Inventos de Psiquiatras

Silla Tranquilizadora

Herman Boerhaave inventó la silla giratoria Benjamín Rush desarrolló  la “silla tranquilizadora”

Benjamín Rush era conocido como el fundador de la psiquiatría estadounidense, debido a que reavivó el interés por una aproximación científica de los trastornos psicológicos. Su libro escrito en 1812 fue el primer libro de texto psiquiátrico impreso en Estados Unidos.
En 1783 se unió al hospital de Pennsylvania donde hizo cambios radicales, como colocar a los pacientes con perturbaciones mentales en pabellones separados, brindarles terapia ocupacional y prohibir las visitas de curiosos que frecuentemente visitaban el hospital para entretenerse.
Como otras de las contribuciones de Rush también debemos mencionar que él recomendaba algunas intervenciones que eran convencionalismos aceptados en su tiempo y que ahora consideramos como bárbaras, apoyo el uso de sangrías y purgas para el tratamiento de los trastornos psicológicos.
Algunos de sus métodos eran extraños y ahora nos parecen sádicos, como la silla tranquilizadora a la que se ataba al paciente, esta silla tenía el propósito de reducir la estimulación de flujo sanguíneo hacia el cerebro, por medio de apretar la cabeza y las extremidades del paciente. También recomendaba que se sometiera a los pacientes a baños de duchas frías y que se les asustara con la amenaza de que serían asesinados. Rush pensaba que el miedo inducido por estos métodos contrarrestaría el exceso de excitación, responsable de la conducta rara y violenta.

Fuente: http://karla-criminologia.blogspot.com/2009_09_01_archive.html

Vibrador

Inventado por Joseph Mortimer Granville

En la Inglaterra victoriana del siglo XIX, los médicos solían combatir la histeria femenina acariciando manualmente el clítoris de las pacientes hasta que pudieran alcanzar el orgasmo, que en esa época era conocido como paroxismo histérico, puesto que consideraban que el deseo sexual femenino reprimido era una enfermedad. Ya cansado y adolorido de utilizar su mano, el doctor Joseph Mortimer Granville desarrolló el primer vibrador eléctrico en la década de 1880. El objetivo era utilizarlo en su consultorio como una herramienta terapéutica contra la histeria, que en aquellos años asolaba a las mujeres como una especie de epidemia. El único problema era su tamaño industrial. La paciente se tumbaba en un diván y el doctor le aplicaba el vibrador electromecánico en la entrepierna, consiguiendo un orgasmo en unos 10 minutos, más o menos. Lo más curioso es que en aquella época se consideraba impropio que una mujer entrara sola al consultorio de un médico, por lo que generalmente las madres, y en algunos casos los maridos de las pacientes, se sentaban tranquilamente a un lado de la camilla, mientras el médico masturbaba a su hija o esposa. Como naturalmente resultaba un tanto engorroso acudir al médico para ver como a la paciente le aliviaban la histeria, el potencial mercado para los vibradores de mano era enorme, y esto fue aprovechado enseguida por la empresa Hamilton Beach que los patentó en 1902. Para esa época, el vibrador personal fue el tercer aparato eléctrico disponible en los hogares, solamente precedido por la nevera y el ventilador, pero mucho más antiguo que la plancha eléctrica, la licuadora y la aspiradora. Las mujeres podían comprar sus aparatos por correo ya que se anunciaban normalmente en revistas de decoración y bordado. Por ejemplo, un anuncio de 1910 decía:

“La cura al envejecimiento ha sido descubierta en las vibraciones. Los más grandes científicos dicen que le debemos no sólo nuestra salud sino también la misma vitalidad a esa fuerza maravillosa. La vibración promueve la vida y el vigor, la fuerza y la belleza. Si su cuerpo vibra, usted se sentirá bien y no enfermara jamás.”
Para la década de 1920, en los hogares norteamericanos había más vibradores que tostadoras; y aunque desaparecieron de las consultas de los médicos, seguían considerándose aparatos clínicos para proporcionar relax a las “histéricas” más inquietas.

La buena imagen y reputación de los vibradores cambió completamente a mediados del siglo XX por dos razones. Primero porque en 1952, la Asociación Americana de Psiquiatría declaró oficialmente que la histeria femenina no era una enfermedad legítima, sino un mito anticuado, y el segundo motivo fue que la popularidad del cine hizo que las películas pornográficas tuvieran más difusión, y varias de ellas mostraban actrices utilizando el vibrador como juguete sexual y la gente los empezó a ver como objetos de perversión. Esto originó que los vibradores desaparecieran de las revistas femeninas, catálogos y estantes de tiendas populares como Sears, donde se habían vendido durante casi medio siglo. A mediados de la década de 1970, en plena explosión del feminismo, la sexóloga americana Betty Dodson empezó a utilizar vibradores en sus talleres de salud sexual femenina y poco después los aparatos fueron reapareciendo en los estantes de farmacias especiaizadas, y no únicamente en los sex shops. También recibieron otro gran impulso en 1986, cuando el Dr. Everett Koop lo incluyó en una lista de prácticas de sexo seguro dentro de un folleto de prevención del SIDA que se envió a los 107 millones de hogares estadounidenses, siendo este el mayor correo enviado en la historia de ese país.

Fuentes:

Su comercialización llegó a tal extremo que algunos modelos incluían un recambio adaptable que convertía al vibrador en una batidora.

Psicógrafo

Inventado por Henry Lavery basado en la Frenología Criminológica de Cesare Lombroso

“La frenología fue creada por el médico austriaco Franz Joseph Gall (1758-1828) y servía -supuestamente- para determinar la personalidad. Según la frenología, las distintas partes del cerebro controlan diversos rasgos del carácter, por lo que es posible determinar los rasgos de la personalidad basándose en la forma y tamaño de la cabeza. Si una parte de tu cabeza es más grande, tienes más acusado el rasgo correspondiente de tu personalidad. El aparato llamado psicógrafo fue patentado en 1905 por Henry Lavery y tenía por objeto la aplicación práctica de los principios de la frenología.”

El aparato llamado psicógrafo fue patentado en 1905 por Henry Lavery y tenía por objeto la aplicación práctica de los principios de la frenología.
La primera versión, que se componía de 1.900 piezas, no funcionó, pero Lavery, que se autodefinía como “pensador profundo”, siguió construyendo aparatos más precisos. Hacia 1929 reclutó a Frank P. White como socio capitalista y los dos crearon en 1931 la empresa Psycograph Company. El psicógrafo se convirtió en una novedad ofrecida en grandes almacenes, teatros y lobbies, en la época de la gran depresión.
El aparato consistía en 1.954 piezas montadas en un bastidor de metal, conectadas, mediante una correa movida por un motor, con el interior de una caja de madera, que contenía las definiciones de 32 rasgos psicológicos. Cada uno de estos rasgos estaba clasificado de 1 (deficiente) a 5 (muy elevado) de modo que había 160 estados posibles, pero un número casi ilimitado de combinaciones.

El sujeto se sentaba en una silla conectada con la máquina y el casco se bajaba y ajustaba. El casco tenía 32 sondas, cada una con cinco puntos de contacto en la cabeza. El operador tiraba de una palanca que activaba el motor, el aparato recibía las señales de baja tensión del casco, obtenía la puntuación e imprimía la definición apropiada para cada rasgo.

Se llegaron a fabricar treinta y tres máquinas, que fueron arrendadas a empresarios de todo el país, por 2.000 dólares más 35 dólares por mes. Se convirtieron en atracciones de feria, en teatros y grandes almacenes. Dos “emprendedores” la instalaron en una tienda en la localidad de Black Forest, durante la exposición Century of Progress de 1934 en Chicago, y lograron unos beneficios netos de 200.000 dólares.

La Psycograph Company funcionó hasta 1937. Varios años antes, la frenología ya había sido abandonada en Europa por considerarse absurda.

En la actualidad, el psicógrafo se exhibe en el Museo de Aparatos Médicos Cuestionables, curiosa institución de la que mañana seguiremos hablando.

Mientras tanto, vean esta demostración práctica del uso del psicógrafo

***

No obstante, el negocio se le acabó pronto al taimado mentiroso y el Psicógrafo quedó como atracción en ferias y circos ambulantes. Pero también permaneció como muestra física de que en la Ciencia también existen timadores y tahúres. Por ello, siempre debe tenerse cuidado con el supuesto científico al que se da crédito.

Fuentes:

Acumulador de Orgón

Invento de Wilhelm Reich


EL TRATAMIENTO REICHANO

El revuelo causado por sus experimentos sexologicos le granjeo muchas antipatias y fue uno de los motivos que le impulsaron a viajar al Nuevo Mundo en 1939. Es entonces cuando sus investigaciones con el Orgón se hacen mas productivas.

Fue en 1940 cuando fabrico el primer acumulador de Orgón, este consistía en que la materias de origen orgánico lo atraen, mientras que los metales se dejan atravesar por el. El modelo mas simple consistía en una caja metálica forrada de algodón, lana o madera. Según la potencia necesaria, se entremezclavan capas de metal y materia orgánica, siempre teniendo en cuenta que la capa interior del acumulador fuera de metal y la exterior, de materia orgánica.

No existe una pauta fija para definir el tiempo que un paciente debe estar dentro del acumulador: cada persona es distinta y absorbe orgon en función de sus necesidades. Su funcionamiento tiene que ver con los mismos mecanismos que hacen a un organismo sano dejar de comer cuando ya ha cubierto sus necesidades. Sin embargo, existen casos que funcionan de otro modo. Reich dividía las biopatias en dos categorías: infracargadas y sobrecargadas. En el primer caso se da un déficit bioenergetico, como en pacientes con depresión, melancolía, desnutrición, cancer, etc.., que puede aguantar una gran dosis de orgon. Por su parte, aquellos con una biopatia sobrecargada ( hipertensos, enfermos coronarios, etc..) solo soportan el orgon en pequeñas cantidades.

EL PELIGROSO EXPERIMENTO ORANUR

En el tratamiento en pacientes cancerosos que seguían recibiendo radioterapia, Reich observo que su muerte sobrevenia con mayor rapidez que en aquellos con la misma enfermedad, pero tratados con quimioterapia.

Dedujo que la radioactividad y el orgon eran incompatibles, una conclusión que pudo comprobar a partir de los años 50, cuando realizo el experimento ORANUR ( orgone agains nuclear radiatonorgon ) Intentaba encontrar un antídoto para la radioactividad provocada por las explosiones nucleares, pero el resultado fue catastrófico: tanto los trabajadores del laboratorio como los situados en un radio de menos de 50 metros de las instalaciones sufrieron lesiones del tipo de las que aparecen en los casos de contaminacion nuclear.
Reich concluyo que la interaccion del orgon y la energía nuclear produce una energía nueva que denomino ( deadly orgon-orgon mortifero ), y que era capaz de impregnar y contaminar una zona durante mucho tiempo. Ochenta ratones que estaban en un edificio a unos 30 metros murieron a consecuencia de la radioactividad y la vegetacion colindante se agostó en un área de 500 km, ya que los niveles de radiactividad ambiental aumentaron críticamente. Además, encima de la zona afectada aparecieron negros nubarrones de DOR que se quedaron fijos, añadiendo un tinte surrealista a los laboratorios organon.

REVIENTANUBES

Invento de Wilhelm Reich

Otro invento, consecuencia del experimento anterior, fue el cloudbuster ( revientanubes ), ideado para eliminar el DOR acumulado en la zona. El aparato, que consistía en un conjunto de cañones, hacia desaparecer las nubes contaminadas al disparar a ellas. Reich observo que también desaparecían las nubes normales y pensó que si su maquina absorbía el orgon de la nube, haciéndola perder su cohesión y transformándola en vapor. Posteriormente mejoro este invento y pudo demostrar que el control del tiempo atmosférico era posible, bien dispersando nubes húmedas sobre Nueva York o Boston, por ejemplo, o para provocar la lluvia en una zona árida como el desierto de Arizona, donde podían pasar 5 años sin caer una gota de agua. En este estado realizo una prueba utilizando dos revientanubes montados en un camión, consiguiendo quintuplicar la humedad ambiental, la cual provoco una tormenta tan fuerte en la zona que tuvieron que cerrar el aeropuerto de Tucson.
LOS OVNIS Y EL OCASO DE WILHELM REICH

El principio de su desgracia personal se produjo cuando empezó a utilizar su revientanubes para dispersar OVNIS que, según el científico y sus colaboradores, veían volar sobre sus instalaciones de Rangeley.

Reich contaba en sus escritos que intuía que los OVNIS usaban Orgón atmosférico como fuente de propulsión y al dirigirles los cañones de un revientanubes (Cloudbuster en Inglés), este absorbía el Orgón. De ese modo, las naves, desprovistas de combustible, tenían que abandonar la zona para poder abastecerse de Orgón.

Esta practica atrajo la atención del FBI y otros organismos estatales como la CIA, en plena caza de brujas macartiana. Reich se convirtió en blanco de su persecución en 1956 fue encarcelado por negarse a obedecer una sentencia judicial que prohibía el transporte de sus acumuladores de orgon fuera del perímetro de Maine.
***
Reich se mete en harina y comienza a describir sus “experimentos”. Dice: “En una cámara totalmente obscura, forrada en el interior de hojas metálicas especialmente dispuestas para la observación de la energía orgón, se notan unidades luminiscentes de energía orgón progresando a través del espacio con un movimiento cicloidal alargado”. Nos habla luego de un “océano de energía orgón primordial desprovisto de masa”. “Cuando dos unidades primordiales de
energía orgón desprovistas de masa se superponen, etc. etc. etc.” Y todo esto, acompañado de afirmaciones como “Partimos de la suposición…”, “Parece lógico suponer…” y así.

La Física actual, la que, para bien o para mal, ha hecho posible la bomba atómica, los aceleradores de partículas, la comprensión del mecanismo de las estrellas, etc. nos dice que una unidad de energía, un cuanto, un fotón, no
tiene masa, y no puede, de ninguna manera, desplazarse por el espacio siguiendo un “movimiento cicloidal alargado”. El único camino para una partícula sin masa, es decir, de energía pura, es la geodésica, el camino más corto entre dos puntos en la curvatura del espacio-tiempo ; la línea recta, vaya, para nuestro mundo habitual euclidiano, y su única velocidad posible, la de la luz, es decir : 300.000 Km. por segundo en el vacío. Para visualizar las partículas subatómicas con masa, mejor dicho, los trazos que dejan al desintegrarse en una “cámara de niebla o burbujas”, se necesitan
gigantescos aceleradores y cantidades ingentes de energía. Difícilmente se podrían observar “unidades orgón” en una cajita oscura forrada de placas metálicas. Si ese método infinitamente más barato que los aceleradores, fuera posible, los gobiernos no se gastarían la millonada que cuesta uno de esos aparatos.

Cuando dice Reich que “la masa emerge de ese sustrato desprovisto de masa” olvida la ecuación de Einstein: E= MC2. Se necesitan enormes cantidades de energía para obtener una brizna de materia. Esas concentraciones de energía creadora solo se dieron en la naturaleza cuando el Big Bang. Es absurdo creer que las “partículas sin masa” revolotean plácidamente uniéndose unas con otras en orgasmos productores de materia dotada de masa. Tenemos evidencias suficientes para saber que después del Big Bang ya no se creó materia en el Universo, sino que ésta evolucionó desde los primeros leptones creados (electrones, kuarks, etc.) por la ingente acumulación primaria de energía, para constituir mesones y bariones (protones, neutrones…), formando átomos de hidrógeno y helio, que por nucleosíntesis estelar y
explosiones de supernova dieron lugar al resto de los elementos. Esta concepción está siendo comprobada todos los días, tanto en laboratorios como mediante la observación astronómica, sin que un solo fallo en las predicciones haga dudar de su validez. Lo del orgón, por el contrario, no da lugar a ningún fenómeno verificable ni observable, salvo en la calenturienta mente de su creador y sus presuntos seguidores.

La creación de vida a partir de una “límpida solución de agua bionosa de gran poder orgonótico, mediante congelación, que da unas formas orgánicas dotadas de todos los atributos de la materia viva”, suena a novela barata de ciencia-ficción, o a burla, o a desvarío de una mente enferma. El experimento de S.L. Miller en los años cincuenta, que le valió el Premio
Nobel, consistía en bombardear con descargas eléctricas una sopa primordial de compuestos similares a la atmósfera primitiva de la Tierra. Se obtuvieron aminoácidos, componentes fundamentales de la vida; pero todavía a una gran
distancia de lo que es un organismo vivo, capaz de preservar una estructura y de reproducirse. Si alguien nos dice que en lugar de ese complicado y costoso experimento, bastaría con congelar en nuestra nevera una “solución de agua bionosa”, tendremos que preguntarnos cómo nadie ha obtenido todavía el Premio Nobel con tan fáciles medios.

Incapaz de seguir el hilo de tan disparatada exposición, ojeo al azar el libro en busca de algún argumento que tenga un mínimo de lógica. Resulta penoso el intento de explicar la evolución de las galaxias mediante la energía orgón. Hoy día sabemos, gracias al efecto Doppler, cual es el movimiento de las galaxias, que no coincide en absoluto con el remolino
descrito por Reich. También sabemos que las galaxias no evolucionan de una forma característica en otra, sino que existen varias clases determinadas por su origen o accidentes gravitacionales aleatorios. De nuevo se vuelve a
la afirmación gratuita de la creación de materia a partir de partículas energéticas sin masa. Así, por las buenas.

La peregrina forma de explicar la aurora boreal no resiste la comparación con las modernas explicaciones comprobadas por la técnica espacial, la observación radioastronómica, etc… Hoy sabemos fehacientemente que las partículas ionizadas que conforman el viento solar resbalan sobre los cinturones Van Allen que siguen las curvas del campo magnético de la Tierra, entrando en colisión con su atmósfera en las zonas polares, donde excitan masas de aire que emite luz fluorescente, de la misma manera que hacen los tubos de neón. No hay ningún misterio en la aurora boreal, como no lo hay en el arco iris, los relámpagos o cualquier otro meteoro.

Que la energía orgón tenga un “típico color azul” demuestra que Reich no tiene ni idea de lo que es el color. Confunde colores con pigmentos y afirma que las hojas amarillas se tornan verdes al adquirir mediante la función clorofílica la energía orgón, que es de color azul. Claro, el amarillo mezclado con el azul da verde. ¡Por favor! Un poco de formalidad. El color es la forma que tiene nuestro cerebro de identificar las distintas longitudes de onda de las radiaciones electromagnéticas, dentro de la gama visible. Un color lo que nos revela es la cantidad de fotones por segundo que inciden en nuestro ojo provenientes de una fuente dada. Se llama frecuencia a la cantidad de cuantos de luz que transporta una radiación en un tiempo dado. Se corresponde a la inversa con la longitud de onda, que es
la distancia entre dos crestas consecutivas de una onda luminosa; es decir, entre dos fotones consecutivos. Así, a mayor cantidad de fotones, a mayor energía, más frecuencia y menor longitud de onda. Las emisiones de luz
visible más energéticas, las que transportan más fotones por segundo, se ven de color violeta. Las menos energéticas, se ven rojas. Y entre los dos extremos está toda la gama de los colores. Así que una energía “típicamente azul” debería ser siempre de la misma intensidad. No podríamos hablar de “solución orgón muy excitada o poco excitada”, porque al ser siempre azul, su “excitación” sería siempre la misma. Y sin un incremento de la excitación, ya me diréis que orgasmo vamos a tener.

En cuanto al funcionamiento de los huracanes, Reich ignora una explicación tan sencilla como es el ya viejo y conocido “Efecto Coriolis”, que es el mismo que hace que el remolino del lavabo gire en una u otra dirección según estemos en el Hemisferio Norte o Sur, debido a la rotación de la Tierra. Son ganas de buscarle cinco patas al gato. No digamos nada del follón que se arma con las coordenadas ecuatoriales, la eclíptica, el plano galáctico, etc., ¡negando nada menos que la gravedad! Y vuelta a liarse con la aurora boreal y la superposición cósmica del orgón para explicar algo tan sencillo
como que la inclinación del ecuador de la tierra no coincide, ni tiene por qué coincidir, con el plano galáctico ni con la eclíptica. En la época de los viajes siderales, cuando las órbitas se calculan con tal precisión que se puede viajar a través de todo el Sistema Solar aprovechando el tirón gravitacional de los distintos planetas, como hizo el Voyager II, negar la
gravedad es muy grave, mentalmente grave. Dice Reich (¡Agarráos!): “La envoltura orgón ecuatorial representa el agente motor físico de los planetas. Los planetas giran sobre sus ejes norte-sur y son arrastrados, como balones por las olas… El Sol no ejerce ninguna “atracción” sobre los planetas. Se mueve sobre el mismo plano, en la misma dirección, llevado como los planetas por la corriente de energía orgón ecuatorial”. ¡Para morirse! Hacer caso a Reich significa retroceder hasta la teoría del Ímpetu de Filopón (Siglo IV), despreciando a Newton, a Einstein y a las misiones
espaciales de la NASA.

No puedo más, os lo confieso. Soy incapaz de seguir torturando mi sentido de la lógica hasta este punto. Creo que un engendro pseudocientífico como este no merece ninguna atención, ni siquiera el esfuerzo gratuito de confeccionar
esta crítica. La inoperancia supina de estas teorías se manifiesta en su incapacidad para desarrollar una tecnología o una explicación válida de los fenómenos del mundo que nos rodea. Y que no se diga que la persecución política ha silenciado los logros de la ciencia orgón. Como bien saben (sabemos) todos los marxistas, los imperativos económicos privan sobre la superestructura ideológica. Si de estas teorías se derivaran posibles consecuencias económicas evaluables, sin duda se habrían aplicado, aunque probablemente de forma espúrea, privando a Reich de su paternidad. Pero eso no se ha dado, ni se puede dar. Estamos ante otra locura de las muchas que fabrica la mente humana cuando no se somete a las reglas de la lógica y el rigor experimental.

Einstein estuvo de acuerdo en que si, como sugirió Reich, la temperatura de un objeto puede ser elevada sin una fuente de calor aparente, sería un evento muy importante para la física.[4]

Reich suministro a Einstein un pequeño acumulador durante su segunda reunión, y Einstein llevo a cabo el experimento en su sótano, que consistió en tomar la temperatura encima, en el interior, y cerca del dispositivo. También despojó la jaula de Faraday del dispositivo para comparar temperaturas. En su intento de replicar los hallazgos de Reich, Einstein observó un aumento de la temperatura,[5] que sostuvo Reich fue causado por la energía orgón que se había acumulado dentro de la jaula de Faraday.[6] Sin embargo, uno de los ayudantes de Einstein señaló que la temperatura fue menor en el suelo que en el techo.[7] A raíz de esta observación, Einstein modificó el experimento y, en consecuencia, concluye que el efecto era simplemente debido a la gradiente de temperatura en el interior de la habitación.[8] El escribió de nuevo a Reich, describiendo sus experimentos y expresando la esperanza de que Reich desarrollara un enfoque más escéptico de los mismos.[9]

Fuentes:

Lobotomía

Egas Moniz inventó la Lobotomía que la popularizó Walter Freeman

Esta no es una historia agradable. Recogiendo el testigo del premio Nobel portugués Egas Moniz (cuyo verdadero nombre era António Caetano de Abreu), Walter Freeman llegó a realizar 2.500 lobotomías a lo largo y ancho de los Estados Unidos.

Corrían los años 30 y Freeman había desarrollado una manera rápida y eficaz de llevar a cabo esta práctica. Con un punzón, accedía al lóbulo frontal del paciente a través del conducto lacrimal y desmantelaba las conexiones nerviosas. Ni siquiera consideraba la anestesia como algo indispensable. Convencido de que había encontrado la manera de acabar con todas las enfermedades mentales existentes, desde la esquizofrenia hasta la depresión, pasando por cualquier tipo de desorden psicológico, Freeman decidió extender su técnica por todos los rincones del país. Se trasladaba en una furgoneta que él mismo bautizó con el lúgubre apelativo de Lobotomobile y operaba allá donde fuera necesario. Lo único que necesitaba era un picahielos y un martillo de caucho. Así estuvo durante 30 años. Como quien perfora el lóbulo (en este caso de la oreja) para hacer un pendiente. Sin complicaciones. Llegó a alcanzar tal nivel de ejecución, que se retaba continuamente a mejorar su marca. Su récord quedó fijado en 15 minutos por intervención.

La última paciente de Freeman fue un ama de casa a la que operó en febrero de 1967. Al poco tiempo, Helen Mortenson murió de una hemorragia cerebral. La carrera de Freeman había terminado. Tuvo que vender su casa y pasó los úlimos años de su vida visitando a antiguos pacientes en su lobotomóvil y tratando de convecer a la población de que su método era seguro y de que había mejorado la vida de miles de personas. Walter Jackson Freeman II moría de cáncer el 31 de mayo de 1972.

“La tecnica consiste en aturdir a los pacientes con un golpe y, mientras están bajo el efecto del “anestésico”, introducir con fuerza un picahielo entre el globo ocular y el párpado a través del techo de la órbita, hasta alcanzar el lóbulo frontal; en este punto se efectúa un corte lateral moviendo el instrumento de una parte a otra. Lo he practiado en ambos lados a dos pacientes y a otro en un lado sin que sobreviniera ninguna complicación, excepto en un caso un ojo muy negro. Puede que surjan problemas posteriores, pero parece bastante fácil, aunque ciertamente es algo desagradable de contemplar. Hay que ver como evolucionan los casos, pero hasta ahora los pacientes han experimentado un alivio de los sintomas, y solo algunas de las nimias dificultades de comportamiento que siguen a la lobotomia. Incluso son capaces de levantarse e irse a casa al cabo de más o menos una hora”

Fuentes:

Electroshock

Inventado por Lucio Bini y Ugo Cerletti

En 1934 el húngaro Ladislas Meduna encontró que cerca de un 20% de los pacientes epilépticos que desarrollaba la esquizofrenia dejaban de sufrir ataques; además existían numerosas historias sobre esquizofrénicos que mejoraban sustancialmente luego de un ataque de epilepsia.

Establecida la relación, buscó la forma de inducir esos ataques convulsivos con drogas como el metrazol. Apenas tres años más tarde se llevó a cabo en Suiza el primer congreso internacional sobre terapias convulsivas y el metrazol pasó a ser usado en todo el mundo.

En pleno auge de este tipo de tratamientos, resulta un poco menos extraña la iluminación que sufrió el neurólogo Ugo Cerletti al visitar un matadero en Roma. Allí presenció cómo los carniceros paralizaban a los cerdos con tenazas que en sus puntas tenían discos metálicos conectados a la corriente eléctrica, antes de proceder a cortar sus gargantas.

Así fue como junto a su colega Lucio Bini pensaron en inducir convulsiones en sus pacientes con electroshocks en lugar de utilizar metrazol, más caro y ya entonces de muy mala reputación (lo que da para pensar sobre cómo actuaría el metrazol). Entre gritos, retorcimientos y algunos daños en huesos y músculos, a causa de la tensión, los pacientes, según documentaron Cerletti y Bini, “mejoraban”.
***
La historia de la terapia electroconvulsiva (TEC) –electroshock es el nombre del aparato con el que se administra–, es de por sí digna de una película. Surgió como una evolución de la teoría que decía que administrar reiteradamente insulina provocaba comas hipoglucémicos y convulsiones con efectos favorables en la esquizofrenia. Para causar dichas convulsiones se probó con diversos agentes hasta que el psiquiatra italiano Lucio Bini se atrevió a sugerir que podía usarse para ello la corriente eléctrica.

El primer caso de éxito

Como se describe en el Consenso español sobre la TEC, Bini fabricó el primer aparato de electroshock –de corriente alterna, con un potenciómetro para regular de 50 a 150 voltios– en 1938. En abril de ese año se administró por primera vez a un ingeniero esquizofrénico al que la policía había encontrado en la estación Termini. Se le sometió a una descarga de 70 vatios (V), insuficiente para inducir una crisis convulsiva; de hecho, el paciente empezó a cantar.

El psiquiatra Ugo Cerletti, considerado el padre de la TEC, propuso una segunda descarga, desaconsejada por el resto de médicos presentes. El enfermo, presente en el debate, se incorporó y grito: “¡Non una seconda! Mortifera!” (¡No una segunda, una mortal!). Cerletti se impuso y durante 0,5 segundos se aplicaron 110 V al cerebro del ingeniero, que sufrió una crisis típica de la epilepsia. Tras 11 sesiones completas y 3 incompletas durante dos meses, el enfermo fue dado de alta con una remisión total de sus síntomas, lo que llevó a la publicación en la revista The Lancet de los trabajos del psiquiatra italiano.

A lo largo de los años se amplió el uso de la TEC en enfermos mentales, sin distinción de patologías. Aunque el mecanismo seguía siendo el mismo, se fue mejorando el propio electroshock y, a partir de los años 50, se decidió la administración previa de un barbitúrico anestésico (se generalizó en la década de 1970) para evitar el sufrimiento de los pacientes, la mitad de los cuales sufría fracturas de columna vertebral por las violentas convulsiones.Sin duda, ésta es una de las razones que justifican la mala fama de la TEC que refleja el cine pero existe otra, al menos, igual de poderosa. Se ha documentado que la terapia también se prescribía –por supuesto, sin ningún efecto– a personas cuerdas encerradas en cárceles o instituciones psiquiátricas.

Fuentes:

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Una respuesta a “Inventos de Psiquiatras

  1. La terapia electroconvulsiva a demostrado con los años ser un util instrumento para el tratamiento de enfermedades psiquiátricas. El perfeccionamiento y humanizacion de ésta técnica la a hecho la favorita para mujeres embarazadas con enfermedad mental severa.

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