SKEWED: Psychiatric hegemony and the manufacture of mental illness in Multiple Chemical Sensitivity, Gulf War Syndrome, Myalgic Encepha- lomyelitis and Chronic Fatigue Syndrome

SKEWED: Psychiatric hegemony and the manufacture of mental illness in Multiple Chemical Sensitivity, Gulf War Syndrome, Myalgic Encepha- lomyelitis and Chronic Fatigue Syndrome

Con prólogo de Per Dalen MD, PhD, Profesor Asociado de Psiquiatría de la Universidad de Gotemburgo, Suecia.

Sesgada: La Hegemonía de la Psiquiatría y la Fabricación de las Enfermedades Mentales en la Sensibilidad Química Múltiple, Síndrome de la Guerra del Golfo, la Encefalomielitis Miálgica y Síndrome de Fatiga Crónica, es una detallada investigación sobre el diagnóstico psiquiátrico de una serie de enfermedades que algunos han sugerido son en realidad causados por productos químicos.

El libro sigue los argumentos de las empresas químicas en contra de que sus productos causen enfermedades y que la la teoría promovida por ellos es que las personas que informan de síntomas de mala salud químicamente inducidos, tienen trastornos de la personalidad.

El libro se pregunta cómo las teorías psiquiátricas de ‘inexplicable enfermedad ” han logrado ganar influencia y dar forma al diagnóstico, la financiación de la investigación y la percepción pública de estas enfermedades en Gran Bretaña.

Extracto de una parte del “texto”

Introducción En enero de 2002, el gobierno británico publicó un informe del Grupo de Trabajo sobre Encefalomielitis Miálgica (EM) y Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) del Chief Medical Officer (Director General de Medicina, asesor y portavoz del gobierno británico en temas médicos). El informe, que había tardado cuatro años en hacerse, representó otro asalto en el combate en torno a la definición y la supuesta causa de estas enfermedades

Tres años después de la proclama de los norteamericanos, un grupo ad hoc y autorepresentativo de veintiséis clínicos y científicos médicos en un encuentro celebrado en Oxford, Inglaterra, adoptó la nueva definición estadounidense, adaptándola ligeramente para que definiese una enfermedad psiquiátrica de la que la fatiga persistente era un síntoma prominente. Varios de los presentes en el encuentro ya habían hecho campaña anteriormente para “desconstruir” la EM. Entre ellos destacaba el psiquiatra Profesor Simon Wessely. Wessely y sus seguidores ofrecieron la opinión de que la EM no tenía causas orgánicas o físicas y que sus síntomas eran producto de la imaginación del enfermo. En aquel momento, Wessely y otro de los firmantes de la reclasificación de la EM eran miembros directivos de una organización de “cazacuranderos” (“quackbusters”, término en inglés con el que se designa a organizaciones o individuos dedicados a vigilar, perseguir, desprestigiar, etc. a las terapias y los terapeutas de medicinas alternativas), la “Campaign Against Health Fraud” (“Campaña contra el Fraude en la Salud”), que más tarde se llamaría HealthWatch (Vigilancia de la Salud), y que junto con su organización paralela en Estados Unidos, The American National Council Against Health Fraud (“El Consejo Nacional Norteamericano Contra el Fraude en la Salud”), había hecho campaña en contra de la medicina alternativa.

Al subsumir la EM al término general de Fatiga Crónica, en tres años, la ortodoxia psiquiátrica angloamericana había privado a un gran número de personas no sólo de una enfermedad diagnosticable, sino también de ayudas económicas, tratamientos específicos o coberturas que con anterioridad les correspondían. A partir de entonces, cierto número de médicos y psiquiatras argüirían que no deben realizarse complejas pruebas de diagnóstico a personas que vayan a ver al médico por sentir “fatiga”. Nada podría haber impedido el progreso de la investigación en la EM y el grupo de enfermedades que se convirtieron en el SFC más eficazmente que este cambio de nombre. De repente, todas las enfermedades que tuviesen el cansancio extremo como uno de sus ingredientes se echaron en el mismo saco. La clasificación indeferenciada representaba a tantos subgrupos que la investigación de causas, diagnósticos y tratamientos se convirtió en una tarea imposible. La deconstrucción de la ciencia implícito en el debate sobre la nomenclatura no se detuvo en 1994. La escuela de Wessely, las compañías aseguradoras y químicas, junto con la medicina profesional y los Estados británico y norteamericano (todos ellos con sus propias razones para no descubrir la causa real de la EM y las enfermedades relacionadas) tenían todavía más posibilidades de evadir responsabilidades si el pozo de enfermedades no diagnosticadas y, no obstante, psiquiátricas se hacía aún más profundo. En 1999, el Dr. Simon Wessely y el Dr. Mike Sharpe argumentaron en un artículo para The Lancet que el síndrome de intestino irritable, el síndrome de fatiga crónica, el síndrome (de tensión) premenstrual, la fibromialgia, el dolor de la articulación temporomandibular, las cefaleas de tensión, el dolor de pecho atípico, la sensibi lidad química multiple y el globus hystericus debían unirse todos bajo el sobrenombre de “síndrome somático funcional” y ser clasi ficados como un trastorno psiquiátrico.

***

Publicación del Informe del Grupo de Trabajo La publicación del Informe del Grupo de Trabajo del CMO en enero de 2002 provocó comentarios entusiastas en la prensa, como que las instituciones sanitarias ahora aceptaban que la EM es una enfermedad física. Los medios de comunicación, con su típica falta de análisis profundo y exceso de frases pegadizas, no mencionaron el hecho de que todos los psiquiatras habían abandonado el Grupo de Tra- bajo a sólo unas semanas de darse el visto bueno al Informe. Esta deserción de los psi- quiatras del Grupo de Trabajo del CMO pareció reflejar el miedo latente entre ellos a que sus argumentos estuviesen perdiendo terreno. No obstante, parece que ese miedo se generó y manifestó de forma exagerada con meros propósitos propagandísticos. El Informe del Grupo de Trabajo era partidario de dos de los tres enfoques terapéuticos promulgados por el lobby psiquiátrico. No recomendaba la prescripción de fármacos antidepresivos porque la Cochrane style Review no había encontrado pruebas de que fuesen de utilidad en este caso. La predisposición del Informe a favor de la interpretación psiquiátrica de estas enfer- medades se hace patente en su recomendación con respecto a los jóvenes, declarando que los especialistas en psiquiatría y pediatría son los mejor equipados para gestionar el problema. Cuando se publicó el informe, algunos médicos reaccionaron como si se hubiese decretado la prohibición de que los psiquiatras traten a los pacientes de EM y SFC, lo que probablemente no sería mala idea.

En el periódico The Guardian, el Dr. Mike Fitzpatrick, médico de cabecera, escribió un artículo de retórica propagandística con tono lastimero, pensado para hacernos llorar por los pobrecitos médicos que se ven forzados a hacer diagnósticos con los que no están de acuerdo por culpa de pacientes, a todas luces, fuertes, ignorantes y mentalmente trastornados. Sus observaciones pueden verse como una representación del lobby psiquiátrico en la EM y el SFC. A Fitzpatrick le inquietaron mucho las palabras del director general de Action for ME (“Acción para la EM”), quien había dicho que los pacientes ahora podían utilizar el Informe para discutir con los médicos de cabecera que insistiesen en que sus pacientes estaban imaginando sus enfermedades.

Con el estilo habitual del lobby psiquiátrico, Fitzpatrick le da la vuelta a la tortilla, diciendo que esa actitud por parte de los pacientes sería “dogmática y autoritaria”. Fitzpatrick censura a los que creen en una etiología orgánica de la EM y el SFC por “aprobar la estigmatización de las enfermedades mentales”. Con lógica de lunático, arguye que si uno sostiene que la EM y el SFC tienen una etiología orgánica o biomédica, está implicando que la enfermedad no tiene una dimensión psicológica y está negando a las enfermedades mentales su lugar en la medicina; y sólo haría eso alguien que cree que admitir la dimensión psicológica de cualquier enfermedad supone estigmatizar al enfermo.

Está claro, es mucho mejor para todos que los pacientes se limiten a admitir su incapacidad mental, tomen sus antidepresivos y se dejen reeducar con Terapia de Comportamiento Cognitivo. Por si esto fuera poco, el Dr. Fitzpatrick mete en el mismo saco a todos los “sospechosos habituales” cuando presenta su cuadro de las enfermedades mentales contemporáneas.

Fuente: http://www.amcmh.org/PagAMC/medicina/articulospdf/69Enfermedad.pdf

Anuncios

2 Respuestas a “SKEWED: Psychiatric hegemony and the manufacture of mental illness in Multiple Chemical Sensitivity, Gulf War Syndrome, Myalgic Encepha- lomyelitis and Chronic Fatigue Syndrome

  1. Pingback: En busca de la tangibilidad retrovirus XMRV en el SFC « Psiquiatría NET·

  2. Pingback: La Psiquiatría y la Religión « Psiquiatría NET·

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s