EL GRAN ENCIERRO


La locura va a ser silenciada en la época clásica. En el siglo XVII se crean grandes internados. En ellos se mezclan locos, pobres, desocupados, mozos de correccional… En contra de lo que podemos pensar, el Hospital General (París) no tiene ninguna relación con lo médico; es una instancia de orden, de orden burgués y monárquico, vinculada a la justicia. Instituciones de encierro proliferan por toda Europa en esta época, la práctica del encierro se generaliza, animada por la condenación de la ociosidad (no por criterios de curación), por imperativos de trabajo. La patria de la locura será el confinamiento, a partir de estas prácticas de encierro.

Los desocupados y mendigos son también recluidos, con la novedad de que se extraerá de ellos trabajo productivo. Además de disimular la miseria social, se aprovechaba como mano de obra. El criterio de trabajo y de ociosidad justifica inicialmente el espacio de la reclusión. En la ley del trabajo hay una trascendencia ética; los locos son identificados con la ociosidad, con la inutilidad social. Pero sobre todo es el criterio moral el que anima esta condena: el taller de trabajo forzado es una institución moral, encargada de castigar una ausencia ética. El criterio de productividad desaparece a lo largo del siglo XVII para dejar al descubierto el carácter represivo de estas instituciones de encierro: la moral es aquí administrada, como en otros sitios el comercio o la economía.

La locura es percibida en relación a la pobreza, a la incapacidad para trabajar, a la falta de valores éticos. La Razón y la moral funcionan como criterio de exclusión, y van a fundamentar la práctica del confinamiento. La antigua libertad de la locura acaba en la edad clásica entre cuatro paredes.

Fuente: http://www.hartza.com/locura.htm


La Diputación denuncia la manipulación de los enfermos del Hospital Psiquiátrico FERMIN GOÑI, – Pamplona EL PAÍS – España – 30-05-1981

La Diputación Foral de Navarra, a través del diputado de Sanidad y Bienestar Social, Angel Lasunción, difundió un comunicado en el que denuncia «con la máxima energia» las manipulaciones de que están siendo objeto los enfermos ingresados en el hospital psiquiátrico San Francisco Javier, de Pamplona, dos de cuyos pacientes se encuentran en huelga de hambre para reivin dicar mejores condiciones para el centro. La huelga de hambre de dos enfermos ingresados en el hospital psiquiátrico de Pamplona, Javier Cenoz e Iñaki Sánchez-Marco, ha puesto en evidencia que este centro, teóricamente destinado a enfermos mentales, se ha convertido a lo largo de los años (fue construido en 1905) en un gran asilo, en el que se encuentran hospitalizados desde hace años personas de edad avanzada sin familia, mongólicos y disminuidos físicos, junto a personas que necesitan una asistencia específicamente psiquiátrica.

En este sentido, EL PAÍS ha podido saber que una de las personas internadas lleva ingresada en el centro desde 1920.Durante una visita efectuada por los miembros que integran la comisión especial de Derechos Humanos del Parlamento Foral de Navarra, el pasado 12 de febrero, quedó de manifiesto que el centro tiene, en parte, dislocadas sus funciones, ya que a lo largo de muchos años se ha permitido que ingresaran en el hospital personas que no padecen ningún tipo de enfermedad mental. En el informe realizado por la comisión se señalaba que «la impresión que causa el actual estado del hospital psiquíatrico es realmente deprimente, y no sólo por la clase de enfermos en él internados».

Junto a esta primera impresión, el informe de los miembros de la comisión de Derechos Humanos apuntaba otras dos razones: por una parte, en el hospital psiquiátrico hay enfermos de muchas clases, muchos de ellos sin ningún tipo de problema mental («debe hacerse resaltar», señalaba el informe, «que nuestro hospital psiquiátrico se ha convertido en un auténtico asilo para personas con dolencias muy diferentes y, por supuesto, ha cumplido una función social, que, aun con deficiencias, ha solucionado numerosos problemas a personas para las que ninguna otra institución estaba prevista»), y de otra, existe en el centro un considerable deterioro de muchas de sus estancias y departamentos, hasta el punto de que el informe califica la situación como «un cierto hacinamiento de los enfermos».

Pase a otros establecimientos En función de estas dos observaciones, la comisión de Derechos Humanos establecería, como conclusiones, la necesidad de reconducir el hospital psiquiátrico, a medio plazo, a un centro exclusivamente para enfermos mentales; la urgencia para reinodelar y reorganizar el hospital, aplicando las técnicas más modernas en la programación de la vida de los enfermos, y la convenencia de mejorar las instalaciones. «La subnormalidad», establecía el informe, «los asilados por problemas exclusivamente derivados de su ancianidad, e incluso las personas que parecen estar allí por no tener un mejor lugar donde residir, deben pasar a otros establecimientos.

Estos últimos serían los que deban satisfacer las nuevas necesidades».A la vista de este informe, el diputado foral de Sanidad y Bienestar Social, Angel Lasunción, informó el pasado miércoles ante la comisión de Sanidad del Parlamento Foral, y precisó que la Diputación Foral Navarra, de quien depende el hospital psiquiátrico, tiene previsto un plan para reacondicionar el centro, en el que se contempla una reducción a seiscientos enfermos (actualmente están ingresadas novecientas personas). En este sentido, en la nota de la ponencia de la Diputación Foral de Navarra difundida ayer, en la que se hace constar que las huelgas de hambre protagonizadas actualmente por dos enfermos están siendo manipuladas por grupos ajenos a la problemática del centro, se señala que la Corporación Foral destinará este año al hospital 95 millones de pesetas, cantidad notablemente superior a la asignada el pasado año (32 millones).

En este sentido, la nota advierte que la Diputación «no va a permitir la manipulación de los enfermos del hospital psiquiátrico, y que, pese a los intentos que se producen, los familiares de los internados pueden tener la absoluta seguridad de que queda garantizada la asistencia a los enfermos en todas las áreas». A su vez, el director del centro, doctor Lizarraga, aclaró ayer, a través de una nota, que las deficiencias que se han denunciado con respecto al hospital psiquiátrico no se ajustan a la realidad, por cuanto desde hace más de tres años las instalaciones están siendo objeto de remodelación y adecentamiento «con el objeto de albergar dignamente a los cientos de personas que la sociedad no tiene capacidad para integrar».

Según el doctor Lizarraga no se debe comprometer el erario público en la construcción de un nuevo hospital psiquiátrico, sino que, «reduciendo progresiva e individualizadamente el número de pacientes que, de acuerdo con las actuales técnicas, no exijan, y una hospitalización plena y remodelando eficientemente las actuales instalaciones, se llegue a atender de forma satisfactoria a los que necesiten asistencia sanitaria». Para el director del hospital psiquiátrico existe en el centro una minoría que, «saliéndose de su función asistencial, provoca una situación de tensión y desorden que no contribuye al mejor logro en la atención de los enfermos».

Fuente: El País

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2 Respuestas a “EL GRAN ENCIERRO

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