La producción de opio se dispara en Afganistán

Gráfico que muestra la producción de opio según grupo político dirigente

Los talibanes estaban a punto de acabar con la producción, pero tras la invasión de la OTAN para asentar “el imperio de la ley”  y “la democracia”, la producción está alcanzando nuevos máximos.

El 90% acaba consumida en Europa, distribuida por las mafias turcas y albanesas.

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Otro detallito que se oculta de Afganistan es que en 2001 los Talibanes estaban acabando con las plantaciones de opio. 180 toneladas por año de opio en 2001 y ahora en 2010 hay mas de 10.000 toneladas al año en produccion de opio.

10.000 toneladas que representan miles de millones de euros, por cierto, dinero negro que posteriormente es lavado por bancos internacionales. Ademas del caos sanitario que la heroina produce en la poblacion civil no solo en Afganistan.

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“Sí, claro, cultivamos opio. ¿Qué vamos a plantar si no?”, contestan al unísono y sorprendidos por la pregunta una decena de campesinos de la provincia de Helmand, en el sur de Afganistán, cuando se les interroga si se dedican al cultivo de la adormidera.

El 80% de la población de Helmand depende de la agricultura para sobrevivir, y la mayoría cultiva opio. De ahí que la provincia sea la primera productora de esa droga en el país.

“Nos lo ordena el propietario”, también afirman los agricultores, para dejar claro que ellos son unos simples mandados y no tienen ninguna capacidad de decisión sobre los campos. De hecho, es habitual que quien cultiva la tierra no sea el dueño, sino campesinos que, a cambio de su trabajo, se quedan con parte de la cosecha y viven con su familia a pie de la finca, en una casa también cedida por el propietario.

Así pues, son gentes que no tienen absolutamente nada. Sus ingresos dependen cada año de las condiciones meteorológicas y el precio del opio, y también de la voluntad de los talibán. Las zonas con mayor producción de opio suelen estar bajo el control de la insurgencia.

Poco campo para muchos campesinos

Los campos en Helmand, además, suelen ser poco extensos. El 37% de las tierras tienen menos de dos hectáreas; el 45%, entre dos y cinco; y sólo el 18% supera esa dimensión, según un estudio sobre la cuenca del río Helmand, publicado en agosto de 2009 por el Departamento para el Desarrollo Internacional británico.

El Reino Unido es, en primera instancia, el país encargado de la reconstrucción y seguridad de Helmand. Según ese mismo informe, un agricultor con menos de dos hectáreas de tierra difícilmente puede sobrevivir del campo.

Musa Khan Aká, que planta adormidera en el distrito de Nadali, en Helmand, explica cómo reparten la cosecha: “La dividimos en cuatro partes. Tres se la queda el propietario del campo, y una quien lo trabaja. Y también damos un 10% de toda la producción a los talibán”.

A esto hay que añadir el coste de la mano de obra. Centenares de personas se desplazan cada año a Helmand para trabajar como temporeros en la recogida del opio. “Según el momento de la cosecha, les pagamos entre 400 y 1.500 rupias pakistaníes (3,5 y y 13 euros) por 15 días de trabajo”, añade Abdul Qayyum, otro agricultor que cultiva opio, “Por 4.000 metros cuadrados de tierra, se necesitan entre cuatro y cinco temporeros”.

Este año el precio del opio ha disminuido. Un kilo se vende a sólo 55 dólares (unos 40 euros).

El opio, según los dirigentes

El coordinador agrícola de la ONG Mercy Corps –que trabaja en Helmand desde hace 22 años-, Yanagan Safi, lo atribuye al hecho de que el cerco policial a los narcotraficantes cada vez es mayor, a que se está llevando a cabo en la provincia un programa de cultivos alternativos financiado por el Reino Unido, EEUU y Dinamarca, y a que cada vez es más difícil para los agricultores encontrar un mercado para la droga.

“Antes había un mercado del opio en Lashkar Gah, la capital de Helmand, donde los campesinos podían vender su cosecha abiertamente“, comenta, en referencia a la época de los ‘muyahidin’, entre 1992 y 1996; y la de los talibán, entre 1996 y el 2001.

Durante la época soviética, sin embargo, la plantación de la adormidera era menor. Entonces los agricultores producían dos cosechas, una de trigo y otra de algodón, pero existía un sistema cooperativo de explotación de la tierra, el Gobierno facilitaba fertilizantes a los agricultores, y el algodón se procesaba en una fábrica comunitaria.

Además, existían fertilizantes afganos, mientras los actuales se importan de Pakistán o Irán, y son más caros.

Durante un año del régimen de los talibán, el cultivo de opio también quedó totalmente prohibido y la producción se redujo drásticamente. “Nos amenazaban con matarnos si plantábamos la adormidera“, explica Abdul Qayyum para justificar que entonces los campesinos acataran la orden de los talibán y ahora hagan caso omiso a la prohibición del Gobierno afgano.

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