VIOLENCIA EN EE.UU. Un Gulag americano

Panamá, domingo 20 de agosto de 2006

Emilio García Méndez

Todavía conservo en la memoria un tan absurdo cuanto infantil chiste de científicos locos que circulaba en mi escuela cuando era niño. A una hormiga a la que sucesivamente se le iban arrancando las patas, se la llamaba a la par que se inclinaba el plano donde se encontraba. Arrancada la última pata, ni inclinando el plano la hormiga se desplazaba cuando era llamada. Conclusión: cuando a una hormiga se le arrancan todas sus patas, se vuelve indefectiblemente sorda. En Estados Unidos algunas “investigaciones” sobre la delincuencia juvenil, se asemejan sorprendentemente a este viejo chiste infantil. Si no fuera trágico por el hecho de involucrar vidas humanas, la historia podría tener hasta su lado divertido. Recientemente, la Oficina para la Justicia Juvenil y Prevención de la Delincuencia, muy conocida por sus siglas en ingles OJJDP, ha dado a conocer una serie de investigaciones sobre lo que seguramente constituye el aspecto más grotesco de un sistema de por sí siniestro. Las cifras sobre el sistema de la justicia juvenil en EU son realmente aterradoras y los tours de funcionarios latinoamericanos para conocer el “sistema”, poseen el mismo sentido que tendrían viajes de estudio a Corea del Norte para conocer su política de derechos humanos. Pero mientras estos últimos viajes escapan hasta a la más afiebrada ciencia ficción, los primeros continúan existiendo en un contexto en que ni el humor negro podría justificarlos.

En la población americana menor de 18 años, cada año se producen 2.3 millones de arrestos por la policía, de los cuales 600 mil son efectivamente procesados y cada día, en promedio, 130 mil menores de edad se encuentran privados de libertad. A simple vista, esta última cifra debería constituir un serio indicador de altos niveles de violencia y, de hecho, de esa forma el mismo resulta interpretado. Pero también aquí, nada es lo que parece. En términos generales, en el 50% de los casos, las privaciones de libertad corresponden a delitos menores que no involucran ningún tipo de violencia. Estas cifras, que también incluyen simples hechos “antisociales” que no configuran ningún delito, trepan a más del 75% en los estados del sur. Lousiana constituye el más patético y evidente de los ejemplos de utilización de la prisión como una forma “reforzada” de política social, principalmente para adolescentes pobres y negros (perdón por la tautología). No es necesario ser un especialista en la materia para entender que cifras como éstas, impiden cualquier base de legitimidad jurídica racional de la privación de libertad. Es en la práctica de un nuevo y remozado Gulag, donde hace falta procurar las bases de la nueva legitimidad. Aunque no sea un chiste, no faltan también aquí los científicos locos para justificar el descomunal mamarracho de esta obsesión correccional.

La función hace al órgano. El National Center for Mental Health and Juvenile Justice (Centro Nacional para la Salud Mental y la Justicia Juvenil), ha financiado y puesto en circulación una serie de investigaciones según las cuales, con la misma “rigurosidad” de los científicos locos de la hormiga, se demuestra que entre el 65 y el 70% de los jóvenes privados de libertad en EU padecen algún tipo de trastorno mental. Es entonces a partir de esta “evidencia”, que se elaboran los principios para el tratamiento de los mismos. Es paradójicamente el carácter monumental de la banalidad de algunos de estos principios (otros resultan simplemente ininteligibles), lo que los hace dignos de mención. La reafirmación de que no debe utilizarse la privación de libertad como mecanismo para que los jóvenes accedan a los servicios de salud mental, la necesidad de responder y respetar (curiosa concepción del respeto considerando el contexto) las particularidades de género, etnia, orientación sexual, etc. de los jóvenes y la consideración de su especificidad (los jóvenes no son adultos en miniatura), constituyen los principios cardinales que emergen de esta sesuda investigación. Tal vez, el verdadero misterio digno de ser investigado, en el marco del gigantesco delirio de este moderno Gulag, lo constituyan ese 30% de jóvenes considerados, a contrario sensu, normales. El autor es abogado y es catedrático de la Universidad de Buenos Aires

Fuente:http://mensual.prensa.com/mensual/contenido/2006/08/20/hoy/perspectiva/708943.html

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