El Manejo Institucional del Síntoma

Antonia Lara Edwards Publicado en Antroposmoderno el 15/05/07

La psicoterapia institucional plantea encrucijadas clínicas de orden ético cuando el Estado interviene para regular la economía del síntoma psíquico. En estas encrucijadas resulta necesario cuestionar los efectos de los llamados “beneficios” de la asistencia pública, en materias de salud mental y economía psíquica.

El Programa contempla, tanto para los casos de discapacidad física como para los casos de discapacidad por enfermedad mental, una serie de “beneficios” que se traducen en ayuda económica, vales por bienes y servicios, “la compra de un apartamento o un examen médico” o, incluso, psicoterapia.[3] De manera que, al quedar incluida la salud mental como razón de discapacidad, de ahora en adelante –por ley- la enfermedad mental le reditúa una ganancia económica al discapacitado.
Esta ganancia económica asociada a la enfermedad mental, tiene una serie de implicancias clínicas ya articuladas por Freud en el concepto de “ganancia secundaria de la enfermedad”[4]. Podemos decir con Freud, que la ganancia económica obtenida por la enfermedad, refuerza el síntoma y opera como un obstáculo para su disolución (Freud 1913).
A partir de los casos tratados por Freud, donde el paciente encontraba justificación para sus síntomas en la situación económica, él concluye que, “son demasiado buenos los servicios…” que la enfermedad le presta al paciente “en la lucha por la afirmación de sí, y le aporta una ganancia secundaria (…) demasiado sustantiva” [5]. Freud advierte que frente a estos casos el trabajo terapéutico para la disolución del síntoma tiene pocas probabilidades de éxito.
A través del programa Disability, se pone en práctica una política de asistencia económica en materia de salud mental que no toma en cuenta su efecto de refuerzo al síntoma. Ciertamente que, en el contexto psicoterapéutico de alivio sintomático, la asistencia estatal refuerza muy eficazmente las resistencias a abandonar un síntoma que aporta ganancias económicas y prácticas.
Es común que en las clínicas de salud mental circule la queja de los pacientes que reciben este “beneficio”, se sienten dependientes e inútiles al no trabajar. Asisten por años a tratamientos de psicoterapia donde se lamentan, entre otras cosas, de no poder cortar su dependencia con la asistencia pública, a la vez que no están dispuestos a comprometerse y trabajar en el tratamiento, para no perder la asistencia económica que los mantiene sin trabajar.
Paralelamente, el Estado ha incluido a la psicoterapia en la lista de los beneficios en tanto asume que esta va a aliviar al discapacitado del síntoma o la enfermedad que lo priva de trabajar. El Estado le demanda al discapacitado asistir a psicoterapia para curar la enfermedad mental y volver al trabajo. La psicoterapia entonces se transforma en el requisito a cumplir para recibir la asistencia financiera provista por el programa.
De esta manera, a través del programa Disability, el Estado refuerza el síntoma a la vez que demanda su cura. Se espera que el discapacitado por enfermedad mental resigne su síntoma a la vez que el sistema mismo lo refuerza. Como consecuencia, muchos de los pacientes que gozan de este “beneficio” quedan atrapados en esta situación de dependencia y cronificación en las instituciones de salud mental donde son atendidos.
Este efecto paradojal fue diagnosticado por el propio Estado en una investigación al sistema Disability realizada por la Administración del Seguro Social. Producto de las conclusiones a las que se llegó, en el año 1996 comenzó una reforma al sistema de Seguro Social. En Julio de 1996, El Consejo Nacional de discapacidad publicó un reporte llamado: Logrando Independencia: El desafío para el siglo XXI*. Este reporte sostenía que mucho de las características de Seguro Social Suplementario y del Programa Disability eran un obstáculo para la independencia de las personas con discapacidad:
“La investigación mostró que mucho tiempo dependiendo del mantenimiento económico del Estado es poco deseable por las severas limitaciones que pone a la independencia financiera y social del beneficiado. El recibir los beneficios mensuales generalmente promueve un estilo de vida de dependencia y pobreza marginal…se llego a la conclusión de que crear dependencia de los beneficios no es bueno para la política publica”. [6]

Fuente: Antroposmoderno

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2 Respuestas a “El Manejo Institucional del Síntoma

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