Contradicciones de un loquero de Boston Daniel Carlat

Me hace gracia leer opiniones tan absurdas e incoherentes como las de este psiquiatra Daniel Carlat gurú de la psiquiatría en blogger.

Ya relatamos como la industria farmacéutica daba grandes sumas de dinero a este tío iba como “experto” para promover la receta de un antidepresivo effexor (venlafaxina) un antidepresivo selectivo de la inhibición de la recaptación de la serotonina y la noradrenalina a otros médicos, hace el papel de vendido arrepentido en el siguiente post.

https://psiquiatrianet.wordpress.com/2008/07/07/medico-o-dispensador/

En otro post menciona que sufrió horrores estudiando la carrera de medicina para ser psiquiatra y quiere que la psiquiatría se desvincule de la medicina y se acceda como los estudios de psicología clínica y que ambas especialidades se acaben fusionando.
https://psiquiatrianet.wordpress.com/2010/04/10/psiquiatria-%C2%BFen-desaparicion/

Yo a este psiquiatra le comprendo perfectamente después de releer a Torrey y su libro “La muerte de la Psiquiatría” en un capítulo que escanearé próximamente y lo subiré a scribd, explica perfectamente las inquietudes de este loquero, se hicieron estudios de dónde están o “trabajan” los psiquiatras, en su inmensa mayoría están donde la gente tiene más dinero y menos problemas “mentales”, una urbanización de pudientes de Nueva York unas decenas de miles de personas concentraba más psiquiatras que áreas metropolitanas enteras de los suburbios de Chicago con cientos de miles de personas.

Torrey disecciona que la inmensa mayoría de psiquiatras no se les ve por los hospitales públicos ni siquiera por los psiquiátricos penitenciarios (constatación en persona: es cierto ni se les ve) dónde supuestamente está la gente más enferma, sino que donde pasan más tiempo es en sus consultas privadas tratando a personas que no tienen trastornos mentales más que aburrimiento o gilipollez.

Boston la ciudad con más loqueros por metro cuadrado

Ahora leyendo de donde es este tío se explica todo ya que Torrey expone que la ciudad donde más psiquiatras hay por metro cuadrado en USA es en la ciudad de Boston concentrados en las zonas de ricos y que la inmensa mayoría de sus “pacientes” son jovencitas aburridas que no tienen más problemas mentales que cualquier otra persona que afronta el paso de la juventud a la edad adulta. Torrey se descojona en el libro de sus colegas de profesión hospitales psiquiátricos que no son hospitales y psiquiatras que no son médicos, porque en USA y especialmente estos psiquiatras de consulta particular NO SON médicos son psicoterapeutas que pueden recetar algunos psicotrópicos y lo hacen igual de bien que sus colegas médicos, un libro de hace más de 30 años casi dice lo mismo que esta noticia que no hace falta estudiar medicina para ser psiquiatra.

Este Carlat es tan contradictorio que afirma que ahora el paciente se le da un antidepresivo “se le ajusta” la medicación, en vez de estar una hora contando chismes  o charlando de los problemas vitales del paciente. Para luego a renglón seguido decir que se necesitan urgentemente 40.000 prescriptores  o “redactores” más de recetas y que se les deje a los psicólogos prescribir medicación psiquiátrica, argumentando que lo harían tan bien como los psiquiatras.

Bueno aparte de este psiquiatra que no se ha enterado que la teoría de falta de serotonina se dejó de usar hace años por la teoría receptológica que al aumentar la serotonina disponible, los receptores serotoninérgicos van perdiendo sensibilidad cosa que ocurre al tiempo y no al momento por eso tardan bastante tiempo en hacer efecto. Para el que tiene un problema real la depresión se le va cuando solucione el problema real el antidepresivo lo único que le volverá será más indiferente o menos emotivo.

La verdad es que el 98% de los que van a consulta psiquiátrica por depresión y que el médico les dé un ISRS u otro inhibidor de recaptación es para que deje de dar la brasa con problemas que no tienen solución, si te has quedado en paro el psiquiatra no te va a dar trabajo si se ha muerto un familiar no va a hacer como supermán y girar el globo terrestre para volver atrás el tiempo o marujas con sobrepeso que sus hijos se les han ido de casa y no saben que hacer con todo el tiempo libre se encuentran tristes o hastiadas, no les va a buscar ocupaciones alternativas para rellenar el hueco.

El antidepresivo es como un chupete para que no dén la brasa sino entonces el psiquiatra se pega un tiro aguantando historia tras historia de hipocondriacos y fracasados.

Los Antidepresivos son chupetes

El que da la murga con los efectos secundarios de los antidepresivos del tipo ISRS es porque no ha probado los antipsicóticos y por que su umbral de dolor es bajísimo por eso acuden en masa a contar asuntos que una persona sensata sabe que no son problemas médicos y que no tienen solución médica.

***

La psiquiatría, pasa de la mente al dinero

La psiquiatría perdió su esencia. Así es como el doctor Daniel Carlat, psiquiatra de Boston, describe el estado de su profesión.

“De ese modo, en ese tiempo, perdimos la curiosidad psicológica. Y ese es el alma de la psiquiatría”, agregó.

La agencia de noticias Reuters Health dialogó con Carlat sobre su nuevo libro “Unhinged: The Trouble With Psychiatry. A Doctor’s Revelations About a Profession in Crisis” (Free Press, 18 de mayo del 2010).

Traducción: Desquiciada: El problema con la psiquiatría. Revelaciones de un doctor sobre una profesión en crisis

Carlat indicó que todo comenzó con la aparición de los fármacos como Prozac (fluoxetina), un inhibidor selectivo de la recaptación de la serotonina (ISRS), que fue aprobado en 1988.

Gracias al Prozac y a sus primos, como Zoloft y Paxil, y a sus efectos adversos relativamente limitados, las recetas se multiplicaron.

Hoy, los psiquiatras pasan 20 minutos con un paciente de tanto en tanto, básicamente para ajustar los medicamentos, a diferencia de la hora o más que se necesita por semana para comprender los problemas del paciente.

Algunos aseguran que eso refleja una ciencia más madura, que resuelve los problemas más rápido y más eficientemente. Pero, según Carlat, eso no es necesariamente así.

También se produjo un cambio en la forma de pensar y hablar de los trastornos mentales. En el caso de la depresión, por ejemplo, los médicos hablan de una deficiencia del neurotransmisor serotonina.

A primera vista, eso tiene sentido, pero sólo significa que los ISRS pueden tratar la depresión y no que los psiquiatras pueden comprender qué sucede en el cerebro, señaló Carlat. De hecho, nunca nadie halló una prueba de la deficiencia de la serotonina.

“Tenemos una forma abreviada y ‘neurologizada’ de hablarle a los pacientes, y usamos términos como deficiencia de la serotonina o de la epinefrina”. Pero se preguntó: “¿Sabemos de qué estamos hablando cuando usamos esas palabras?”.

Mientras que nadie comprende por completo lo que sucede en el cerebro de una persona con depresión, Carlat sostuvo que la industria farmacéutica aprovechó rápidamente el modelo médico de la enfermedad mental para promocionar sus fármacos costosos de manera cuestionable.

Y él sabe de qué habla. En el 2001, el gigante farmacéutico Wyeth le ofreció 750 dólares a cambio de tener un almuerzo breve con médicos de atención primaria.

La idea básica era respaldar los fármacos psiquiátricos del laboratorio, como Effexor. Wyeth, que luego pasó a integrar Pfizer, le proporcionó una presentación y lo llevó a conferencias muy costosas, donde líderes de opinión de la psiquiatría hablaron sobre los últimos ensayos clínicos.

“Sabía que si quería tener otro trabajo, otra llamada telefónica, otra invitación a cambio de otro cheque por 750 dólares, tenía que decir algo positivo sobre sus fármacos y que tendría que disimular algunos de sus efectos adversos”, admitió Carlat.

Luego de haber cobrado 30.000 dólares y reconocer que se había convertido en un arma alquilada, comenzó a hablar francamente sobre los efectos adversos.

“En los últimos 20 a 30 años, la psiquiatría pasó de ser una profesión en la que tratábamos de entender a la persona y su psicología a una en la que diagnosticamos enfermedades y medicamos”, dijo.

Al día siguiente, recordó, un representante del laboratorio llegó a su consultorio y le preguntó si había estado enfermo, como si esa fuera la única explicación lógica de su comportamiento.

“Los médicos generalmente piensan que otros médicos no van a decepcionarlo, pero, desafortunadamente, eso no es así”, dijo Carlat, que describió esa experiencia en The New York Times Magazine.

“Los médicos son tan vulnerables a la tentación del dinero, el marketing y los incentivos financieros como cualquier persona”, aseveró.

Cómo curar a la psiquiatría

Minimizar los conflictos de intereses no le devolverá su esencia. Para empezar a desandar ese camino, Carlat sugirió en su libro una combinación entre la psicoterapia y la psiquiatría.

Pero hay un problema: hoy, los psiquiatras no tienen tiempo para más que diagnosticar y medicar a sus pacientes. De hecho, ni siquiera tienen tiempo para eso.

Según un nuevo estudio, indicó, hay que sumar 40.000 redactores de recetas de medicamentos psiquiátricos a los 30.000 existentes para reducir la brecha en el sistema de salud de Estados Unidos. Entrenar a tantos psiquiatras sería extremadamente costoso.

¿Cuál es la solución? Entrenar un poco más a los psicólogos y dejarlos recetar los fármacos más comunes. “Tenemos entre 80.000 y 100.000 psicólogos en el país (…) y la mayoría sabe lo que hay que saber para ser un buen psiquiatra”, finalizó Carlat.

http://www.pe.terra.com/salud/interna/0,,OI4451512-EI5479,00.html

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