El suicidio y los jueces

Si la ingreso me denuncian por internamiento involuntario y si no la ingreso me denuncian por suicidio,  ¿qué se han pensando que somos adivinos,  coño?

Se acaba de publicar una noticia en uno de los periódicos locales, La Provincia, que me ha causado cierta cantidad de preocupación. Se trata de una sentencia del TSJC en la que se condena al Servicio Canario de Salud por no haber previsto el suicidio de una mujer que había sido dada de alta del Servicio de Urgencias del HUGDN, después de haber sido valorada por el psiquiatra de turno.

No conozco los detalles del caso, pero de acuerdo con el artículo la paciente negó sufrir de ideación suicida y además se consiguió asegurar un seguimiento de la misma con su psiquiatra de la USM local en un periodo de 3 días. La noticia hace énfasis en que se hubiera podido prevenir el suicidio de haberse ingresado a la paciente “unos días” (sic). Reitero que desconozco los detalles del caso, y que sé, por supuesto, que una historia previa de tentativas de suicidio es uno de los factores de riesgo más constantes en el caso de suicidios consumados. Sin embargo, la impresión que se obtiene es que se puede predecir un acto suicida y además que cabe prevenirlo.

Me pregunto quien asesoró al juez y de dónde sacó la información pertinente.

Desde el importantísimo artículo de Alex Pokorny, en 1983, queda bien establecido, más allá de cualquier duda, que ninguna de las dos cosas son posibles; de hecho, Pokorny revisitó sus datos años después, refinando el análisis con herramientas estadísticas más poderosas y volvió a concluir que era virtualmente imposible predecir y prevenir un acto suicida en una persona en particular. Es posible que el juez haya pensado que la valoración del riesgo de suicidio (una demanda diaria del psiquiatra de guardia) es sinónimo con la prevención y predicción del mismo.

Por otra parte, de ser cierto lo que dice la prensa acerca de la sentencia, ello llevaría al uso de una medicina defensiva que en mi opinión y en la de muchos autores, sería contraproducente. De acuerdo con el texto de la prensa, la paciente negó sufrir de ideación suicida, pero el juez opinó que de haber ingresado a la paciente se hubiera evitado su suicidio; si esto es cierto, todos aquellos pacientes con historia de tentativas recientes serían candidatos al ingreso – y al ser una vida lo que está en juego, al ingreso involuntario en el caso de que el o la paciente declinen hacerlo voluntariamente. Al ser el suicidio consumado un acto excepcional (en España se suicidan unos 10 personas al año por cada 100.000 habitantes) la probabilidad de que se detengan involuntariamente a los pacientes de manera injusta es enorme. Además, habría que pensar en el desgaste emocional del paciente al tener que permanecer en el Servicio de Urgencias, involuntariamente, hasta que una de sus Señorías aparezca a decidir si procedía o no esa involuntariedad.

Cuando trabajaba en el Servicio de Urgencias, había un promedio de 1 ó 2 pacientes con ideación suicida por día (a veces más), es decir, que se trata de un mínimo de 730 pacientes al año (y esta cifra es conservadora; una cifra más real sería unos 2200 pacientes al año), cabe preguntarse si sus Señorías estarían dispuestas a acudir diariamente a decidir, directa e indirectamente, en vista de la sentencia, si es necesario el ingreso o no.

¿La solución? Un debate abierto y trasparente entre los representantes y responsables de Salud Mental del SCS y los jueces. De ser cierta la noticia, la sentencia no beneficia a nadie: ni al paciente, cuyo abordaje debería guiar cualquier debate al respecto, ni a los jueces, ni a los psiquiatras.

Me temo que a los psiquiatras que hacen guardia, les ha tocado tiempos difíciles en los que vivir y trabajar.

http://nietosdekraepelin.blogspot.com/2009/06/el-suicido-y-los-jueces-malos-tiempos.html

Copio y pego la noticia que encuentro en un diario de tirada nacional:

El hijo de Sylvia Plath sigue los pasos de su madre y se suicida
El profesor universitario se ahorca en su casa de Alaska
La poeta se suicidó en 1963 abriendo la llave del gas
Eduardo Suárez | Londres
Ha ocurrido en Alaska. A miles de kilómetros de la casa victoriana de Camden donde la poeta Sylvia Plath abrió la espita del gas y se quitó la vida, desesperada. Casi medio siglo después, su hijo Nicholas ha preferido el tacto áspero de la soga. Ayer hizo una semana que se quitó la vida.
La noticia la ha dado en exclusiva el diario ‘The Times’. Nicholas Hughes se suicidó en su domicilio de Alaska el 16 de marzo. No deja ni mujer ni hijos. Compartía su soledad con episodios periódicos de depresión y problemas psiquiátricos intermitentes. Y mientras, ejercía como profesor universitario de Ciencias del Mar en la Universidad de Fairbanks.
Le precedía cierta reputación en el mundo académico. La que le habían otorgado sus expediciones de trabajo y sus proyectos de investigación sobre las pesquerías de Alaska.
Tímido y reservado, Nicholas nunca fue una persona demasiado sociable. Prefería pasar largas temporadas en casa, amasando vasijas y figuras de barro, a las que era muy aficionado, o explotando las vastas honduras de su biblioteca.
Su suicidio ha supuesto un nuevo terremoto para una familia marcada para siempre por el estigma del dolor y el desconsuelo. Sylvia Plath, su madre y una de las poetas más reputadas de la segunda mitad del siglo XX, se quitó la vida en la madrugada del 11 de febrero de 1963. En la habitación de al lado dormían sus dos hijos. Sobre la mesa dejó una carta para su médico y sus últimos poemas.
Mucho se ha especulado sobre sus motivos. Se mencionó la muerte de su padre. También la infidelidad de su esposo, otro de los grandes de las letras británicas, Ted Hughes, que la abandonó por la poetisa Assia Wevill. Los últimos estudios apuntan a que Sylvia sufría un trastorno bipolar y la medicación actual le habría salvado la vida.
Seis años después, la familia Hughes/Plath se sometió a otro episodio luctuoso después de que Wevill siguiera los pasos de Plath abriendo la espita del gas y quitándose la vida. En este caso, la poetisa se llevó por delante a una de sus hijas: Shura, de apenas cuatro años. Aquello ocurrió el 23 de marzo de 1969. Ayer hizo exactamente 40 años.
El de Nicholas es, pues, el tercer suicidio de la familia. Según ‘The Times’, su hermana Frieda volaba ayer de camino a Alaska para hacerse cargo del cadáver y disponerlo todo para su funeral.
En un comunicado, Frieda manifestó lacónica: “Con gran pena debo anunciar la muerte de mi hermano. (…) Durante algún tiempo había estado luchando contra la depresión”.
Una lucha de la que ella misma puede dar fe. Porque Frieda –excelente escritora y columnista de la prensa británica– ha publicado artículos sobre sus batallas contra sus demonios mentales, materializados en trastornos depresivos, anorexia e incluso esclerosis múltiple.
De todas formas, según un amigo de la familia, Nicholas no era ni mucho menos una persona predispuesta al suicidio: “No era una figura inevitablemente trágica, sino un biólogo marino que alcanzó sus 40 años con una gran carrera académica y un puñado de amigos y de logros detrás de él. Muchas personas le echarán de menos”.

Después de leer esto, me quedo patidifuso y me asombra hasta que punto está instaurada en la sociedad actual los supuestos e increíbles avances que hemos realizado en farmacología y psiquiatría. Y digo yo, si los fármacos actuales le hubieran salvado la vida a la poetisa Sylvia Plath, ¿por que no lo consiguieron con su hijo, que es de hoy día?. La verdad que desconozco lo que era de la mujer esta, pero desde luego, me imagino que para su hijo, fue muy duro el saber que su madre le dejaba una carta a su médico y ocupaba sus últimos momentos en hacer poemas. A los hijos que les den morcillas. Supongo que eso haría que el Sr. Nicholas no tuviera mucha confianza en la especie y optara por no reproducirse, ni por tratarla mucho.
En la concatenación de suicidios familiares, ya habrá quien esté observando cuestiones genéticas, seguro.
Descanse en paz.

http://haymicabecita.blogspot.com/2009/03/historia-de-suicidio.html

Una respuesta a “El suicidio y los jueces

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