Rolf Degen y Libre albedrío

Una polémica revisión de los mitos de la psicología, sus mitos y sus vacas sagradas
Vivimos una era de culto a los valores y los veredictos de la psicología y el psicoanálisis. Hoy parecen irrefutables ideas tan arraigadas como que la psicoterapia puede curar los distintos trastornos mentales que sufre el ser humano, que la educación en la infancia determina la personalidad de cualquier individuo, que muchas enfermedades orgánicas tienen un origen psicosomático, que sólo hacemos uso de una parte de nuestra capacidad cerebral o que la inteligencia puede aumentarse considerablemente por medio de técnicas adecuadas…

Sobre el tema de la libertad humana y el determinismo científico os envío una cita del libro “Falacias de la psicología” , Ma Non Troppo. Copio algunos párrafos de la página 172-175 sobre el “libre albedrío”.

El psicólogo escéptico Rolf Degen da sus opiniones y da referencias de investigadores de la neurociencia. Creo que es interesante leer las referencias para entender mejor la mentalidad mecanicista aplicada al ser humano..


“…en muchas situaciones los humanos no conseguimos
reconstruir los verdaderos motivos de lo que hemos
hecho. Esta laguna de percepción todavía nos deja el
consuelo de creer que las decisiones se toman en algún
cuartel general del entendimiento, aunque, eso sí,
recóndito y difícilmente accesible. En el fondo todos
somos partidarios de la noción “mentalista” de que
las ideas nacidas en nuestra cabeza son el motor de
nuestros actos…”

“…el profesos Gerhard Roth, especialista de investigación
del cerebro en la universidad de Bremen y rector del
colegio hanseático (dice), ” la sensación de que yo soy
dueño de mis actos, sujeto consciente que actúa, es ilusoria.
El cerebro decide antes de trasmitirme la sensación de
que quiero hacer lo que me dispongo a hacer”…”.

“Es posible que el libre albedrío sea un ejemplo del mismo
tipo de ceguera en que cae el pequeño engranaje de una
gran organización burocrática: aunque se limite a poner
el sello en decisiones que otros más altos tomaron antes,
él a lo mejor se cree dueño de las palancas del poder.

” (1965)…Hans H. Kornhuber y Lüder Decke se propusieron
investigar con ayuda del EEG la relación entre los movimientos
voluntarios de la mano y el pie y las ondas cerebrales. Así
descubrieron un fenómeno curioso: un segundo antes de que
el sujeto experimental moviera la mano o el pie, la gráfica
de las corrientes cerebrales presentaba una inflexión
característica. Kornhuber y Decke llamaron a esta especie
de señal de puesta en disposición “potencial de alerta”.

“…Benjamin Libet, neurofisiólogo de la universidad de California
(San Francisco)…se le ocurrió preguntarse…” ¿Cómo percibe
la conciencia ese segundo escaso?…¿Cuánto tiempo transcurre
entre la decisión consciente del cerebro y el acto propiamente
dicho? Porque sin duda no puede ser un segundo…De lo
contrario nos moveríamos por el mundo a cámara lenta. La única
explicación posible es que el potencial de alerta para
la acción se ha instaurado en el cerebro antes de que
decidamos la acción conscientemente….conclusión lógica
pone en duda que seamos dueños de nuestros sentidos y nuestros
actos. Entonces, ese libre albedrío del que tanto nos envanecemos
no sería más que una apariencia”…”

Experimento de Libet:

“consistió en pedirle a los sujetos que doblasen varias veces
un dedo, o la muñeca de la mano derecha, pero a intervalos
irregulares, de manera espontánea. Al mismo tiempo deberían
fijarse en una pantalla en la que aparecía un reloj
digital, para recordar el instante en que se les pasaba
el impulso por la cabeza. Durante el proceso se tomaba la
gráfica de las corrientes cerebrales y el resultado fue que
que la chispa consciente se producía, en promedio, entre
0,3 y 0,4 segundos DESPUÉS de la aparición del potencial
de alerta. Cuando los sujetos empezaban a acariciar la
idea de doblar el dedo, la acción ya estaba decidida
en realidad”.

-“…parece que el libre albedrío no es tan dueño como a él
mismo le agrada creer. Todo sucede como si el cerebro
necesitara “calentar filamentos” durante unas fracciones
de segundo antes de que salte el destello consciente….
Por tanto, el acto de la voluntad no puede ser la causa
del movimiento, sino únicamente una sensación que acompaña
el movimiento mismo, según opina el berlinés Roth.
No antecede a los movimientos neuronales,sino que les sigue.
“Por tanto, cuando yo digo o pienso “quiero hacer esto”, el
cerebro ya ha definido su voluntad unos 100 milisegundos
antes” resume Niels Birnbauer, profesor de psicología
en Tubinga.”

-Los experimentos de Libet suscitaron un tormentoso debate
entre los estudiosos del cerebro ¿Sería correcto el método
empleado? ¿Tal vez se había equivocado en sus mediciones?
Sus experimentos fueron reproducidos por muchos, entre los
que figuraron algunos desconfiados. Pero los resultados
no variaron, y dejaban pendiente la cuestión capital:

¿Por qué no nos damos cuenta de ese retardo?

¿Por qué creemos que la decisión y el acto se suceden
inmediatamente?

Pero Libet no se limitó a describir el fenómenol,sino que
ofreció una explicación. En pacientes trepanados para
practicarles alguna intervención en el cerebro ( y previo
consentimiento de ellos) pudo observar un fenómeno
curioso: que el cerebro se engaña a sí mismo.
Todo sucede como si quisiera ocultarse el hecho de que la
conciencia interviene con un retardo, y retrotrae cerca
de un segundo la experiencia consciente.

-¿Increible? No, si recordamos lo que pasa cuando nos cortamos
un dedo o tocamos una placa caliente de la cocina. La mano
se retira con la rapidez del rayo y entonces pensamos y decimos
con cierto retardo “¡ay!”.A continuación sobreviene el dolor.
Y , sin embargo, tenemos la sensación de que todo, la herida
o la quemadura, el dolor, retirar la mano y la exclamación
ha ocurrido en el mismo instante”.

-” Es decir, que el cerebro decide como sistema autónomo y no
necesita para nada nuestra libre voluntad. A la luz de
de toda su experiencia, él decide de manera fulminante qué
alternativa de acción conviene a nuestro organismo y qué otra
puede perjudicarlo. “No hacemos lo que queremos-comenta
el doctor Wolfang Prinz, director del Instituto Max Planck
de Munich para la investigación psicológica-, sino que
queremos lo que hacemos. O dicho de otro modo: el cerebro
dispone y el hombre propone”

Fuente

Leo una breve pero esclarecedora nota del piscólogo escéptico Rolf Degen en el estupendo suplemento “Mente y cerebro” de la revista Investigación y ciencia. Degen es autor de Falacias de la psicología y en ese libro afirmaba: «Es lamentable, pero la psicología se caracteriza por un largo desfile de “teorías” que con el tiempo han ido revelándose como pasajeras y cayendo sucesivamente en el olvido, dada su inutilidad para explicar la realidad. […] Lejos de echar una mano en el esforzado combate de la ciencia contra la ignorancia, los terapeutas, los psicólogos y otros “expertos” descargan sobre la humanidad más y más carretadas de mitos y falacias psicológicas.»

En el artículo que menciono más arriba, Degen se refiere a una de esas falacias, la tan popular inteligencia emocional y al llamado “cociente de inteligencia emocional” (EQ, por analogía con el IQ, coeficiente intelectual), que ha sido masivamente adoptado no solo por periodistas sino incluso por la psicología profesional, antes de haber sido sometido a un examen suficientemente crítico por parte de la ciencia.

Moshe Zeidner y Richard D. Roberts lo han hecho, han examinado todos los estudios existentes que analizan la idoneidad del EQ para considerarlo un método eficaz de orientación profesional, y se han encontrado con un resultado paradójico: la minuciosa investigación otorga al modelo mental emocional una calificación de incapacidad intelectual. Eso significa que, como termómetro del potencial profesional, el EQ es tan útil como leer el futuro en los posos del café.

Como resumen, Zeidner y Roberts dicen: “los datos solo nos permiten una conclusión: el entusiasmo sobre los posibles beneficios de la inteligencia emocional en la profesión es precipitado, si no mal dirigido”. Por tanto, “entre los criterios de selección de los aspirantes a un empleo no debería tenerse en cuenta el EQ”.

“En en fondo”, concluye Rolf Degen, “la afirmación de que la inteligencia emocional ayuda en el progreso profesional refleja, ante todo, un deseo o aspiración: las personas amables deberían triunfar, y no los desaprensivos arribistas. ¡Ojalá fuera verdad! Por otra parte, muchos cursillos para incrementar el EQ que se promocionan agresivamente en Internet son puro curanderismo. Todo el proyecto de la inteligencia emocional parecería mucho más convincente si su comercialización no apuntara tan manifiestamente a la estupidez humana”.

Fuente: Barrapunto

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2 Respuestas a “Rolf Degen y Libre albedrío

  1. La falta de fundamentos científicos empíricos utilizados por algunas corrientes psicológicas, han transformado esta disciplina en una especie de circo ,,que se apodera periódicamente del colectivo social.

  2. Ese libro me da a mí que está lleno de falacias. Hasta donde yo he leído sobre lo del retardo, que sea otro centro el decisor no implica que no sea nuestra voluntad, puede simplemente que diferentes partes del cerebro participen en nuestras decisiones. Una cosa parece clara, ponemos la mano donde queremos ponerla y eso es libertad. Si son nuestras neuronas motoras las que deciden (las que hemos calificado como tales) ¿por qué no somos nosotros los que decidimos? ¿No será que hemos asignado y comprendido mal la funcionalidad de las neuronas o por lo menos no todo lo bien que sería deseable? Cuando se trata de retirar la mano del calor, la decisión la toma la médula espinal y la gente suele tener la sensación de que no es un acto voluntario sino reflejo, así que no son ejemplos equiparables.
    Sobre lo de la inteligencia emocional, es cierto que la forma de medición puede ser cuestionable, pero que existe una “habilidad emocional” entendida como habilidades metacognitivas de comprensión y manejo del mundo emocional y social es indudable, y puede que no tenga que ver con el desempeño profesional en cuanto a rendimiento, pero seguro seguro que sí es importante si queremos prevenir riesgos psicosociales. Si un mando intermedio tiene un bajo nivel de inteligencia emocional es muy posible que te haga la vida imposible casi sin querer y tu trabajo se convierta en un suplicio diario, así que habría que preguntarse para que tipo de puestos es más o menos importante tener en cuenta la IE.

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