EL DSM-IV Y LAS PARAFILIAS: UN ARGUMENTO PARA SU RETIRADA

Charles Moser, Ph.D., M.D. Instituto en Estudios Avanzados de Sexualidad Humana San Francisco, California Peggy J. Kleinplatz, Ph.D. Universidad de Ottawa Ottawa, Ontario, Canadá Originally published in: Revista de Terapia Sexual y de Pareja, Número 19, Agosto 2.004, paginas 31-56

En el DSM se indica que es difícil definir tanto el trastorno mental como la salud mental. No obstante, el texto define un trastorno mental “asociado actualmente con angustia… o discapacidad… o riesgo significativamente incrementado de muerte, dolor, discapacidad o una importante pérdida de libertad” (APA, 2000, p. xxxi). Los individuos que realizan muchas actividades.comunes (ej., buceadores, poseedores de armas de fuego, escaladores, habitantes de muchas grandes ciudades y criminales) también sufren alto riesgo de muerte, dolor, discapacidad o pérdida de libertad, pero no están diagnosticados de trastornos mentales. Esta aparente contradicción demuestra que el contexto social puede afectar la aplicación de esta definición. Para clarificar la definición el DSM establece posteriormente “Ni el comportamiento desviado (ej., político, religioso o sexual) ni los conflictos que hay fundamentalmente entre los individuos y la sociedad son trastornos mentales a menos que la desviación o el conflicto sea un síntoma de disfunción en el individuo, tal como se describe arriba” (2000, p. xxxi). Existe la preocupación de que los diagnósticos psiquiátricos puedan ser utilizados de forma inapropiada para perjudicar a los discrepantes; al menos en algunos lugares, los criminales tienen más derechos y credibilidad que los pacientes psiquiátricos. La afirmación inicial se añadió para evitar que las actividades impopulares o ilegales recibieran la etiqueta de enfermedad mental, pero la última proposición permite al clínico obviar esta distinción. El DSM no define la sexualidad saludable y mucho menos el temperamento, los pensamientos o las personalidades saludables. Desgraciadamente, no se conoce el rango de comportamiento sexual “saludable”, creando así brechas potenciales en el proceso diagnóstico. Se supone que el DSM ha de ser interpretado por un clínico objetivo y experimentado. Sin embargo, sin el consenso de la literatura científica, los clínicos se ven a menudo forzados a fiarse de sus propias evaluaciones subjetivas. El problema que estamos tratando es que al involucrarse en conductas “parafílicas” el participante se convierte a priori en un candidato para el diagnóstico. Además, cuando los individuos tienen intereses sexuales poco frecuentes, hay a menudo la especulación de que cualquier otro problema presente está relacionado con su sexualidad. Cuando una conducta per se conlleva un diagnóstico, entonces, por definición, la conducta es sintomática del desorden. Esta confusión impide ver que, al menos para una parte de los individuos, sus conductas sexuales específicas son expresiones de una sexualidad saludable y que los benefician. El hecho de que algunas conductas sexuales específicas sean socialmente inaceptables o ilegales es y debería ser irrelevante para el proceso diagnóstico.

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El caso especial de la pedofilia El rechazo social y político que rodea el diagnóstico de pedofilia es tan dominante que es necesario hacer de forma explícita comentarios acerca de este interés sexual específico. Los pedófilos ocupan una posición particularmente odiosa en nuestra sociedad y la sugerencia de que estos individuos no sufren de trastornos mentales puede interpretarse como un apoyo a sus actividades. Queremos dejar claro que nuestra sugerencia de eliminar las parafilias, incluida la pedofilia, del DSM no significa que los actos sexuales con niños no sean crímenes. Podríamos argumentar que la eliminación de la pedofilia del DSM centraría la atención en ios aspectos criminales de estos actos y no permitiría que los criminales adujeran enfermedad mental como defensa o que la utilizaran para mitigar su responsabilidad criminal. Los individuos acusados de estos crímenes deberían ser castigados según lo establecido por las leyes en la jurisdicción en que ocurren los crímenes. Cualquier interpretación de que nuestro trabajo apoya la interacción sexual adulto-niño es desviada y errónea.

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Conclusión

Esta crítica no exploró todos los problemas de la sección de las parafilias. Se encontraron muchas más de las que se pueden documentar aquí. Es obvio que esta categoría diagnóstica no cumple los criterios para su inclusión establecidos en el propio texto; sus fundamentos son deficientes, los criterios para el diagnóstico no tienen apoyo y sus aplicaciones están sujetas a mal uso y a abuso. Hay dos soluciones posibles: una revisión importante de esta sección o la eliminación completa de esta clasificación. Se han propuesto alternativas a la actual categoría de parafilia (ver Moser, 2001, por ejemplo), pero la discusión de estas alternativas está más allá del alcance de este documento. Si los editores del DSM eligen revisar esta sección necesitarán cambiar la definición de trastorno mental, de parafilia o de ambas, corregir las afirmaciones factuales, ajusfar los criterios para la inclusión de un diagnóstico y añadir salvaguardas para evitar el mal uso del diagnóstico. Aunque es una solución radical, estamos en este momento a favor de la eliminación de la categoría completa del DSM como el remedio más apropiado para el problema subrayado. En este momento hay individuos diagnosticados de parafilia que están buscando psicoterapia. Creemos que otras características psicológicas describen a estos individuos y sus preocupaciones de forma más precisa que sus intereses sexuales. No son sus intereses sexuales, sino la forma en que los manifiestan lo que puede ser problemático a veces y este es un foco más adecuado para la psicoterapia. Un principio orientador en medicina es el dicho “En primer lugar, no hagas daño.” La confusión entre ¡os intereses sexuales diferentes y la psicopatología ha llevado a la discriminación contra todos los “parafílicos”. Hay personas que han perdido sus trabajos, la custodia de sus hijos, autorizaciones de seguridad, que han sido víctimas de asalto, etc., debido, al menos en parte, a la asociación de su conducta sexual con la psicopatología. Este no es un problema nuevo para la psiquiatría. En los últimos 100 años, la consideración de otras conductas sexuales como patológicas (por ejemplo, masturbación, “ninfomanía”, homosexualidad), ha causado desgracias sin cuento. Los juicios deberían hacerse sobre la base de la ciencia más que sobre la moralidad que es popular en el momento de una edición determinada. Es el momento de volver a evaluar rigurosamente la sección de parafilias del DSM.

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