La orden de protección psiquiátrica para el “paciente mental maltratado”

Aquí tenemos la traducción de un artículo de Thomas Szasz cortesía de una lectora de esta web, publicado en el British Medical Journal (Una de las más prestigiosas revistas médicas del mundo)

La orden de protección psiquiátrica para el “paciente mental maltratado”
Por Thomas SZASZ (1)



(1)profesor emérito de psiquiatría.
Departamento de psiquiatría. Upstate Medical University. State University of New York. Syracuse. NY.13210 USA
Correspondencia: 4739 Limberlost Lane,Manlius,New York,NY 13104 USA tszasz@aol.com

Traducción del artículo publicado en:
http://bmj.bmjjournals.co(web de la British Medical Journal)
BMJ 2003;327:1449-1451 (20 December), doi:10.1136/bmj.327.7429.1­449

Habitualmente­,­ se trata a los pacientes psiquiátricos en contra su voluntad. Las” órdenes de protección psiquiátricas” legalmente obligatorias, protegerían a los pacientes de las intervenciones psiquiátricas coercitivas.

Los deseos declarados de pacientes y médicos entran mucho más en conflicto en la psiquiatría que en cualquier otra rama de la medicina. Las personas denominadas “pacientes mentales” son sometidas rutinariamente a intervenciones “diagnósticas” y “terapéuticas” contra su voluntad. Muchas de estas personas consideran que estar obligados a internarse en un hospital psiquiátrico y ser tratados en contra de su voluntad es una violación personal -un “abuso psiquiátrico”- y quieren protegerse de futuros internamientos psiquiátricos y tratamientos involuntarios. En la actualidad, los antiguos pacientes psiquiátricos no tienen medios para defenderse de estas contingencias, incluso cuando son legalmente competentes.

Las leyes sobre salud mental -que reflejan el punto de vista de los psiquiatras y de la sociedad- protegen (o se dice que protegen) a los pacientes con enfermedades mentales de los peligros que representan para ellos y para los demás a causa de sus enfermedades. La opinión de muchos pacientes mentales (que siempre tienen opinión) es que los psiquiatras representan un peligro para ellos. El respeto por el interés propio de estos pacientes exige que la ley los proteja de futuras intervenciones psiquiátricas no deseadas.

La orden para la protección psiquiátrica

Los tribunales reconocen la validez de las “voluntades psiquiátricas” (directrices de voluntades anticipadas psiquiátricas) sólo cuando prospectivamente autorizan tratamientos en el futuro. Los tribunales no las reconocen cuando “el testador psiquiátrico” rechaza la “ayuda” psiquiátrica¹. Para remediar este defecto, especialmente cuando los pacientes se reincorporan a la sociedad después de un periodo de tratamiento por enfermedad mental involuntario, propongo una nueva garantía legal: la orden de protección psiquiátrica. Esta orden, a semejanza de la orden de protección que se utiliza en los conflictos domésticos, convertiría en delito el imponer intervenciones psiquiátricas involuntarias a las personas que están protegidas por ella.

En las sociedades democráticas, sólo los pacientes psiquiátricos son tratados rutinariamente en contra de su voluntad. (Las leyes de salud pública sirven de manera explícita a los intereses públicos y no a las necesidades terapéuticas de personas particulares). A los pacientes legalmente competentes con uremia, no les trata contra su voluntad y pueden utilizar una “voluntad previa médica” para protegerse de ser sometidos a diálisis en el futuro. Si la psiquiatría fuera igual que otra especialidad médica, los pacientes legalmente competentes con esquizofrenia no serían tratados en contra de su voluntad y podrían protegerse, con una “voluntad previa psiquiátrica”, de ser tratados². Pero no pueden, ni los psiquiatras ni los tribunales reconocen la validez de la “voluntad psiquiátrica”. Las leyes sobre la salud metal truncan las directrices de voluntades anticipadas psiquiátricas.

No es casualidad que la historia de las intervenciones psiquiátricas impuestas por la fuerza sea larga y deprimente. En una carta que me escribió en 1988, Karl Menninger resumía la historia de la psiquiatría con estas tristes palabras: “Después de las palizas, los encadenamientos, los baños y los masajes, vinieron tratamientos aún más crueles: hurgar en determinadas partes del cerebro, producir convulsiones con descargas eléctricas, privar de comida, extraer quirúrgicamente dientes, amígdalas, úteros, etc ³”. A esta lista Menninger debió añadir el uso de camisas de fuerza, sillas sedantes, sillas de reclusión, los baños fríos, los eméticos, los laxantes, el shock de Metrazol, las inhalaciones de dióxido de carbono y los medicamentos neurolépticos.

Libres de la psiquiatría impuesta

Desde los comienzos de la especialidad, los pacientes psiquiátricos no han tenido la oportunidad de librarse de las relaciones protecto-opresoras con los psiquiatras. En este breve artículo me centro en una única cuestión: el deseo de algunos pacientes psiquiátricos de librarse, de una vez por todas, de lo que consideran una relación abusiva con la profesión psiquiátrica. El sistema legal anglo-americano les ha negado siempre esta posibilidad a estos pacientes. Ésta negación se asemeja a la negación de la oportunidad de los esclavos para abandonar a sus amos en una sociedad de esclavos, la oportunidad de la mujer para abandonar a su marido en un matrimonio tradicional, o a la oportunidad de los ciudadanos de abandonar su país y sus reglas en un estado totalitario moderno. Éstas personas pueden disfrutar, en cierta medida, de todos sus beneficios y privilegios, pero no pueden abandonar el sistema para siempre sin el permiso de la autoridad represiva.

Los sistemas legales inglés y americano mantienen la ficción de que la relacion entre el familiar responsable del internamiento de un “ser querido” y el individuo encarcelado -al igual que la existente entre los psiquiatras y los pacientes detenidos involuntariamente-, es siempre una relación de “cuidado” y “tratamiento”. Y que lo contrario sólo se sólo se da en paises no democráticos, totalitarios; ése era el caso, por ejemplo, de la Unión Soviética y es ahora el de China. Ésta racionalización interesada está en el corazón del problema al que nos enfrentamos.

La ley anglo-americana asume como cierto que la relación entre una persona y un representante legal del estado es conflictiva. Potter Stewart, juez del tribunal supremo de los Estados Unidos lo reflejó a las mil maravillas: “Obligar a un abogado a aceptar un acusado sólo puede hacerle creer que la ley está en su contra”4. A los estudiantes de derecho se les enseñan las obligaciones y los roles tanto de defensor como de fiscal, ambos son legítimos y apropiados.

Por el contrario, la psiquiatría anglo-americana asume, como un tema del derecho y de la psiquiatría, que la relación entre una persona y un representante psiquiátrico del estado es terapéutica. Obligar a los psiquiatras a aceptar pacientes es una práctica rutinaria y a los pacientes que protestan es habitual que se les diagnostique de paranoia. A los estudiantes de psiquiatría sólo se les enseñan las obligaciones y los roles de hacer un diagnóstico y de poner tratamiento. Los psiquiatras no tienen otras obligaciones o roles legítimos, sólo el trabajo del psiquiatra coercitivo es legítimo y adecuado. Al psiquiatra que intenta ayudar al “paciente” que ha sido tratado de forma coercitiva, a rechazar el rol de paciente, se le hace el vacío o cosas peores.

Los guardianes: La familia

Somos hipócritas si ignoramos que son los partidos los que apoyan la promulgación de las leyes sobre salud mental y deniegan a los pacientes la posibilidad de rechazar los servicios psiquiátricos. En todas partes,los que apoyan las leyes sobre enfermedades mentales son, o psiquiatras, o familiares de los denominados enfermos mentales. En los Estados Unidos, los familiares están ahora al frente de un poderoso grupo de presión: the National Alliance for Mentally iII, que legitima el abuso de los familiares (en su gran mayoría, niños adultos) como “cuidado de los seres queridos”. Las organizaciones de antiguos pacientes psiquiátricos -que se autodenominan “víctimas de abusos psiquiátricos”- no se encuentran entre los partidos que reclaman más coerción o “servicios” psiquiátricos.

Las personas sujetas a internamiento psiquiátrico y tratamiento involuntario a menudo se sienten “victimizadas”,de una manera similar a como se sienten las mujeres (y en menor medida,los maridos)maltratadas por sus cónyuges . Hasta hace poco, las mujeres no tenían una protección eficaz contra sus maltratadores, a quienes la ley definía como sus protectores. En muchas partes del mundo las mujeres aún están en esta situación. Al igual que en los tiempos de Dickens no se protegía a los niños del maltrato por parte de sus padres.

Nosotros en Occidente, reconocemos ahora que la familia no es sólo para sus miembros el lugar primario de afectividad, cuidado y seguridad, sino que también es, muy a menudo, la fuente de mayor peligro para su bienestar físico y espiritual. Reconocemos este triste hecho y estamos de acuerdo en hablar de niños, cónyuges, padres y abuelos “maltratados”. En los conflictos que normalmente se producen entre adultos que viven juntos como matrimonio o pareja, la separación legal, el divorcio y la llamada orden de alejamiento demuestran el reconocimiento del problema por parte del sistema legal y la necesidad de imponer sanciones y mecanismos legalmente obligatorios para remediarlo. Una “orden de protección” exige la separación física entre las partes y convierte en delito el hecho de que la persona considerada amenazadora imponga su mera presencia en el lugar donde se encuentra la persona amenazada. Sugiero que admitamos de manera similar la triste realidad de los “pacientes mentales maltratados” y la necesidad de protegerlos de sus maltratadores. En ausencia de una orden de alejamiento, las relaciones de poder entre psiquiatras y pacientes involuntarios continuarán generando “abusos psiquiátricos”,racionalizados como “protección” y “tratamiento”. Es precisamente el hecho de que los psiquiatras rechazen las directrices de voluntades anticipadas psiquiátricas que autorizan la abstinencia de futuros tratamientos (cuestión que los médicos no-psiquiatras sí aceptan), lo que hace que un mecanismo legal como la orden de protección psiquiátrica sea necesario.

Legalizar el “divorcio” entre psiquiatras y pacientes

Los psiquiatras se oponen a los esfuerzos por tratar a los pacientes como agentes moralmente responsables y alegan la prevención del daño como una obligación social básica de la psiquiatría. Agullen el tipico caso de aquellas personas que se habrían suicidado y que de no haber sido por su detención involuntaria, se habrían visto privados de la posibilidad de cambiar de opinión una vez se hubieran recuperado de su depresión. Un argumento parecido podría usarse contra los testamentos o últimas voluntades o,de hecho, contra cualquier decisión que afecte profundamente al futuro de una persona como, por ejemplo, casarse o tener hijos. La justificación psiquiátrica habitual de la coerción “terapéutica” ignora el conflicto familiar entre libertad y seguridad, y, más a menudo, equipara tratamiento psiquiátrico (involuntario) con (“verdadera”) libertad5. En otra parte, he examinado y discutido detalladamente este y otros problemas relacionados , y he propuesto reconciliar a la psiquiatría con la libertad6 7.

La memoria humana es notoriamente corta y selectiva. Hemos olvidado que hasta hace poco -incluso en el Reino Unido y los Estados Unidos- la gente no podía divorciarse. En algunos países, las mujeres aún no pueden divorciarse de sus maridos. Durante mucho tiempo, la ley, apoyada por la religión, ponía la santidad del matrimonio por encima de la necesidad de proteger a las mujeres de sus maridos abusivos, y el divorcio estaba prohibido. Para empeorar la situación, la ley las privaba de su opinión.

La historia del “matrimonio” entre los locos y sus médicos muestra un patrón similar. Desde el comienzo del tratamiento médico de la locura en el siglo XVIII, la ley, apoyada por la medicina (psiquiatría) ha colocado la “salud” de los locos por encima de la necesidad de protegerlos de los psiquiatras abusivos, y se les ha prohibido el divorcio de sus psiquiatras. Esto sigue siendo así (el psiquiatra sí es libre de dejar al paciente, forzándolo, por lo general, a “casarse” con otro psiquiatra). Y una vez más la ley ha privado, y priva aún, a las víctimas de su opinión. Sólo los escritores estaban, y están, dispuestos a enfrentar las realidades de la psiquiatría como, por ejemplo, hizo John Thurber en su obra maestra en miniatura The unicorn in the garden (El unicornio en el jardín.)

Puntos resumidos.

A muchos pacientes psiquiátricos se les deniega el derecho a rechazar tratamientos que no desean.

Las “voluntades psiquiátricas” son reconocidas por los tribunales sólo cuando los pacientes las utilizan para autorizar un tratamiento, pero no para rechazar la posibilidad de tratamiento.

Al igual que las órdenes de protección (ej.”orden de alejamiento”) que protegen a las mujeres de los maridos maltratadores, las “órdenes de protección psiquiátrica” protegerían a los pacientes de intervenciones psiquiátricas coercitivas.

Los médicos, los políticos y los periodistas afirman que las enfermedades mentales son enfermedades reales y que los psiquiatras son médicos normales. Si ello fuera verdad, no habría necesidad de disponer de órdenes de protección psiquiátrica.

Referencias bibliográficas

1. Szasz T. Liberation by oppression: a comparative study of slavery and psychiatry. New Brunswick, NJ: Transaction, 2002.

2. Szasz T. The psychiatric will: a new mechanism for protecting persons against “psychosis” and psychiatry. Amer Psycol 1982; 37: 762-70.

3. Menniger, K. Reading Notes. Bull Menninger Clin 1989; 53:350-1.

4. Stewart, P Faretta v California, 422 US 806 (1975), p 834.

5. Satel S. For addicts, force is the best medicine. Wall Street Journal, 1998

6. Szasz T. Insanity: the idea and its consequences. New York: Wiley, 1987

7. Szasz T. Pharmacracy: medicine and politics in America. Westport, CT: Praeger/Greenwood, 2001.

8. Thurber J. The unicorn in the garden [1940]. In: Fables for our time. New York: Harper & Row, 1968.

Y aquí un irónico comentario de respuesta a este artículo:

¿Padecen NERDS los psiquiatras?

14 de enero de 2004
samiPensé que debía dar un toque de humor a esta fascinante correspondencia reproduciendo la respuesta que me enviaron tras la publicación de un artículo en la BMJ (British Medical Journal) sobre la fobia social el año pasado. Es el siguiente:

Me gustaría atraer su atención hacia una enfermedad común, seria, persistente y sin diagnosticar: NERDS o Never Ending Reinventing of Diagnoses Syndrome [en español, viene a ser, Síndrome del diagnóstico continuo, pero sus siglas en inglés significan “memos”]. Lo característico de este trastorno es la creencia persistente y extrema de que existe un gran número de personas que padecen alguna enfermedad psiquiátrica sin diagnosticar, sin que importe cuántos más se diagnostican y tratan cada año. Normalmente, este síndrome afecta a psiquiatras, afectando de por vida a un porcentaje de entre el 60% y el 85%.
Por desgracia, la enfermedad parece comenzar a extenderse afectando a también a otro número importante de profesionales como psicólogos y maestros. Los síntomas de este desorden son un enfoque obsesivo en el déficit y la búsqueda de la patología del individuo (a menudo hasta olvidarse de la capacidad, la habilidad y los asuntos del contexto), una adicción a la certeza y a la clasificación, junto a una intolerancia hacia la variedad humana. Por supuesto el NERDS se encuentra en la cuarta edición del Delete any Sociocultural Mindset (DSM) [Borrar cualquier disposición sociocultural], en la décima edición de su homólogo Illogically Developed Concepts (IDC) [Conceptos desarrollados ilógicamente] y en el Crusade for Realization of Absolute Perfection (CRAP) [Cruzada para la realización absoluta de la perfección, las traducción de las siglas al español es “mierda”]en el que sólo varía el que este diagnóstico implica una causa cultural del síndrome, que se enraíza en la fantasía modernista, y que consiste en considerar que la condición humana normal posee un estrecho rango, en aumento, de experiencias emocionales. Desgraciadamente, esta enfermedad a menudo pasa desapercibida, a pesar del impacto que tiene no sólo sobre los sufridos pacientes, sino también en la salud pública.

El coste social es enorme debido a que estos profesionales, por causa de su estatus, ejercen una gran influencia en lo referente a comportamientos, emociones y experiencias. Existen muchos factores que se cree contribuyen a este aumento del índice de trastornos. Entre ellos se incluyen el beneficio que obtiene la industria farmacéutica, el propio interés de los grupos de profesionales y los tratados socioculturales que hacen hincapié en el individuo, el deseo de control sobre la naturaleza (como oposición a estar en armonía con la misma) y la tecnificación de las relaciones. También se piensa que existe un elemento hereditario que se ha demostrado en estudios que analizan los cursos de aprendizaje que realizan estos profesionales, en los que se muestra que ciertos grupos poderosos son capaces de transmitir estas ideas, a menudo ni contrastadas ni discutidas, de una generación de profesionales a la siguiente.

El tratamiento más efectivo es la “Conexión de las Células Cerebrales” (CCC), también conocido como golpear las cabezas entre sí intentando sacar algo inteligente de ellas. Estudios más recientes han mostrado lo prometedor de un tratamiento más radical, el “Envío de Iniciativas de Rescate Socioculturales” (EIRS) en el que a grupos de sociólogos, terapeutas y curanderos de aquellos países que ya han tenido que sufrir la patología mental masiva observada en Occidente (como por ejemplo, La India y China), se los envía a países occidentales para crear clínicas de EIRS que ayuden a re-educar a los profesionales, y, a minimizar el negativo impacto a largo plazo sobre estas poblaciones enfermas.

Sami Timimi, es un psiquiatra especialista en niños y adolescentes de Ash villa (Willoughby Road, Sleaford NG348QA)

Fuente: http://bmj.bmjjournals.com/cgi/eletters/327/7429/1449#4687

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2 Respuestas a “La orden de protección psiquiátrica para el “paciente mental maltratado”

  1. Pingback: Liberatory Psychiatry:Philosophy, Politics and Mental Health « Psiquiatría NET·

    • hola. he sido por mas de 6 años por problemas psiquiatricos.he intentado muchisimos medicamentos. se supone q mis diagnosticos son depresion severa y transtorno bipolar, mi mayor problema es q aparentemente los medicamentos no se metabolizan correctamente y solo funcionan maximo 3 dias. tengo severos problemas para dormir. mi estado de animo decae bruscamente, tengo ideas de suicidio constante,no tengo animos para hacer nada, etc. tengo 35 años y arrastro con este problema casi toda una vida, necesito ayuda, he probado muchos medicos y medicamentos., me pueden ayudar?

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