FAMOSOS MUERTOS O LESIONADOS POR LA PSEUDOCIENCIA PSIQUIÁTRICA o sus antepasados II parte

CIENTÍFICOS Y ARTISTAS ANTERIORES AL SIGLO XX

Jonathan Swift (1667-1745)

Jonathan_swiftJonathan Swift (1667-1745), uno de los más sobresalientes escritores de la prosa inglesa de su época, fue notorio por sus sátiras amargas e insultantes, con las cuales se lanzaba contra los individuos, contra su país y contra el mundo. Aunque se muestran breves rasgos humorísticos de la naturaleza de Swift en algunas de sus cartas personales y en sus obras, sus sátiras fueron tan amargas que algunos críticos lo tacharon de misántropo. El Conde de Orrery consideró los escritos de Swift, particularmente Gulliver’s Travels, como una “intolerable” misantropía… la representación que él nos ha dado de su naturaleza humana, debe aterrar y degradar la mente del lector al formar su opinión”.1 Martin Day estuvo de acuerdo cuando dijo: “El satirista más grande de la literatura inglesa se podría explicar, superficialmente, como un hombre enfermo para quien, como el enfermo Carlyle, todo el mundo tenía un olor desagradable”.

Swift fue el hijo póstumo de un inglés que abandonó a su familia trasladándose a Irlanda para mejorar su fortuna. Como consecuencia, Jonathan y sus cuatro hermanos fueron criados por su tío Godwin. Enfadado por su suerte como un “pariente pobre”, Swift se convirtió en un joven desagradable, cuya relación con su tío se volvió agria. A la muerte de su tío, Jonathan descubrió que había quedado fuera de su testamento. Amargado, Swift partió hacia Inglaterra y eventualmente llegó a ser secretario de sir William Temple, un pariente lejano. Se quedó con él por algunos años en forma intermitente, “leyéndole en voz alta, cuidando de las cuentas y maldiciendo su suerte”.3 Sin embargo, su actitud despectiva hacia los pedantes, considerando a Temple como uno de ellos, afectó sus relaciones con su jefe, y nuevamente quedó fuera del testamento de Temple cuando éste murió. Como resultado, Swift se amargó aún más.

Entre los años 1695-1713, Swift desempeñó las funciones de vicario de Laracor, Irlanda, y decano de la Catedral de San Patricio en Dublín, lanzando su suerte con un pueblo cuya abyecta pobreza y miseria lo afectaron mucho y que, creía él, era explotado por el gobierno británico. Por ello escribió sátiras tan mordaces como “The Drapier’s Letters” y “A Modest Proposal”.

La amargura de Swift se infiltró hasta en su vida romántica. Al ser rechazado por Jane Waring, despreció casarse con ella aunque más tarde ella accediera. Swift mantuvo una relación íntima con Esther Johnson (a quien se refiere como Stella en sus obras), alguien que evocó las más tiernas expresiones en sus cartas y escritos. Sin embargo, a pesar de que se rumoreaba que ella era su esposa secreta, no hay ningún registro de su matrimonio con ella. Según algunos críticos, como idealista práctico que era, él no quería arruinar una relación ideal por medio del matrimonio. Sin embargo, la muerte de Esther en 1728 lo dejó en un estado de desolación. Esto, junto con un eterno padecimiento de vértigo y una tendencia a los mareos, la sordera y la melancolía, intensificaron su odio hacia el mundo y su sufrimiento personal. Al final de su vida, se volvió demente y murió siendo un hombre amargado. Un artífice maestro del idioma inglés, un observador astuto de la lucha humana, un simpatizante de los menos afortunados, Swift podía haber hecho del mundo un lugar mejor, tanto para él mismo como para los menos afortunados, pero eso no fue posible. La amargura marcó su vida para siempre.

Jonathan Swift (1667-1745). Escritor político y satírico anglo-irlandés.

Su Historia de una bañera (1704) es el más divertido y original de sus escritos satíricos. En él, Swift ridiculizó con soberbia ironía varias formas de pedantería y pretenciosidad, especialmente en los terrenos de la religión y la literatura. Este libro despertó serias dudas sobre la ortodoxia religiosa de su autor, y se cree que, a causa del enfado que produjo en la reina Ana Estuardo, perdió sus prerrogativas dentro de la iglesia de Inglaterra.

El autor de la inmortal “Los viajes de Gulliver” sufrió el síndrome de Ménière que le provocaba mareos y sordera; finalmente acabaría internado en un manicomio por “pérdida de memoria y de sentido”. En sus obras deja ver un carácter amargo y huraño provocado por la enfermedad, como la propia “Los viajes de Gulliver” (1726) o en “Una humilde propuesta” (1729) donde propone que los niños irlandeses pobres podían ser vendidos como carne para mejorar la dieta de los ricos, pues con ello se beneficiarían todos los sectores sociales.

Ludwig van Beethoven (1770-1827)

BeethovenLa memoria de Ludwig van Beethoven (1770-1827) no ha podido sustraerse a la transgresión de una autopsia cumplidos 178 años de su muerte. Se la han realizado en un instituto toxicológico de Illinois, partiendo de algunos restos del cerebro y cotejándolos con un mechón de su cabello que ha recorrido medio planeta hasta subastarse en Sotheby’s como si fuera el fetiche de un dios.

Conclusión irrevocable: el compositor germano murió envenenado.No quiere decir que lo asesinaran ni que fuera víctima de un complot misterioso. Significa que Beethoven consumió demasiado plomo durante su existencia. Cien veces más del que normalmente se halla en el organismo de cualquier ciudadano contemporáneo.

El parte médico abunda en otros detalles de la salud del maestro bastante más prosaicos. Sabemos que tenía problemas estomacales desde los 20 años y que padecía ocasionales crisis depresivas.Todo ello porque un equipo internacional de eminentes toxicólogos y forenses han estudiado con rayos X los fragmentos del cráneo original. Son propiedad de un riquísimo empresario norteamericano, Paul Kaufman, que a su vez los heredó de un tío abuelo austriaco, aunque la mayor parte de los restos del compositor reposan bajo tierra en el cementerio de Viena, a unos metros de Schubert.

«La técnica de que disponemos nos permite ahondar en muchos aspectos de la salud del paciente. Además de la presencia del plomo, hemos advertido los problemas de digestión y notado un estado predominante de irritabilidad», decía el profesor Bill Walsh después de haber manoseado el mismo cerebro que alumbró la sonata Hammerklavier.

El estudio se ha realizado en el Instituto de Argonne con los mayores adelantos tecnológicos, aunque los autores de la autopsia no han querido involucrarse en las razones que dieron lugar al envenenamiento de Ludwig van Beethoven.

http://www.elmundo.es/papel/2005/12/13/ciencia/1901779.html

GEORGE CANTOR (1845-1918)

cantor Como el razonamiento de Cantor en su teoría de las clases infinitas es de tipo no constructivo, Kronecker lo consideró como una forma peligrosa de locura matemática. Creyendo que la Matemática sería llevada al manicomio bajo la dirección de Cantor, y siendo un devoto apasionado de lo que él consideraba la verdad de esa ciencia, Kronecker atacó vigorosamente “la teoría positiva del infinito” y a su hipersensible autor con todas las armas que tuvo en su mano, con el trágico resultado de que no fue la teoría de conjuntos la que cayó en el manicomio, sino el propio Cantor. El ataque de Kronecker derrumbó al creador de la teoría.
En la primavera de 1884, cuando tenia cuarenta años, Cantor sufrió el primero de aquellos completos derrumbes que se repitieron con variable intensidad en el resto de su larga vida, y que lo llevaron con frecuencia a las clínicas mentales. Su temperamento explosivo agravó su mal. Los profundos ataques de depresión le humillaban ante sus propios ojos y comenzó a dudar de la solidez de su obra. Durante un intervalo lúcido solicitó de las autoridades universitarias de Halle que le trasladaran desde su cátedra de Matemática a una cátedra de filosofía. Buena parte de la teoría positiva del infinito fue realizada en el intervalo entre dos accesos. Al restablecerse de ellos se daba cuenta de que su mente se hacía extraordinariamente clara.
Kronecker ha sido quizá excesivamente culpado por la tragedia de Cantor; su ataque fue una de las muchas causas que contribuyeron a ella. La falta de reconocimiento amargó al hombre que creía había dado el primer y decisivo paso hacia una teoría racional del infinito, y esto le hizo caer en la melancolía y en la locura. Kronecker, sin embargo, parece que fue, en gran parte, responsable del fracaso de Cantor para lograr el cargo que deseaba en Berlín. De ordinario no se consideraba moral para un hombre de ciencia realizar un salvaje ataque a la obra de un contemporáneo ante sus discípulos. El desacuerdo puede ser tratado objetivamente en las revistas científicas. Kronecker comenzó en 1891 a criticar la obra de Cantor ante sus discípulos de Berlín, y era indudable que no existía espacio para ambos bajo el mismo techo. Como Kronecker ya estaba en posesión del cargo, Cantor tuvo que resignarse y renunciar a sus aspiraciones.

http://www.geocities.com/grandesmatematicos/cap29.html

ROBERT SCHUMANN (1810-1856)

Robert-SchumannAlgunos escritores han visto estos pseudónimos ficticios como una evidencia temprana a sus problemas mentales que le llevaron en 1854 a un intento de suicidio y a su posterior confinamiento en un manicomio privado, donde permaneció hasta su muerte. Se ha especulado que Schumann padecía de maniaco-depresión con esquizofrenia y tendencias paranoicas, pero de acuerdo con el historial de su médico el Dr. Franz Richarz, el compositor murió de complicaciones de una sífilis avanzada, enfermedad que se llevó muchas vidas -incluidas las de los compositores Franz Schubert, gaetano Donizetti, Bedrich Smetana, Hugo Wolf, Scott Joplin y Fredereick Delius antes de que la penicilina fuera descubierta durante la segunda guerra mundial.

PHILLIP SEMMELWEIS (1818-1865)

SemmelweisEn 1865 se consumó la ruina del genio incomprendido. Un día de abril, mes fecundo para los genios y la creatividad, Ignaz se precipitó a la calle como un obseso. Miles de manos imaginarias lo sacudían, lo empujaban, voces silenciosas lo insultaban. Trataba inutilmente de apartar con gritos y gestos incoherentes a la multitud de alucinaciones, densa como una nube de moscas invasoras. Casi corriendo llegó a los anfiteatros de la Facultad de Medicina. Entró en la sala de autopsias. En la mesa de marmol había un cadaver seccionado y al lado un afilado escalpelo de cirugía. Semmelweis se precipitó sobre el muerto volcando sillas y chocando con alumnos y profesores. Blandió el instrumento mortal mientras pronunciaba frases inconexas. Fuera de sí golpeó, cortó, laceró los tejidos pútridos. Arrancaba trozos de carne, pedazos de músculos como si estuviese devorando a mordiscos el cadáver. Ante el horrendo espectáculo, nadie osaba moverse, nadie osaba detener al médico enloquecido que parecía querer hacer una demostración terrorífica de cómo la cirugía podía ser similar a la antropofagia y el noble arte, a un impuro descuartizamiento. Tal vez en los recovecos de la locura brillaba una última chispa subersiva. Ignaz parecía gritar: “Esto es lo que significa su ciencia, sin la desinfección, la higiene, la asepsia. Baja carnicería y putrefacción”. Núnca se sabrá si fue un gesto voluntario, némesis, castigo invocado o un error fatal. Semmelweis hundió la hoja y la mano en una cavidad del cadáver colmada de humores y se cortó profundamente los dedos. Skoda, amigo y maestro, avisado del accidente, acudió enseguida a Viena. Cargó en un coche al médico, infectado a muerte como las parturientas y como Kolletscha, cuyo final le había sugerido la causa de la fiebre puerperal. Primero Skoda penso en realizar una operación y luego, ante el estado terminal del enfermo, consideró que la única posibilidad era internarlo en el manicomio de Viena. Allí Ignaz Semmelweis murió dos veces. Primero se apagó la mente, precipitada en un mundo poblado por presencias invisibles, tal vez esos mismos microbios que mataban y que había combatido durante toda su vida. Luego el cuerpo marchito, después de tres semanas de sufrimiento, se descompuso en humores y miasmas pútridos. La infección de lento recorrido no le habría ahorrado ninguna enfermedad, desde la pleuritis hasta la peritonitis. un tufo repugnante invadió la gris habitación del manicomio. Así se fue, con el cerebro y el cuerpo en putrefacción, el precursor incomprendido y perseguido de la asepsia. Había tenido el valor de violentar las columnas de Hércules de la ciencia oficial y entrar solo en el mundo invisible. Cincuenta años después, Pasteur, al demostrar de manera científica la existencia de la realidad microbiana, le reconoció a Semmelweis el descubrimiento del principio antiseptico. Gracias al curador herido, que no toleraba la muerte de los pacientes, se cortó otra cabeza de la Hidra.

http://www.neuralterapeuticum.org/biografiasCCB/detalles.aspx?id=11

http://www.elpartoesnuestro.es/index.php?option=com_content&task=view&id=245&Itemid=45

VICENT VAN GOGH (1853-1890)

Van_GoghLa toxicidad del ajenjo es conocida desde hace largo tiempo. En Francia y Estados Unidos, entre otros países, fue prohibida su fabricación y venta al comprobarse que el alcoholismo derivado de su consumo producía, además, una serie de síntomas de degeneración psíquica no atribuibles exclusivamente a su contenido alcohólico, y que se denominan médicamente como “absintismo”. La intoxicación aguda por absenta se caracteriza por crisis de agresividad y alteraciones respiratorias; mientras que la intoxicación crónica produce alteraciones de la sensibilidad y del psiquismo. En el siglo XIX, el beber absenta era una cosa relativamente frecuente entre artistas y vagabundos. Pintores tan famosos como GAUGUIN, TOULOUSE-LAUTREC y VINCENT VAN GOGH eran «absinticos». Es sabido que el genial holandés murió desquiciado en un centro psiquiátrico debido a una esquizofrenia. El Dr. ARNOLD, de la Universidad de Kansas opina que VAN GOGH tenía una adicción patológica al ajenjo, al alcanfor y a la trementina (que contienen todos ellos gran cantidad de terpenos), y que posiblemente esta fue una de las causas de su tormentosa vida y de su suicidio.

http://www.portaldelmilenio.com.ar/editorial/aceites/

http://www.vggallery.com/visitors/major/navarro/07.htm

GUY DE MAUPASSANT (1850-1893)

maupassant
Algunos críticos han creído reconocer en Le Horla las claves ocultas de una confesión autobiográfica, de acuerdo con una tradición que presenta los relatos fantásticos de Maupassant como presagio, manifestación o exorcismo del estado mórbido del escritor. Es sabido que Maupassant enfermó de sífilis en su juventud y ésta le provocó crecientes transtornos mentales en los últimos años de su vida, que culminarían en la locura, el internamiento en la clínica del doctor Blanche y su suicidio en 1893, a la edad de cuarenta y tres años.

OSCAR WILDE (1854-1900)

wildeLa homosexualidad de Wilde pareciera tener dos dimensiones, a cual más problemática y llena de riesgos. Bien podemos decir que es la primera víctima de la homofobia burguesa, pero también de aquella ajustada y apremiada por la racionalidad excesiva que ha caracterizado toda la época moderna. La racionalidad burguesa no aceptará nunca al homosexual pues éste está en contra de todos sus más caros principios: la familia por ejemplo, para la salud de la cual es necesaria la reproducción; la sexualidad displicente y mecánica, para la cual el cuerpo femenino no es asunto de las mujeres sino de la burguesía, que lo concibe como el depositario cierto de su visión material y espiritual del mundo. Por eso es que la rebeldía feminista en gran parte empieza por el rescate y recuperación de su propio cuerpo7.Todo el basamento judeo-cristiano, sobre el cual reposa la moral burguesa, cruje ante la presencia insolente y vanagloriosa de un homosexual como Óscar Wilde. Hitler, Stalin, Somoza, Duvalier, todos los grandes dictadores de nuestra época persiguieron y aniquilaron cualquier brote de homosexualidad en sus sociedades. Y la reina Victoria, entre otros tiranos, les enseñó cómo hacerlo. Rodeado de un séquito sumiso e incondicional de burócratas y policías, el dictador, el tirano, sea éste hombre o mujer, quiere controlar todos los detalles del funcionamiento de su sociedad. Y no hay cosa más difícil de controlar que la sensualidad, el erotismo, las espontaneidad de las pasiones. Éstas son increíblemente subversivas, trátese de una pareja homosexual o heterosexual. Resulta que la burguesía descubrió al individuo pero le negó su individualidad, de tal forma que su sexualidad es un asunto social, no lo es privado. Un homosexual entonces es un individuo marginal, un enfermo, que debe ser aislado para proteger la individualidad de los otros, aunque ese individuo en particular, deba ser eliminado. Aquí se trata de una decisión, como bien puede verse, muy civilizada, prendida del sano objetivo de proteger la «salud mental» del grupo, el cual, a la larga, para la burguesía, es simplemente una suma de individuos, no de individualidades, como ya anotamos.

http://www.andes.missouri.edu/andes/Especiales/rqwilde/rqm_wilde1.html

Lockwood tuvo el último turno de palabra en el juicio y la utilizó para describir lo que Wilde vería como una “horripilante denuncia“. Después de 3 horas de deliberación el jurado volvió con su sentencia: culpable de todos los cargos excepto los relacionados con Edward Shelley. Wilde se tambaleó ligeramente en el banquillo de los acusados con semblante triste.
Los juicios contra Wilde provocaron que las actitudes públicas hacia los homosexuales se volvieran más severas y menos tolerantes. Mientras que antes de los juicios había cierta compasión por los homosexuales, después de los procesos fueron vistos como amenazas. Pero tuvo otras consecuencias. Provocaron que el público empezara a asociar arte y erotismo homosexual; mismas relaciones sexuales vistas como inocentes antes de los juicios se tornaron sospechosas después. Gente con parecidas relaciones aumentaron su ansiedad, preocupados de hacer nada que pudiera parecer improcedente.
Wilde pasó dos años en prisión, los últimos dieciocho meses en Reading Coal. Quedó escarmentado y en la bancarrota pero no amargado.

http://estanoesmivida.blogspot.
com/2005/11/los-juicios-contra-oscar-wilde.html

Oskar Panizza (1853-1921)

PanizzaLeopold Hermann Oskar Panizza (1853 – 1921), psiquiatra alemán, dramaturgo, poeta, ensayista y editor, fue de los autores que más sufrió la censura impuesta por Guillermo II. Su obra más conocida fue la tragicomedia El concilio del amor Das Liebeskonzil (1894) , por la cual fue condenado a prisión por delitos de blasfemia. Tras salir de la cárcel vivió en el exilio, entre Zurich y París, donde su salud mental fue deteriorándose paulatinamente. Pasó los últimos años de su vida en Alemania, en una residencia psiquiátcia en Bayreuth.

Después de la publicación de su texto Das Liebeskonzil (“El concilio del amor”, 1894), en el que ofrecía una sarcástica y grotesca visión de la mitología cristiana, ridiculizada a través de sus principales personajes, Dios, Jesucristo y María, fue acusado de pornografía y de blasfemia y condenado a un año de cárcel. Tras esto, Panizza fue a Zurich, donde creó la editorial “Zürcher Diskußjonen”.

En 1895 escribe un ensayo, Der Illusionimus und die Rettung der Persönlichkeit, en el que se sitúa cercano a las tesis filosóficas de Max Stirner (de hecho, el texto está dedicado “a la memoria de Stirner”), en el que desarrolla la tesis de la espectralidad del pensamiento. A partir de las premisas stirnerianas se propone en el mismo una imagen del mundo como perpetua alucinación. La conclusión a la que llegará Panizza será “si no destruimos el pensamiento, el pensamiento nos destruye”, en la línea de lo sugerido en algunos cuentos, como Die Menschenfabrik (“La fábrica de hombres”), de 1890 o Die gelbe Kroete (“El sapo amarillo”), de 1896.

Hacia 1898 se instala brevemente en París, de esta breve estancia surgirá una última colección de poemas, Parisjana, publicada un año más tarde, pero las dificultades económicas le hacen regresar a Alemania en abril de 1901, donde es detenido y al cabo de unos meses liberado, regresando a París, donde residirá por tres años. Aparte de estas obras, editará entre 1897 y 1902 también 32 números del periódico Zürcher Diskußionen, dedicado a la “vida moderna”, en el que él mismo escribirá numerosos artículos bajo los pseudónimos de “Hans Kirstemaecker”, “Louis Andrée”, “Hans Detmar” y “Sven Heidenstamm”.

Regresa a Munich en 1904, y tras un fallido intento de suicidio, es arrestado de nuevo en octubre de 1904 (por ir semidesnudo por la calle) y en 1905 es internado en el hospital mental Sankt Gilgenberg, posteriormente residió en el sanatorio Herzoghöhe de Bayreuth, de 1906 hasta su muerte el 28 de septiembre de 1921, probablemente mantenido por su familia.

En sus textos atacó al estado, la autoridad, las iglesias y los conceptos morales de la sociedad.

http://es.wikipedia.org/wiki/Oskar_Panizza

Parece ser que también contrajo la sífilis en su juventud, y aunque era un loquero del siglo XIX, seguro que eligió dicha especialidad por sus antecedentes familiares de locura, abandonó la profesión y se dedicó al teatro y la literatura, sufrió en sus propias carnes, su antiguo “oficio”, y acabó muriendo en el manicomio.

Extracto de “El concilio del amor”, diálogo entre María y el demonio, por esto le condenaron a un año de prisión:

“MARÍA. – ¿Y esta casta belleza, estos ojos incom­parables, esta promesa de voluptuosidades no conocidas, esta bondad y esta piedad sobrenatu­rales, todo esto, dime, es lo que va a envenenar y destruir a los hombres?

EL DIABLO (con firmeza). – ¡Sí, esto es!

MARÍA. -¿Pero cómo es posible?

EL DIABLO (mordaz). – ¿Posible? La fuerza del ve­neno que contienen sus venas es tal, que a aquel que se atreva a tocarla se le pondrán los ojos, quince días más tarde, como bolas de vidrio. ¡Hasta los pensamientos han de coagulársele! Después, su esperanza bostezará como un pe­jerrey disecado. Seis semanas más tarde, al con­templarse el cuerpo, se preguntará: ¿pero éste soy yo? Se le caerá el cabello, se le caerán las pestañas y también los dientes; sus articulacio­nes y su mandíbula perderán toda solidez. Al cabo de tres meses tendrá toda la piel agujerea­da como un colador, e irá de vidriera en vidriera buscando el medio de procurarse una nueva piel. La desesperación, además de invadirle el alma, goteará de su nariz como un moquillo hediondo. Sus amigos se sacarán los ojos entre sí, y aquel que esté en la primera fase se burlará del que haya llegado a la tercera o cuarta. Un año más tarde, la nariz se le caerá en la sopa, y saldrá a comprarse otra nariz, ¡pero de caucho! Luego cambiará de casa y de empleo. Se volverá com­pasivo y sentimental; será incapaz de matar una mosca. Se hará moralista, jugará con los bichitos al sol y envidiará la suerte de los árboles en la primavera. Si es protestante se hará católico, y viceversa. Así que pasen dos o tres años, su hígado y demás vísceras han de parecerle ladri­llos, y no pensará más que en alimentos muy li­vianos. Luego le vendrá comezón a un ojo; tres meses más tarde, éste se le cerrará. Al cabo de cinco o seis años, su cuerpo empezará a estre­mecerse y a arder como un fuego de artificio. Todavía podrá caminar, pero ha de mirar, in­quieto, hasta cuándo sus pies habrán de sostener­lo. Poco tiempo después preferirá quedarse en cama, pues el calor le sentará bien. Un buen día, al cabo de ocho años, se arrancará un hueso de su propio esqueleto, lo olfateará y lo arrojará, horrorizado, a un rincón. Entonces se volverá re­ligioso, muy religioso, cada vez más religioso; gustará de los libros encuadernados en piel, con cantos dorados y provistos de una cruz. Diez años después, ya podrida la osamenta, estará como re­machado a su cama, bostezando, con el hocico abierto hacia el techo, interrogándose sobre el porqué de las cosas, y ha de morir, por fin… Su alma, entonces, os pertenecerá.

MARÍA (volviéndose, asqueada). – ¡Puf!”

Del compilado “El humor negro en la literatura”, tomo I:

“En El Concilio del Amor, el alemán OSKAR PANIZZA (1853-1921) reúne a los personajes celestiales que, eno­jados por los pecados de Alejandro VI, Borgia y sus compatriotas, encomiendan al Diablo la invención de un castigo ejemplar. El demonio crea una bellísima mu­jer, que desencadenará la sífilis sobre la Tierra.”

Psychopathia Criminalis con el subtitulo “Instrucciones para dilucidar psiquiátricamente y determinar científicamente las enfermedades mentales reconocidas como necesarias por la corte. Para médicos, profanos, juristas, custodios, oficiales administrativos, ministros, etc”. En la que ridiculizaba a los procuradores alemanes, los mostraba sedientos de persecuciones, infectados por una enfermedad política que se habría adueñado del pueblo alemán.

Extracto del libro

Magnan en Francia, y Krafft-Ebing y Schüle aquí, en Alemania, han clasificado recientemente como una enfermedad mental de acuerdo a su número y diversidad de la sustancia, la organización de ello en un sistema estable, y de hecho, no debe haber psicosis o de una variedad ya encontrada en un lugar que le corresponde en este sistema. Es por esta razón que el lector no va a aprender con cierta sorpresa, y tal vez incluso con ira, el anuncio de que será aquí donde tenga que hacer frente a una nueva enfermedad mental y por lo tanto a un nuevo término. Si, a pesar de esto, voy a introducir la construcción doctrinal una nueva forma de morbilidad psiquiátrica, Psychopathia Criminalis, lo hago con la convicción inquebrantable de que se trata de una operación que debe ser realizada sobre la base de un abundante material documental de carácter claramente forense y lo hago a sabiendas de que los avances científicos y subdivisiones propuestas por la mayoría de los libros de texto no es, desde este punto de vista, una diferencia obvia …

Contraportada

“Sin embargo, el estudio de la historia, encontró que pocos hombres tienen tal anormalidad – y sus seguidores les llaman” iluminados”- han proporcionado el material combustible que provocó el movimiento popular”. Al estudiar estas cifras, Oskar Panizza (1853-1921) cree que ha identificado y aislado con certeza científica una forma virulenta y morbosa, la psicopatía criminal, de hecho, un apelativo que los demócratas veteranos sufren de manera congénita y a la que los pensadores , los ideólogos y artistas en general, a su vez, atacó. Con el fin de erradicar este germen maligno generalmente los gobiernos recurrieron a la horca y la cárcel. Con un equipo de fiscales, jueces y psiquiatras expertos capacitados, sin embargo, estos individuos podrían ser declarados “enfermos mentales” y ser internados por su estado mental. “El tratamiento templado en los baños de tina, el aislamiento en calma, el canto de un ruiseñor por encima de los barrotes – un poco de hiosciamina y un poco de bromuro de potasio – y la visión política de todos los internados “crecerá de manera significativa”.

La simplicidad que presenta esta sátira política, su contexto histórico tan proféticamente fungible, la realidad ominosa proyectable en el tiempo y también diferente y distante entre sí, las contradicciones inquietantes que surgen del pensamiento de este escritor alemán obligado a convertirse en un “anarquista” de pensamiento, son elementos desafiantes de la lectura de Psychopathia Criminalis (1898).

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