Ahora, el síndrome postvacacional

Por BENITO FERNÁNDEZ
1-9-2006 08:43:28
Ahora, el síndrome postvacacional

VALE. Ya está bien. Dejémonos de chorradas. A las ya clásicas «olas y golpes de calor» de julio y agosto indefectiblemente le sucede en septiembre el no menos clásico «síndrome postvacacional». Ya lo veran, perdón, ya lo están viendo, Todos los periòdicos -incluído éste- dedicarán páginas y más páginas a esta pamplina y en teles y radios psicólogos, psiquiatras y analistas se dedicaran a pontificar sobre esta dolencia mental que, dicen, afecta a casi el treinta por ciento de los trabajadores que han gozado de su descanso en agosto. Ya está bueno lo bueno. Como otras muchas tonterías de la sociedad de consumo actual, lo del «síndrome postvacacional» no es sino un invento de cuatro tipos aburridos .

¿Han visto ustedes algún «síndrome postvacacional» en el parado que deja de estar en paro?¿en el negro -subsahariano, perdón- que llega a Canarias en el cayuco?¿en el morito que te vende los clinex en el semáforo? Hombre, qué duda cabe que a nadie en su sano juicio le gusta incorporarse a la vorágine laboral despues de pasar un mes a «la bartola» tumbado en la playa, pero eso no se llama «síndrome postvacacional», sino la maldición de Adán despues del caprichito de Eva con la manzana («ganarás el pan con el sudor de tu frente») y no se da en septiembre, sino en cualquier mes de año.

Digo yo que para «síndrome postvacacional» el nuestro. El de los que hemos aguantado en el trabajo más solos que la una todo agosto sufriendo las carencias de una ciudad abandonada y desierta, los que para comprar tabaco o tomarse una copa hemos tenido que recorrer media Sevilla enbusca de algo abierto, los que hemos tenido que multiplicarnos por cinco en el «curro» ante una oficina vacía en la que parecía que había una plaga de peste negra, los que nos hemos asfixiado por los calores veraniegos de esta ciudad en obras donde apenas quedan árboles bajo los que resguardarse del maldito sol, los que hemos tenido que aguantar hoyos y desplomes, cortes de tráfico y obras sin ni tan siquiera la posibilidad de cantarle las cuarenta al alcalde Monteseirín o facilitarle el mapa de Barbarroja para que encuentre de una vez el tesoro escondido en el Centro de Sevilla.

Nosotros somos los que debemos de sufrir el «síndrome postvacacional» y no los que regresan después de un mes en la playa hartos de no hacer nada, de tomar el sol, de cenar en el chiringuito y de asistir a fiestas y saraos. Porque, esa es otra, los que ahora vuelven, vienen con las pilas cargadas -han tenido tiempo de sobra para darle vueltas al coco- y pretenden imponer un ritmo demencial en el trabajo a todos aquellos que están -estamos- hartos de coles veraniegas.

De hecho yo voy a ver si me pongo en tratamiento y consigo desintoxicarme del «síndrome de la soledad» que me ha afectado todo el mes de agosto. Para ello, nada mejor que irme unos días de vacaciones. A ver si, así, me entono y vuelvo después con mi particular «síndrome postvacacional» como el resto de los mortales. Uno no va a ser menos.

bfernandez@abc.es


El síndrome postvacacional no existe

Eso del síndrome postvacacional es un invento, una manera de tonta de llamar a algo que ya es conocido y afecta a cualquiera que logre tener un poco de perspectiva sobre sí mismo:

  • Los atascos interminables con conductores dormidos al volante.
  • La gente que entra en el metro antes de dejar salir.
  • Los que se sitúan a la izquierda de la escalera y no a la derecha para dejar pasar a los que van con prisa.
  • Gallardón y su hobby de levantar las aceras cada dos meses.
  • Los martillos neumáticos y las excavadoras que le hacen el trabajo sucio a Gallardón.
  • Cinco millones de personas y varios millones de vehículos circulando por la ciudad.
  • Las ganas que te dan de empezar a matar humanos y alcaldes sin contemplaciones.
  • El jefe y el trabajo.
  • Madrugar cinco días a la semana para encontrarte con todo lo anterior.
  • Si además tienes hijos coincide con que de pronto te han recordado que desde que los engendraste al menos dos meses al año tienes que ejercer de padre porque no hay colegios ni doscientas actividades extraescolares.

El síndrome postvacacional es la realidad y solo hay dos maneras de superarlo, drogándose como hacen prácticamente la mayoría de los humanos ya sea mediante tabaco, alcohol o cualquier otra droga o alucinógeno ilegal para poder aceptar su triste síndrome postvacacional realidad o bien yéndote a vivir a una isla desierta.

Alguien que vivía en un síndrome postvacacional perpetuo y que muchos recordareis es Jack, el padre de “Infelices para siempre”, que logro crear una proyección de si mismo que se rebelaba contra la realidad sobre un conejo de peluche, el Señor Floppy.

Fuente: http://www.criandocuervos.com/?p=1295

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