El Peligro de la Nueva Era

 

 

Se precisa tan sólo de una breve ojeada a nuestro alrededor para poner de plano en la observación la infructuosa educación que reciben algunos hijos, de sus padres.

Los hijos abandonados a la educación secular, sin ser advertidos de algunas materias de estudio incompatibles con nuestra doctrina cristiana, serán fácilmente seducidos por una teología saturada de las creencias de la Nueva Era, que están muy de moda hoy día. Y tanto peor será para la Iglesia cuanto más introduzcan sus dogmas en ella. Se me ocurre aplicar aquí el axioma de Abraham Lincoln: “La filosofía de la educación en una generación será la folosofía del gobierno en la próxima”.

No obstante, demos por terminado el aparente discurso profético y continuemos con la observación.

En una edición del “Saturday Review of Literature” se leen las palabras de la lider feminista, Gloria Steinem: “Para el año 2,000 educaremos a nuestros hijos, espero yo, en la creencia en el potencial humano, no en Dios…”

Según nos informa Douglas Groothuis en una edición del Moody Monthly: “En un aula de una escuela pública en Los Ángeles, veinticinco niños de primer grado están acostados inmóviles mienstras que su maestro les dice que se imaginen que son seres perfectos, llenos de luz y que contienen toda la sabiduría del universo dentro de ellos. Este ejercicio en “imaginación dirigida” es parte del programa de estudios de la educadora Beverly Galyean, conocido como “educación confluente” y refleja su creencia de que “todos somos Dios”.

Douglas Groothuis habla acerca de la “imaginación dirigida” en su libro “confronting the New Age” y nos dice: “Un ejercicio de visualización detallada puede inducir en estado alterado de consciencia bastante susceptible a dar libertad para que actúen los demonios. Por ejemplo: Shakty Gawain dice que fácilmente la ‘visualización creativa’ puede conducirnos a la presencia de ‘guías espirituales’, los cuales estarían muy contentos de conocernos”.

Walter Martín, quien estudió por más de 38 años las creencias y prácticas ocúltico-sectarias, de lo que hoy conocemos con el nombre de la Nueva Era, nos dice en su libro, “La Nueva Era”: “La crarificación de valores, que se practica en las escuelas es peligrosa porque niega la existencia de los principios morales absolutos de la Palabra de Dios. A cada alumno se le anima a que presente sus propios valores morales”.

Louis E. Raths y Sidney B. Simon, son quienes echaron los cimientos de la clarificación de valores. La meta de dicha clarificación es “lograr que los alumnos participen en experiencias prácticas, haciéndolos conscientes de sus propios sentimientos, ideas y creencias, para que las decisiones que tomen sean conscientes y deliberadas, basadas en sus propios sistemas de valores”.

“La suposición fundamental que se hace en esta clarificación de valores es que no hay verdades absolutas. Se considera que los valores son esencialmente neutrales. Cada alumno debe escogerlos de manera subjetiva. En respuesta a esta idea, Richard A. Baer escribió: “En el nivel más profundo… la declaración de neutralidad es totalmente engañosa. A este nivel más básico los inventores de la clarificación de valores simplemente dan por sentado que su propia teoría subjetiva de los valores es correcta… Si los padres se oponen a que sus hijos fumen mariguana o tengan relaciones sexuales antes de casarse, la teoría detrás de la clarificación de valores hace que sea adecuado que el hijo responda: “Pero ese es sólo tu juicio de valores. No me obligues a aceptarlo”.

El doctor Martín concluye: “En resumen, el que la ‘educación confluente’ y la ‘imaginación dirigida’, la ‘clarificación de valores’, la ‘ meditación’, el ‘universalismo’ y el ‘yoga’, hayan logrado entrar en las escuelas, es evidencia de que el Movimiento de la Nueva Era ha invadido de manera significativa al sistema educacional. Esto tiene profundas inferencias para los padres cristianos cuyos hijos asisten a escuelas públicas. Estos padres deben informarse bien de las actividades en que ellos participan en la escuela y tomar medidas cuando sea necesario”.

Sigamos este sano consejo y continuemos con la observación.

Veamos primeramente qué cosa es el Movimiento de la Nueva Era.

Dave Hunt y T.A. MacMahon lo describen en su libro: “La Seducción de la Cristiandad”: “Se trata de una ancha coalición de grupos en contacto, que trabajan en pos de la unidad mundial en base a experiencias y creencias religiosas que hunden sus raíces en el misticismo oriental”.

“Así que, aquí estamos en la Nueva Era -decía una edición de la revista Time, en el año 1987-, una combinación de espiritualidad y superstición, de moda pasajera y farsa; acerca de la cual, lo único cierto es que no es nada nuevo”.

En un tono menos irónico y más serio lo describe el Instituto Cristiano de Pesquisas, citado por Walter Martín en La Nueva Era: “El nombre más común utilizado para describir la creciente penetración realizada por el misticismo oriental y oculto en la cultura occidental. Las palabras Nueva Era se refieren a la Era de Acuario, cuyo advenimiento los ocultistas creen que está comenzando, trayendo consigo una era de iluminación y paz.

El movimiento de la Nueva Era abarca varias sectas que enfatizan una experiencia mística (incluyendo la meditación trascendental, la secta de Rajneesh, Divina y muchas otras). Los seguidores de varios gurúes, como el difunto swami Muktananda, Sai Baba, Baba Ram Dass, Mahareeshi Mahesh Yoga y el Gurú Maharijih, personifican la esencia de los líderes modernos de la Nueva Era. Otros grupos, como El Movimiento Potencial Humano, El Foro, Fuente de Vida, Control Mental Silva, Talleres en la Cumbre, etc., y muchos (aunque no todos) partidarios de los distintos métodos de salud holística, representan fielmente el espíritu de la Nueva Era.

Tratándose de la teología de la Nueva Era súmase ésta, a mi parecer, en una apoteosis del género humano subrayando manifiestamente, groseramente, a la manera del superhombre de Nietzsche, su aquiescencia de la justificación del pecado. “La exaltación de la humanidad a la posición de la deidad -escribió Herbert Schlossberg-, por tanto, data de los tiempos más remotos de la antigüedad, pero su desarrollo a una ideología abrazada por las masas es un rasgo característico de la modernidad”.

Sus enseñanzas acerca de Dios se basan en el panteísmo, y ya nos advirtió hace muchos años Jaime Balmes: “Es preciso que los jóvenes no se dejen alucinar por ciertos escritores que, enseñando el panteísmo hablan, sin embargo, de Dios. Ese Dios de quien hablan es la sustancia que fingen única, en la que suponen que está todo… Libros se encuentran donde se prodigan a Spinosa los mayores elogios por haber ‘perfeccionado’ la idea de Dios; como si el impío sistema de este folósofo no fuese una negación sistemática de Dios…”

Algunas ideas de escritores de la Nueva Era respecto a la Trinidad y a Jesucristo, pese a ser ridículas, dejan de ser risibles a fuerza de ser blasfemas; por lo tanto he decidido no icluirlas aquí.

En su amalgama con la psicología moderna, se deja ver lo que David Hunt llama un ‘giro para-dramático de la Nueva Era que está cambiando la manera en que miles de pastores y de futuros pastores contemplan la Biblia”. No podemos negar la sutil influencia que ésta tiene en el campo cristiano, y es triste que hayan jóvenes cristianos que tengan aspiraciones de convertirse en psicoanalistas, o por mejor decirlo, agresores de la sana doctrina bíblica. Habiendo ya, tal vez, víctimas de la dependencia química y psicológica, que es la redención de la ‘sanidad interna’. Esta sanidad interna ofrece el condicionamiento de las sensibilidades internas y lleva el nombre de psicoligía humanista, incluyendo la psiquiatría, sometiendo a los inocentes que a éstas recurren, reemplazando la legítima fe en el poder sanador de Jesucristo, a un enajenamiento entorpecedor, producto de los sedantes que prescribe la psiquiatría, y a un desequilibrio mental, producto de la psicoterapia que prescriben los psicólogos.

Libérate, joven! de toda esta panoplia satánica, aparentemente efectiva, porque ahoga los gemidos del alma cansada de luchar, con la droga y el estímulo de nuestra auto-estima, pero que sólo enloquece y a menudo mata, si no el cuerpo, sí el alma.

En su libro “More than Redemption” (Más que Redención), nos dice a este respecto Jay E. Adams: “En mi opinión, proponer, permitir y practicar los dogmas psiquiátricos y psicoanalíticos dentro de la iglesia es tan pagano y herético (y por ello peligroso) como propagar las enseñanzas de algunas de las sectas más estrambóticas. La única diferencia vital es que las sectas son menos peligrosas porque sus errores son más identificables”.

Jerome Frank, profesor de la universidad de Jon Hopkins, ha dicho que “la psicoterapia es la única forma de tratamiento que, al menos hasta cierto punto, parece crear la enfermedad que trata”. Y para quienes piensan que la “sanidad interna” es un bien social, he aquí la respuesta de un psicólogo que comprendió las desastrosas consecuencias de la psicología, en su libro “Psychological Seduction” (Seducción Psicológica): “A pesar de la creación de un verdadero ejército de psiquiatras, psicólogos, psicometristas, consejeros y asistentes sociales, no ha habido ninguna disminución en la tasa de enfermedades mentales, suicidio, alcoholismo, drogadicción, malos tratos a los niños, divorcio, asesinato y caos general. Frente a lo que se podría esperar en una sociedad tan cuidadosamente analizada y asistida por expertos en salud mental, ha habido un aumento en todas estas categorías. En ocasiones parece haber una relación directa entre el creciente número de ayudadores y el creciente número de los que necesitan de ayuda… Nos vemos forzados a examinar la posibilidad de que la psicología y profesiones relacionadas se están proponiendo resolver problemas que ellas mismas han ayudado a crear”.

Esta observación, lector, no ha sido un tratado de histerismo cristiano-conservador, al menos así espero. Ni un ataque directo a quienes, sumidos en la oscuridad, buscan con sinceridad la verdad cristiana, sino un aviso preventivo contra todo lo que se oponga a la verdad bíblica; una advertencia a los jóvenes estudiantes de nuestra iglesia, que deben conocer de estas cosas para cerciorarse del error que en ellas se encuentra, y así instruir a los que andan en tinieblas.

Podemos explayarnos en la observación de estas ramas religiosas y pseudo-científicas, “pero hemos de guardarnos de tocar -decía Jaime Balmes-. No hay inconveniente en que estudie el pulso, pero no puede manosear el corazón: si abre al viviente le mata”.

-Arturo Mondéjar

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