británico que falleciera presuntamente de sífilis a los 28 años en 1892). Fuente: Wikipedia

La historia
Según Knight, el príncipe Eddy mantuvo un acalorado romance con una joven llamada Annie Elizabeth Crook, dependienta de una confitería y modelo ocasional de su amigo el pintor Walter Sickrett. A sabiendas que el príncipe era propenso a la vida disipada, y la amistad de éste con Sickrett (algo así como un Toulouse Lautrec londinense), le llevó a frecuentar la compañía de bohemios, libertinos y prostitutas, en pocas palabras, Sickrett fue el cicerón que le abrió las puertas al Londres más licencioso. Él seguramente presentó en su día a Annie Elizabeth, la cual se enamoró perdidamente del príncipe Eddy. Sickrett además, fue el mudo testigo de un amor “Prohibido”, y en muchas ocasiones se tuvo que morder la lengua para no revelarle a su amiga Annie, la verdadera identidad de su amante, el cual, se hacía pasar por el hermano del pintor.

Todo apunta a que Annie y el príncipe se habían casado en secreto, y fruto de ese matrimonio, en Abril de 1.885 nació una niña que le pusieron por nombre Alice Margaret Crook. A dicha boda “Real” asistieron dos testigos, el supuesto “hermano” del novio y Mary Kelly, la más íntima amiga de la novia, y por ende, compañera en la confitería donde ambas trabajaban. Sin embargo, un hecho así no podía taparse por más tiempo, y al poco, la Reina Victoria se enteró de la boda clandestina tomando cartas en el asunto. Antes de que el escándalo se le escapase de las manos, ordenó que encerrasen en un psiquiátrico a Annie, quien murió olvidada por la mano de Dios en febrero de 1.920. Por otro lado Mary Kelly, posiblemente advertida por Sickrett huyó a su Irlanda natal, llevándose consigo a la pequeña Alice. La Reina Victoria, para quitarse “el muerto de encima”, mandó al príncipe Eddy al extranjero, bien lejos de Londres, y el enlace matrimonial de éste con la confitera, borrado de todo registro. Evidentemente, el palacio de Buckingham ha negado desde siempre esta historia amorosa, a pesar de que existe el acta de nacimiento de Alice Margaret Crook, fechada el 18 de Abril de 1.885, de la que no figura un solo dato sobre el padre de la niña. Esta historia bien podría finiquitarse aquí, si May Kelly se hubiese quedado en su Irlanda natal, teniendo en custodia a la pequeña Alice, y guardando tan alto secreto. Pero por desgracia, no fue así.., y esa sería su perdición.

La figura de Mary Kelly
Pocos años después, Mary Kelly regresó al East End huyendo de la hambruna que invade Irlanda. Pero no se encuentra un lecho de rosas una vez instalada en Inglaterra, pues las cosas han cambiado también en el país. Si quiere subsistir, el medio más rápido y fácil está bajo sus faldas, así que, Mary ingresa como una más de la legión de prostitutas que inundan los barrios marginales de Londres. Se deshace de la niña, entregándosela a Sickrett, el cual la deja en custodia en casa de sus abuelos maternos lugar que visita de cuando en cuando con el transcurso de los años siguientes, e incluso se llegó a casar con ella una vez convertida en mujer.

Por las fechas de los asesinatos, Mary Kelly convivía con un tal Joe Barnett, en una mísera habitación del número 13 de Miller´s Court, un sucio patio de corrala propiedad de un sujeto apellidado McCarhy, los McCarthy´s Rents (alquileres McCarthy). Mary Kelly no tarda en hacer amistades con un grupo de amigas, con las cuales comparte ginebras baratas, cervezas, oficio y sobre todo confidencias en el pub Britania, o en el Ten Bells. Es presumible que entre aquellas confidencias, más tarde o más temprano, Mary Kelly terminase por contar la historia de la boda secreta, y el bebe real, amén de la suerte que corrió la desdichada Annie Crook pudriéndose en un manicomio. No es de extrañar que se idease un plan para sacarle un jugoso partido a ese secreto de Estado, y no solo por escapar de la miseria que les rodeaba, era ya una cuestión de supervivencia, ya que la banda de “Old Nichol”, un gripo de proxenetas y rufianes de la peor calaña. Tenían atemorizadas a las prostitutas del barrio donde habitaban Mary y sus compañeras de oficio. Dichos sujetos cada vez eran más exigentes, incluso habían apuñalado a un par de mujeres que no consiguieron el dinero exigido para pagar la “protección”. De hecho, cuando comenzaron a suceder los macabros asesinatos, esta y otras bandas afines, fueron sumamente investigadas por la policía.

El chantaje
Así pues, inconscientes del terrible peligro en el que se metían, o conscientes, creyendo que no había nada peor que el infierno de Whitechapel, decidieron realizar un chantaje la propia Mary Kelly, Polly Nichols, Elizabeth Estride y Annie Chapman. Las cuatro serían víctimas de Jack el Destripador… Fue Mary Kelly la encargada de visitar a Sickrett, convirtiéndolo en el portavoz de sus insanas pretensiones ante el palacio de Buckingham. Tanto debió de impresionar la visita de Kelly a su antiguo amigo, que éste la inmortalizó en un cuadro el cual le puso por título, “El Chantaje”, cuya protagonista guarda un gran parecido con la prostituta… Estamos pues ante una auténtica lucha entre David y Goliat, ya que por un lado, tenemos a cuatro fulanas contra toda una oligarquía., la más poderosa de Europa, con la Corona Británica y la Masonería al frente. Una batalla completamente desigual, y cuyos resultados eran más que previsibles…

Pronto se enteró la reina Victoria de la existencia del chantaje, a través de la princesa Alexandra, la madre de Eddy y al parecer amiga muy íntima de Walter Sickrett. La reina resolvió en poner tan delicado asunto, en manos de su primer ministro Robert Salisbury, un conservador desconfiado de la democracia, incapacitado para hace frente a los graves problemas sociales de la Inglaterra de su tiempo, así como, dar una salida al problema de Irlanda. Salisbury se centró en las colonias inglesas para mantener por todo lo alto el imperio británico, ya que también poseía la cartera de asuntos exteriores. Era un patriota de la vieja escuela, el cual solo tenía en mente, preservar la monarquía. O lo que es lo mismo, la estabilidad de la Corona. Por otro lado, su posición política era extremadamente delicada, y un escándalo como era la boda secreta del duque de Clarence, indudablemente, también le arrastraría a él.

El poder de la Masonería
Un “pequeño” detalle que hasta ahora había obviado queridos amigos forer@s, y es que, Robert Salisbury era un miembro muy activo de la Masonería inglesa, es más, uno de los masones con mayor rango en el país. Es indudable, que Monarquía y Masonería tienen estrechos lazos en común, hasta el punto que, el puesto de Gran Maestre está reservado para la figura del Príncipe de Gales. No es de extrañar, que en los últimos 250 años la historia de Gran Bretaña ha estado influenciada notablemente por la Hermandad, la cual se ha erigido en una suerte de “poder en la sombra” dentro de la vida política británica, donde tienen cabida tanto políticos, jueces y cuerpos de seguridad entre otros…

Si analizamos la situación de la época, la trama de Knight, lejos de ser descabellada, se nos empieza a albergar como estremecedoramente posible. Y si no amigos forer@s, es en la última parte del siglo XIX donde están reflejadas las conflictividades sociales y sin precedentes en aquel país. Las clases populares (el populacho), albergaban un profundo resentimiento hacia la aristocracia en general, y hacia la familia real en particular. Las desigualdades sociales eran demasiado dilatadas, llegando a una extremidad económica muy acentuada. El escandaloso lujo de la oligarquía, contrastaba claramente con la miseria del populacho. Barrios como el de Whitechapel, uno de los más conocidos por las miles de prostitutas que trabajaban entre sus calles, donde por tres peniques se podía contratar sus servicios, evidenciaban la adversidad de sus lugareños. Sin duda, había que tener mucho coraje para tener relaciones con una de estas mujeres, victimas de las enfermedades venéreas, la malnutrición y el alcoholismo.

Siguiendo con el hilo de los acontecimientos sociales en la Inglaterra de aquellos años, basta decir que la reina Victoria fue el punto de mira de al menos siete atentados frustrados… En definitiva, el escándalo de un príncipe heredero contrayendo matrimonio con una plebeya, católica para más INRI, excedía con mucho el nivel que podía soportar la institución monárquica en una época tan delicada como nos ocupa. La actitud de Eddy no ayudaba en gran manera, pues hoy se sabe, que ni su inteligencia ni su fortaleza de espíritu, eran atributos que adornasen al que debía de ser el segundo en la sucesión al trono británico. Eso sin contar con su bisexualidad y una clara tendencia al travestismo conocido por una mayoría en la corte, amén de ser fruto de chanzas y chascarrillos en los pubs de la capital. La divulgación de una aventura (una de tantas), con la dependienta y de la existencia de una hija secreta, habría sido un regalo para los republicanos, dispuestos a asestarle el golpe definitivo a la institución monárquica.

Jack “El Destripador”
Para ejecutar la macabra idea de poner fuera de circulación a las chantajistas, Lord Salisbury había entregado plenos poderes al doctor William Gull, el cual haría amplio uso de ellos, en especial ante el también Masón Sir Charles Warren, jefe de Scotland Yard, cuya colaboración fue solicitada para hacer efectivo el encubrimiento de los hechos. William Gull el principal protagonista, era el medico de la casa real, y Hermano comprometido al máximo con la Orden Masónica. Hombre probo, que ya había demostrado su discreción y lealtad en más de una ocasión, bien fuera curando al incorregible Eddy de alguna enfermedad venérea, bien practicando algún aborto cuya noticia jamás debía de salir de los muros de palacio. También demostró ser un fiel servidor a la Orden, al declarar como perito a favor de Florence Bravo, hija de un prominente Masón y acusada de envenenar a su marido. Al parecer, era culpable, pero la intervención testimonial de Gull fue decisiva para que, finalmente resultara absuelta.

Como cómplice de sus correrías, el doctor Gull escogió de cochero a John Netley, uno de los hombres de confianza de palacio, que ya había servido como conductor durante las “excursiones” del príncipe Eddy en el tiempo en que conoció a Annie Crook. Algunos investigadores creen que hubo más implicados directamente en los asesinatos, pero es poco probable, pues cuanta menos gente involucrada, menos fugas dialécticas existirían.
Ya tenemos en cartel al máxime sospechoso, y a quienes urdieron los asesinatos, aunque no debemos de olvidar la figura de Walter Sickrett baquiano del príncipe Eddy, ya que durante muchas décadas se creyó que pudiera ser él quien cometió los crímenes, hasta el punto que la famosa escritora Patricia Cronwell le señaló como el asesino de Whitechapel. Sin embargo, con el transcurso del tiempo, se ha desestimado que fuese dicho personaje, aunque no cabe duda de que conociese en primera mano al verdadero asesino y sus macabras fechorías, y es pues, que pagó durante el resto de su vida el vivir atormentado, teniendo que callar como una tumba, gracias a las fuertes presiones de las que seguramente fue sometido. Sickrett murió amargado, derrotado y hundido, pidiendo perdón a todos en su lecho de muerte, inculpándose de sus muchos silencios, llevándose tras de si, muchas de las cosas que supo y vio, pero calló. Walter Sickrett no fue el asesino, pero si una victima más en vida, de Jack “El Destripador”.

Desde el infierno
Se tiene constancia de que al menos, Jack el Destripador cometió cinco asesinatos, y uno de ellos lo fue por error. Catherine Edowes fue detenida por escándalo público en la comisaría de Bishopgate, y dijo ser Mary Kelly por razones que aún se desconocen. No hay que ser muy suspicaz para suponer que alguien de la comisaría, avisó al asesino de que la última de las mujeres que estaba buscando se encontraba en las dependencias policiales de dicho distrito. Tuvieron que pasar algunos días para encontrarla muerta en Mitre Square, observando en primer lugar que su tracto digestivo se hallaba colocado sobre el hombro izquierdo de la victima, siendo una de las horribles mutilaciones amén de las múltiples y espantosas heridas que efectuó en el cuerpo de la mujer.
A raíz de este crimen, se da por autentica la única carta que envió el asesino al señor Lusk, jefe del comité de vigilancia de Whitechapel, acompañado el escrito con la mitad de un riñón humano, probablemente el de Catherine, y en dicho escrito se podía leer…:


“Desde el infierno. Le envío la mitad de un riñón humano de una mujer, es un regalo para usted señor Lusk, pues la otra mitad lo he freído, y me lo he comido. Realmente exquisito… Puede que le envíe también el cuchillo ensangrentado con el que lo extraje, si espera un poco más. Firmando: Atrápeme si puede, señor Lusk.”

Que decepción debió de llevarse Jack “El Destripador”, al enterarse que había matado a una mujer por equivocación. Pero tuvieron que pasar 39 días más, para que el asesino diese con la última de sus victimas, aunque cabe destacar a que esperase el transcurso de dicho lapso de tiempo, ya que el 39, es un número iniciativo en el ritual masónico.
Mary Kelly fue la última de las victimas de Jack “El Destripador”, constituyendo un ensañamiento hacia ella, a la hora de efectuar sus macabras acciones que los investigadores sabedores en un principio de no existir una relación directa entre asesino y víctima, éste sabía perfectamente que Mary Kelly era la instigadora principal del chantaje, cuyos resultados es de sobra conocidos. Es por ello que el asesino se tomase su tiempo a la hora de mutilar y extraer los órganos vitales de la mujer, la cual fue hallada en el número 13 de Miller´s Court. Los investigadores del caso estupefactos, se encontraron con una Mary Kelly completamente irreconocible, pues le desfiguró por completo la cara, quizá por el hecho de deshumanizarla, extrayéndole los ojos limpiamente, cortándole los pulgares de ambas manos, para colocarlos en la boca a modo de colmillos salientes. Fue metódico y concienzudo a la hora de extraer el hígado por ejemplo, el cual lo depositó sobre la mesita camera. Otro dato más para la investigación policial, fue que el corazón de la victima jamás se encontró, sin embargo, la chimenea de la habitación fue alimentada para que alcanzase un alto grado de temperatura, ya que el corazón humano es difícil de quemar, y se supone que el asesino quemó allí mismo dicho órgano, pues la tetera que utilizaba la mujer, se hallaba sobre la repisa superior de la chimenea y prácticamente fundida.

Esto fue lo que quedó del inerte cuerpo de Mary Kelly. Evidentemente sobra todo comentario añadido al respecto.

Opinión y conclusión
Es evidente que pasados más de 100 años, la figura de Jack “El Destripador”, como uno de los primeros asesinos en serie, ha servido de estudio en las siguientes generaciones y expertos policiales para tratar estos casos. No cabe duda de que era un psicópata, aunque se deduce que nunca hubo rabia en sus brutales asesinatos, pues siempre mantuvo el mismo “modus operandis”. A ninguna violó, es más, se sabe que murieron de forma rápida y sin apenas dolor alguno, incluso los forenses de Scotland Yard dan por sentado que Mary Kelly ni se enteró de su propia muerte. Sea como sea, asesinos en serie han habido muchos, pero ninguno como Jack “El Destripador”, ambientados todos sus crímenes en amplios y específicos rituales, sobre todo masónicos por la multitud de pistas que dio, relacionándole con el gran poder Masón ingles, y por otro lado, con la Corona británica por lo ya mencionado antes en este amplio reportaje. Tal y como el asesino apareció en escena, así también desapareció. Pero sin duda alguna, caló muy hondo en la sociedad londinense del la época.

Fuente: http://www.foropigiflowers.com/

BIBLIOGRAFÍA

20 Grandes conspiraciones de la Historia.
Santiago Camacho
ED. La esfera de los libros. Madrid 2005.

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Una respuesta a “Jack “El Destripador” y Psiquiatría

  1. Muy bien, jaja, ese libro de Santiago Camacho también lo leí, más que nada en la parte de Jack el destripador. Excelentes fuentes, gracias (y).

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