El sombrerero loco

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MINA KONIGSBERG
No es casualidad que Lewis Carroll haya puesto a un sombrerero loco en su famosísima novela Alicia en el país de las maravillas. En efecto, en la época en que vivió el autor era muy conocido que muchos artesanos fabricantes de sombreros o talabarteros sufrían de lo que hoy llamaríamos desórdenes neurológicos, pero que en ese momento se les calificaba como dementes o locos. Los pobres sombrereros fueron víctimas, ni más ni menos, que de una intoxicación crónica por mercurio debida a los compuestos ricos en ese metal que usaban para confeccionar sus sombreros.

En la actualidad se sabe que uno de los sitios de acumulación de mercurio en el cuerpo humano es el cerebro y sus efectos van desde daños en las funciones sensoriales y visuales, hasta defectos en las transmisiones sinápticas (forma en la que el sistema nervioso manda sus señales) y debilidad muscular.

El estudio del efecto de los metales pesados no es algo nuevo sino que ha sido objeto de investigación desde épocas ancestrales. En el año 370 a.c., Hipócrates describió por primera vez cólicos abdominales en hombres que extraían metales de las minas. La intoxicación por ingestión de mercurio y arsénico se describió en 387 y 372 a.c. por Theofrastus y Erebos, respectivamente; sin embargo, hasta el día de hoy no se conocen con exactitud todos los mecanismos de acción que conllevan a los metales pesados a tener efectos tóxicos.

Fuente:http://www.laneta.apc.org/emis/novedades/mercurio.htm

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