Enfermos mentales formando a psiquiatras

Es curiosa esta noticia de Alicante la amplitud, de incluir a los propios enfermos neuropsiquiátricos en el manejo y didáctica de la patología a los “profesionales”. Los enfermos aciertan más que los profesionales y saben entre otras cosas, distinguir mejor quién es de su tribu o lo está fingiendo, cosa que suelen hacer mucho mejor que los psiquiatras.

Yo no distingo un chino de un japonés o un coreano, pero si se lo preguntas a un chino te lo diferenciará sin dudarlo. Para los occidentales son todos “amarillos”, para los psiquiatras ídem.  Esta misma web en la encuesta separa el colectivo de enfermos mentales y supervivientes psiquiátricos sin problemas desde el anónimato, si lo hacemos con luz y taquígrafos, donde pone enfermos mentales sería mucho menor por el “estigma”.

Es lo que han hecho oficialmente los alcohólicos anónimos anteriormente, ahora les toca el turno a éstos, no sabrán nada de neurotransmisores, pero saben cómo les afecta, tanto la enfermedad como los fármacos, física como mentalmente.

Otro mito que se levanta que los enfermos mentales “no tienen conciencia de enfermedad”, poquísimos no la tienen y los que no la tienen están en manicomios o en proceso porque no pueden disimular en situaciones clave, pero la inmensa mayoría sí la tienen, y además enseñan a los “profesionales” qué es la esquizofrenia.

Resaño al final la cooperación entre médico y paciente porque estos enfermos o psiquiatras al no existir pruebas objetivas físicas, suelen jugar con esa inconsistencia, con un tira afloja continuo (disimulaciones, o patología por poderes), mezclando problemas que todo el mundo puede tener como causa de patología y no ver que es el efecto y también al revés suele pasar, hechos exteriores se imputan a la patología “mental” como culpable, al no deslindar  patología de lo demás sufren (paciente y psiquiatra) un cacao mental, confundiendo causas y efectos (este es el principal estigma), no se puede cosificar la patología del resto como dijo Jaspers.

Porque la voluntad (sea del enfermo o del psiquiatra) prima sobre la patología. Un enfermo de hernia en la barriga se puede callar que tiene una hernia aunque se muera de dolor, pero con un simple examen físico se ve que tiene una hernia, en los enfermos “mentales” no hay examen, con expresar la voluntad del enfermo o del psiquiatra, se determina la patología, por eso todo depende de la cooperación/no cooperación.

Uno que tiene una hernia se dice que está herniado, y al atacar la hernia, no piensa que atacan su persona, porque el herniado deslinda sin dificultad la hernia de su ser, en la esquizofrenia no, el esquizofrénico lo ve como un estigma si atacan la esquizofrenia atacan o discriminan a su persona. Al psiquiatra le pasa lo mismo si atacas el concepto nosológico de la esquizofrenia, es como si le atacaras personalmente. Por eso todo lo ven desde el prisma del estigmatizado, algo incomprensible en patologías físicas.

Otro cosa es que en el futuro cercano lo de la cooperación se vaya a tomar por saco por existir tests objetivos y cuando digan que están muy mal o muy bien de la cabeza o lo diga el psiquiatra, su respuesta no tenga ningún valor al no depender la patología de su cooperación.


-Maestro, te voy a enseñar lo que es la enfermedad mental
-Enséñame pequeño Saltamontes.
-Estás enfermo porque no tienes conciencia de enfermedad…  Maestro.
-No pequeño saltamontes el enfermo eres tú porque eres esquizofrénico.
-Ya pero yo lo reconozco, y usted no.
-¡Ah sí tienes razón malandrín! utilizas las misma dialéctica que utilizo contigo contra mí.

Hacen lo mismo que en la antigüedad quién va a saber mejor de su patología que quién la sufre o la ha sufrido, por eso se ponían en los cruces de caminos a los enfermos para conseguir información fidedigna de alguien que hubiera pasado por la misma enfermedad y se hubiera curado o recuperado, practicaban la medicina amateur en su máxima expresión.

Aunque un psiquiatra apodado Falonicus opine todo lo contrario

La psiquiatría sí funciona, y los fármacos psicotrópicos y demás, también.
Una depresión se puede curar porque tiene un origen fisiológico objetivo. Aunque se puede hacer crónica muy fácilmente.

El problema más importante en este asunto de las locuras es que la gente se cree que se las sabe todas. Y no, quien no haya estudiado sobre el tema no tiene ni puta idea. Que te suene que el risperdal se lo dan a los locos o que tu madre se hincha de cipralex no te convierte en un experto.
Los enfermos psiquiátricos (en este foro hay un puñado) en muchos casos están superinformados y encima creen que estar enfermos les convierte en profesionales de las dolencias mentales.

Veamos: un loco está loco. Mucho o poco, pero lo está. Suelen ser maniáticos y desconfiados. Muchas veces pasan de tomar la medicación o la toman cuando les sale del rabo. Y, muy importante, suelen ser adictos a otras drogas como el alcohol o la farlopa. Si tienes un problema biquímico, no es buena idea desequilibrar el asunto más y echarle la culpa al psiquiatra.
Una depresión o una ansiedad no es como tener gonorrea, que se cura fácilmente con el tratamiento adecuado. Son tratamientos largos que exigen el compromiso del enfermo. Además de empastillarse tiene que hacer cierta higiene vital y entender que es posible que lo suyo sea de por vida.
Los medicamentos psicotropos, por otro lado, tienen efectos secundarios que son desagradables e incapacitantes, y por eso se abandonan en muchos casos. La mejora puede tardar meses en aparecer y es posible que haya que pasar por varios tratamientos diferentes. Como la gente por norma general es impaciente y sabionda, a la semana decide que no, que esas pastillas no las quiere. Pues vale, pero te jodes con tu enfermedad.

El caso de los muy locos es algo diferente. Los esquizofrénicos pueden volver a la normalidad con el tratamiento adecuado y, después de un tiempo, no sufrir efectos secundarios. En otros casos hay que empastillar a muerte. Más que nada por su seguridad y por la seguridad de la población. En muchos casos las alternativas son dos: tomar pastillas y dormir 15 horas al día, engordar, perder la concentración, postear en PL, sufrir impotencia, etc.; o bien perder contacto con la realidad, ser incapaz de comunicarte con nadie y que unas voces te digan que hagas las cosas más peregrinas como intentar volar o matar a tu madre a cuchilladas.

Fuente: Foro Puta Locura

Otros psiquiatras solo esperan que la palmen para hacerse con sus cerebros, como el psiquiatra E. Fuller Torrey, la colaboración y formación se limitan a el examen post-morten del cerebro.

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Conclusión: hay cuestiones que un enfermo mental rebasa ampliamente al psiquiatra por padecer la patología y los tratamientos sabe mejor que nadie los efectos de la patología y los efectos de los tratamientos por conocimiento silvestre o práctico, y hay otras cuestiones que no las rebasa porque el propio enfermo no deslinda la enfermedad de su persona, un ataque a la patología es un ataque en su persona, parcialidad, como también ocurre con el psiquiatra, aunque sepa algo o poco de neuro o psicopatología, un ataque o crítica a sus interpretaciones es un ataque a su persona, y no deslinda hechos externos con la patología (existente o no), por lo tanto son dos parcialidades que se complementan.

***

Su experiencia puede servir para que psiquiatras y psicólogos cambien el “chip” a la hora de tratar a sus pacientes. Un grupo de ocho personas con enfermedad mental de Alicante ha creado un curso para evitar y tratar las recaídas en afectados por esquizofrenia y ya han dado varias charlas a profesionales.

PINO ALBEROLA

No son médicos, psicólogos, ni psiquiatras, pero posiblemente son quienes mejor conocen la esquizofrenia, sencillamente porque la padecen.
Un grupo de ocho personas con enfermedad mental, usuarios del centro de salud Ciudad Jardín de Alicante ha creado, en base a su experiencia personal, un curso dirigido a profesionales del campo de la medicina con el objetivo de prevenir la recaídas en su enfermedad.
Una iniciativa, totalmente pionera en España, que ha llevado a este grupo de personas con enfermedad mental a impartir varias charlas a psicólogos y psiquiatras, la última hace unos meses en el marco de un congreso organizado en Valencia por la Asociación española de Neuropsiquiatría. En ellas, han mostrado a los facultativos su visión sobre cómo prevenir las recaídas en su enfermedad y cómo tratarlas. “Aunque no somos médicos nuestra experiencia con la enfermedad nos permite ser unos buenos terapeutas”, explica Jorge Rincón, uno de los protagonistas de este proyecto. Una experiencia “que además nos ha sido muy útil para aprender unos de otros estrategias para hacer frente a la esquizofrenia”, asegura Puri Pol, quien también ha participado en este proyecto.
Para dar forma a este curso, recogido en un manual en DVD y un “making off” explicando cómo se hizo, este grupo de pacientes ha estado trabajando dos años coordinados por Manuel Girón y Begoña Beviá, psiquiatra y enfermera del centro de salud Ciudad Jardín. El grupo “se reunía un a vez por semana y todas las sesiones eran grabadas en vídeo”, explica Manuel Girón. “En cada una de estas sesiones, los participantes abordaban un aspecto de las recaídas en su enfermedad y de cómo prevenirlas y tratarlas”. Se trata de “desmenuzar la anatomía de una recaída y de detallar todo el proceso”. Posteriormente Girón y Beviá analizaban y ordenaban esta información con la que se ha creado este completo curso que ha recibido una subvención del Ministerio de Sanidad y que ha contado con la colaboración de Lluis Llach, quien ha cedido de manera gratuita sus canciones para ilustrar el DVD.
Algunas de las conclusiones más importantes que se trasmiten a través de este curso, explica una de sus autoras, Maribel Picó, “es que la medicación es importante a la hora de prevenir una recaída, pero no es lo único. Es fundamental que estemos ocupados, que tengamos una rutina y que nos relacionemos con los demás”. Picó también espera que el trabajo desarrollado por ella y sus compañeros “sirva para que los médicos no confundan las fases previas con la recaída y de esta manera se puedan evitar con mayor eficacia”.
Una experiencia que ha sido extremadamente enriquecedora para sus protagonistas. “Nos hemos sentido llenos de positividad”, asegura Antonio Jesús García. Por su parte, Puri Pol siente que tras esta experiencia “yo manejo mi enfermedad, y no al contrario”.

Los psiquiatras y psicólogos que han tenido oportunidad de escuchar las lecciones de estas personas con enfermedad mental “se ha mostrado muy sorprendidos, sobre todo por su soltura a la hora de explicar su experiencia y contestar a las preguntas que les hacían los médicos”, afirma Begoña Beviá. Los facultativos, añade Beviá, coinciden además “en el cambio de chip que supone esta iniciativa, ya que para ellos es un choque ver que estas personas pueden aportarles algo sobre la esquizofrenia”. Y es que para Maria del Carmen Navarro, otra de las personas con enfermedad mental que han participado en este trabajo, “la relación entre el médico y el paciente debe ser de cooperación, porque una enfermedad psíquica no puede ser tratada de la misma manera que una dolencia física”.

Fuente: http://www.diarioinformacion.com

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