“Para la psiquiatría franquista, un rojo era un débil mental”

Entrevista a Enrique González duro sobre su libro

Los psiquiatras de Franco
Los rojos no estaban locos

Por Victor Amela, La Vanguardia.

Tengo 66 años. Nací en La Guardia (Jaén) y vivo en Madrid. Soy psiquiatra y trabajo en el hospital Gregorio Marañón de Madrid. Estoy doblemente divorciado. Tengo dos hijos y un nieto. La opresión franquista me hizo de izquierdas. La opresión eclesiástica me hizo ateo.

La psiquiatría ¿es ideología?
La Alemania nazi gaseó a 300.000 enfermos mentales: la psiquiatría nazi sostenía que el enfermo mental transmitía su tara a los descendientes, contaminando la pureza de la raza aria.

Solución: eliminarlos.
¡Y mataron a todos los enfermos psiquiátricos! ¡Todos! Gaseados para depurar la raza.

¿Hubo aquí una psiquiatría franquista?
Sí, y muy siniestra. No se ha hablado mucho…

¿Qué argumentaba esa psiquiatría?
Que los rojos eran locos, débiles mentales, tarados. El marxismo era una patología psiquiátrica. ¡Ser de izquierdas era una enfermedad mental y moral! Patología que el enfermo contagiaba a su descendencia, deformando la grandeza de la raza española.

¿Quién sostenía esas barbaridades?
Ilustres psiquiatras alineados con el bando franquista, sobre todo Antonio Vallejo-Nágera, y también Juan José López-Ibor, Marco Merenciano… Los psiquiatras republicanos fueron delatados como diabólicos y maléficos, como hizo en Barcelona Ramón Sarró con su insigne maestro Emilio Mira.

Guerra civil también entre psiquiatras.
La floreciente psiquiatría republicana resultó barrida. La psiquiatría franquista arguyó que los insanos rojos eran antiespañoles, siendo lo sano ser español.

¿Y qué era ser español, estar sano?
Ser hispanorromano, gótico y católico: ser heredero de los Reyes Católicos, vaya. Los residuos moriscos y judíos eran impurezas que eliminar, y lo mismo la ilustración y masonería, esas contaminaciones foráneas.

Captado.
Toda esa impureza degeneraba a España: se la llamó “Antiespaña” y había que extirparla. Por eso Franco se complació en una guerra larga y de exterminio: quería limpiar la raza española. ¡Franco era un racista espiritual!

¿Se proponían los psiquiatras franquistas “curar” a los rojos?
Sí, con reclusión en manicomios. Con sermones, adoctrinamiento, disciplina, fármacos, torturas, electrochoques… También se intentó “curar” a homosexuales y transexuales de su “delirio”, incluso mediante neurocirugía, tratamientos aversivos, ¡salvajadas!

¿Usted ha visto esas cosas?
Sí, y nadie osaba oponerse: yo me avergonzaba de ser cómplice callado. Los psiquiatras ¡obligaban a los internos en los manicomios a saludar brazo en alto! Vergonzoso. Poco a poco, la antipsiquiatría plantó cara. Cuando llegué a director del manicomio de Jaén, en 1982, desmantelé allí ese estado de cosas.

¿En qué sentido?
Pregunté por qué estaba ingresado cada paciente. ¡Había casos en que ni los psiquiatras lo sabían! Abrí las puertas. Los psiquiatras de la vieja guardia se opusieron. Y descubrí que una mujer llevaba allí 14 años encerrada… ¡por haber sido madre soltera!

¿Con la connivencia de su familia?
Sí, y el argumento psiquiátrico de que en libertad “se hará prostituta”. Para evitar que se condenase su alma… ¡Era una psiquiatría inquisitorial! De hecho, Vallejo-Nágera sugirió seriamente resucitar la Inquisición.

Algún rojo sí enloquecería de verdad.
Esa atmósfera opresiva enloqueció a más de uno, destrozó vidas, provocó suicidios…

¿Qué otros delirios se teorizaron?
Que había rasgos físicos delatores del degenerado, del rojo: se afirmaba que era feo.

¿Qué pasaba si habías luchado en el bando republicano sin ser rojo?
Todos los soldados republicanos fueron sometidos a cuarentena en campos de concentración: ¡había que descontaminarlos! Del campo de Miranda de Ebro era psiquiatra Vallejo-Nágera, jefe del servicio psiquiátrico del Ejército Nacional.

Qué miedo.
Su bestia negra eran las milicianas. Que una mujer –¡depositaria de la salud de la raza!– fuese roja le desquiciaba: las llamaba “marxistas delincuentes femeninos”, para no denominarlas “mujeres”. Los escarmientos en mujeres izquierdistas fueron los peores.

¿Qué más sostenía Vallejo-Nágera?
Que los rojos eran seres inferiores. En esto también coincidía con Franco, que decía que los había incorregibles (y a esos se les fusilaba) y los había redimibles… mediante reeducación y trabajos forzados.

El fusilamiento como terapia social.
Ya dijo Franco que “cuantos más enemigos mueran, mejor”. Franco afirmaba que salvaría a España ¡aunque tuviese que fusilar a la mitad de los españoles! Esa regeneración de España proseguía en cárceles y manicomios: el interno era visto como enemigo objeto de “merecido castigo”. Y muchos bebés recién nacidos allí de parturientas rojas fueron separados de sus madres y entregados en adopciones bajo cuerda, para salvarlos así del contagio rojo.

¿Consiguieron “curar” a algún rojo aquellos psiquiatras franquistas?
Consiguieron aterrorizarlos y acallarlos. Pero no “curarlos”, claro está. ¡Porque los rojos no estaban locos, por supuesto! López Ibor sostenía que al rojo sólo se le cura si se le recristianiza. El buen psiquiatra, pues, debía ser católico. Y en 1936 escribió esto Vallejo-Nágera: “Creará la guerra una estirpe de caballeros, frente a la plebeyez moral de los peones del marxismo y sus mefíticas toxinas antiespañolas”.

¿Cómo acabó este Vallejo-Nágera?
Cuando Hitler perdió la guerra, ¡se disgustó muchísimo! Se jubiló y pasó el resto de sus días escuchando música de Wagner.

http://www.edicionespeninsula.com/es/impactes/para-la-psiquiatria-franquista-un-rojo-era-un-debil-mental_391.html

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7 Respuestas a ““Para la psiquiatría franquista, un rojo era un débil mental”

  1. Enrique, soy de tu profesión y edad. En ninguno de los hospitales que he trabajado he visto lo que refieres. Algún estalinista te lo ha debido contar. Sufrí la dictadura, quizás no tanto como tu. Durante ella apostaté para casarme por lo civil. Pero cuando murió el “viejo”, también sentí la presión de los que, como tu, sacais beneficio de la “frustración histórica”. Enrique, que nos conocemos, que eres un franquito pero más alto.
    ¡A tus años y con estas panfletadas! Por cierto, debes estar haciédote rojo porque estás más feo. Cuídate y disfruta del nieto, pero no le cuentes estas batallas. ¡Criaturita!. Ni tu, ni los como tu, ni aquél. No me tomaría un vino con vosotros. Un saludo, abuelete.

  2. Ignacio! solo leer lo escrito por usted,da ganas de reir,usted es un frankito que vive de las calamidades de los demas,osea un chupoptero de la sociedad ESPAÑOLA como otr@s mu@s.Hoy dia tiene un buen despacho,se carga a los enfermos que le molestan demasiado,y por encima va de guay por la vida a su antojo.Que sepa que hoy y en el cargo que esta,tiene que cuidar de muchos pacientes y que no les suceda nada,pues usted es un gran aliado del aloperidol,y como le digo a usted,es un afortunado por estar en donde esta,por otro lado sepa que su etiqueta personal esta en el ojo del huracan al igual que much@s compañer@s sullas de conxo.
    Y por ultimo decirle …….que disfrute de esta vida,pues son cuatro dias………….

  3. Bueno,calmense si uno es bueno,el otro le gana.Yo solo decir
    que tanto monta tanto,pero me considero democrata y dejo sus comentarios a la altura de cada cual.
    La psiquiatria y en Galicia esta ,muy en tela de juicio,por quienes la practican,en los centros.El asunto es practicarla de acorde, a las Leyes y segun el profesional,pero por lo que puedo ver,muy discretamente el Señor Tortajada se cree en el derecho de insultar a los demas,con palabras muy pintadas, como suele hacer en muchas ocasiones.
    Yo solo decirle a este “Señor” que para FRANQUITO el,pues lo lleva escrito en la frente,y muy redomado por lo demas,no sea que un dia se muera en ayunas,con tanto veneno que lleva en la sangre.
    un saludo

  4. Pingback: Boletín Informativo de la Sanidad Pública - Atando cabos sobre la escuela católica·

  5. Fuí paciente del Dr. Gonzalez Duro -Enrique-, como todo@s le llamá- bamos; pasé por la peor época de mi vida, y con su “Hospital de Dia” pude volver a sentirme persona, salí de mi “campana de cristal” me hizo ver la vida como era, fué muy duro enfrentarme a la realidad, pero al fín la ví, y decidí aceptarla como era, seguir atendiendo a mis hijos, luchar por ellos, y pasar de mis fantasmas, (nadie merece en este mundo una sola lágrima), y menos perder la razón. Sín pastillas, 6 meses de terapia, con la valiosa ayuda de los terapeútas, siempre dirijidos por Enrique conseguí volver a la vida. Gracias Enrique.
    Carmen Gutiérrez
    (De política mejor no quiero opinar, pero créo que los dos hicieron daño al programa del Dr. Gonzalez Duro)

  6. Pingback: Marcos Tortajada | TagHall·

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