Créale otra vez a su neurótica, doctor Freud

Créale otra vez a su neurótica, doctor Freud


Katharina tenía 18 años cuando, en las vacaciones de mil ochocientos noventa y pico, Sigmund Freud dice haber hecho una excursión a los Alpes. “Para olvidar por un tiempo la medicina y, en particular, las neurosis”, el creador del psicoanálisis había elegido la montaña. Allí conoció a Katharina, sobrina de la posadera del lugar. Enterada la joven de la profesión del barbudo visitante, se le acercó para consultarlo. “Siento una opresión en los ojos, la cabeza se me pone pesada y me zumba, me mareo, creo que me voy a caer. Después, se me oprime el pecho y la garganta. Me falta el aire, creo ahogarme. Siempre me parece que alguien está detrás y me agarrará de repente. Cuando tengo el ataque veo un rostro horripilante. Me mira tan espantosamente que me aterra”. Así comienza la única consulta que, según Freud, Katharina le hiciera. El historial clínico es uno de los publicados en los Estudios sobre la histeria de 1893-95.

La joven continúa con su narración, veces interrumpida por alguna pregunta o pedido de aclaración por parte de Freud. El primer ataque de angustia la había invadido a los 16 años, cuando vio al tío acostado con su sobrina Francisca. “Hace dos años, unos señores habían ascendido al monte X- donde vivía en aquel entonces- y pidieron de comer. La tía no estaba en casa, y a Francisca no se la encontraba por ninguna parte; era la que siempre cocinaba. Tampoco se hallaba al tío. Buscamos por doquier y entonces Alois, mi primo, dice: Al cabo, Francisca está con mi padre”. Con mucha dificultad, Katharina

sigue relatando el hecho traumático mientras Freud trata de comprender. Ella logra contarle a su tía lo que había descubierto. Luego de escenas matrimoniales “afligentes”, la tía decide dejar la posada del monte X para mudarse, con sus hijos y sobrinas, al lugar actual. El tío queda con Francisca, que estaba embarazada. El relato de Katharina continúa. A los 14 años hizo con el tío una excursión al valle y pernoctaron en una posada. Ella tuvo sueño y se fue a dormir, mientras él se quedó en el salón bebiendo y jugando a las cartas. “No dormía muy profundamente cuando el tío subió; después se volvió a dormir, y, de repente, se despertó sintiendo el cuerpo de él en la cama. Se levantó de un salto y le hizo reproches: “¿Qué haces, tío? ¿Por qué no te quedas en tu cama?”. El intentó engatusarla: “Anda, muchacha tonta, quédate quieta; tú no sabes qué bueno es eso”. “No me gusta lo bueno de usted, ni siquiera dormir la dejan a una”. Katharina permaneció de pie junto a la puerta, lista para escapar al pasillo, hasta que él desistió y se durmió a su vez”. Esa no fue la única ocasión en que “el tío la asediaba sexualmente”. Katharina debió defenderse de otros acosos sexuales y de amenazas de castigo.

En 1924, Freud agrega a este historial clínico una nota a pie de página: “Después de tantos años, me atrevo a infringir la discreción antes observada y a indicar que Katharina no era la sobrina sino la hija de la hospedera. Vale decir que la muchacha había enfermado a raíz de unas tentaciones sexuales que partían de su propio padre. Una desfiguración como la practicada por mí en este caso debería evitarse a toda costa en un historial clínico. Naturalmente, no es tan irrelevante para entenderlo como lo sería, por ejemplo, el traslado del escenario de un monte a otro”.

También en los Estudios sobre la histeria, cuando Freud escribe sobre el caso Elizabeth, figura el breve historial de Rosalía, de 23 años. Consulta porque a ella, que está formándose como cantante, su bella voz no la obedece en ciertas escalas. Siente que se ahoga y una opresión en la garganta provoca que las notas suenen como estranguladas. “Huérfana a edad temprana, había sido recogida en la casa de una tía que tenía muchos hijos, viéndose forzada, pues, a participar de una vida familiar en extremo infeliz. El marido de esta tía, un hombre de personalidad evidentemente patológica, maltrataba a su mujer y a los niños de la manera más brutal y, en particular, los afrentaba con su desembozada predilección sexual por las muchachas de servicio y niñeras que vivían en la casa, lo cual se volvía más y más chocante a medida que los hijos crecían. Cuando la tía falleció, Rosalía se convirtió en la protectora de ese grupo de niños huérfanos y oprimidos por el padre. Tomó en serio sus deberes y libró todos los conflictos que ese puesto le marcaba, pero debía hacer los mayores esfuerzos para sofocar las exteriorizaciones de su odio y su desprecio hacia el tío. Fue entonces que se generó en ella la sensación de opresión en la garganta”. Rosalía debía callar su indignación y silenciar sus protestas. Como, a diferencia de Katharina, tuvo con Freud un tratamiento más largo, apareció en una sesión otro síntoma, un particular movimiento en la punta de los dedos que no podía controlar. A raíz de esto, le relata a Freud una serie de recuerdos más remotos . Uno es de los primeros años de su adolescencia. Y el creador del psicoanálisis escribe: “El tío, que padecía de reumatismo, le había pedido que lo masajeara en la espalda. Ella no se atrevió a rehusarse. Yacía él mientras tanto en la cama; de pronto se destapó, se levantó, quiso atraparla y voltearla. Desde luego, ella interrumpió los masajes, y un momento después había huido a refugiarse encerrándose en su habitación”. En 1924, Freud agrega una nota al pie al breve historial de Rosalía: ” También aquí era en realidad el padre, no el tío”.

Varias cosas llaman la atención en estos trozos del texto que Freud escribiera entre 1893 y 1895, cuando empezaba a nacer el psicoanálisis. Una es el haber disfrazado, tanto en el caso de Katharina como en el de Rosalía, a un padre de tío. Si de encubrir datos reales se trataba, para evitar que su paciente fuera identificada, el creador del psicoanálisis sabía cómo hacerlo. Encubrir es, como él mismo lo sugiere, cambiarle de nombre al monte donde la paciente vivía o decir que era una campesina cuando en realidad podía tratarse de una dama perteneciente a la sociedad vienesa. Pero cambiar a un padre por un tío era una distorsión que trastocaba el significado de los hechos, y Freud lo sabía. Por eso, en 1924 agregó en los dos casos clínicos el dato real, aunque sin explicar el por qué de su error anterior.

TEORÍA DE LA SEDUCCIÓN

Como consecuencia de su tarea psicoterapéutica, Sigmund Freud elaboró una teoría según la cual el recuerdo de los abusos sexuales padecidos en la infancia por parte de adultos provoca neurosis. El 21 de abril de 1896 la expuso en una conferencia dada en la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de Viena, afirmando que 18 casos clínicos- seis hombres y doce mujeres-sustentaban su hipótesis. Katharina y Rosalía se encontrarían seguramente entre ellos. La conferencia fue casi textualmente escrita luego en un trabajo de 1896 que Freud denominó La etiología de la histeria. Los abusos sexuales, afirmaba, eran cometidos por adultos extraños a las criaturas sin el consentimiento de ella y con una secuela de terror inmediata a la vivencia. Otras veces, la persona adulta era cuidadora del niño. “Niñera, aya, gobernanta, maestro, y por desdicha también, un pariente próximo”. Sus oyentes en aquella conferencia, todos expertos en patología de la vida sexual, se mostraron escépticos e incrédulos. Unos días después, Freud le escribe a Fliess, su mejor amigo en aquel entonces: “La conferencia tuvo una recepción gélida por parte de los asnos y un juicio singular por parte de Krafft-Ebing, quien dijo: Suena como un cuento de hadas científico”. El resultado fue que, a pesar de sus ironías, el creador del psicoanálisis se sintió marginado y muy preocupado por no recibir nuevos pacientes. En septiembre de 1897, en otra carta a Fliess, le expresa que no puede seguir sustentando la teoría de la seducción. “Ya no creo más en mi neurótica”, escribe, y fundamenta su descreimiento en la “imposibilidad de acusar al padre de perverso”, inclusive al suyo, y en que considera poco probable que la perversión contra los niños esté tan difundida. Cree ahora que el relato de sus pacientes se apoya en un falso recuerdo, producto de sus fantasías. Poco tiempo después, elabora la teoría del complejo de Edipo, en la cual el seductor pasa a ser el niño. Uno de los padres es objeto de amor y el otro, el rival, objeto del odio infantil en el conocido y popular triángulo edípico. Los celos y el sentimiento de exclusión dominan la escena. A pesar de esto, en 1924 también decía que no todo lo que había escrito sobre el abuso con niños merecía rechazo y que la teoría de la seducción tenía una cierta significación para la etiología de las neurosis. Como ya vimos, fue también en 1924 que Freud hizo las dos notas al pie de página en los historiales de Rosalía y Katharina, aclarando que, en ambos, el abusador no había sido el tío sino el padre.

Si cuando Freud publicó los Estudios sobre la histeria sostenía con tanta certeza la teoría de la seducción ¿qué razones lo movieron a efectuar un ocultamiento que trastocaba de manera tan fundamental el significado de los hechos y oscurecía la comprensión de las causas de una patología? Según Masson, tal distorsión fue el recurso utilizado por Freud para convencer a Breuer de publicar conjuntamente los Estudios, ya que a éste le repugnaba la tesis freudiana de que la histeria fuese causada por seducciones sexuales sufridas en la infancia. Hasta es posible que Freud no haya querido identificar al padre de Katharina por un expreso pedido de Breuer. Pero, aún siendo acertada la hipótesis de Masson, es innegable que en Freud se sumaba su propia resistencia, que también queda al descubierto en la teoría de la seducción, por la cual lo traumático no son los hechos de la niñez sino su recuerdo durante la adolescencia, idea que minimiza la gravedad del abuso. Por otra parte, en la nota a pie de página al historial de Katharina, el creador del psicoanálisis utiliza la palabra “tentación”, sugiriendo así que la hija se sentía atraída por el padre, mientras que no era esto lo manifestado por ella. Es que también para Freud debía ser conflictivo el cuestionamiento de la mítica “santa” paternidad. Por otra parte, en los momentos que el psicoanálisis nacía, su creador estaba solo. La comunidad científica de esa pequeña Viena en la que todos se conocían rechazaba sus afirmaciones llamándolas, por ejemplo, “cuentos de hadas”. Breuer dejaba de acompañarlo en los descubrimientos y Fliess no era un interlocutor válido. Aunque Freud nunca terminara de renunciar a la teoría de la seducción, tampoco la reivindicó explícitamente, mientras los psicoanalistas dejaron, en su mayoría, de hablar de ella. Había que encontrar a Edipo a toda costa, aunque hubiera que forzar a las histéricas a entrar en un nuevo lecho de Procusto.

FERENCZI: LENGUAJE DE TERNURA Y LENGUAJE DE PASIÓN

En 1932, Sándor Ferenczi abrió el XII Congreso Internacional de Psicoanálisis con la ponencia Confusión de lengua entre los adultos y el niño: “Nunca se insistirá bastante sobre la importancia del traumatismo y en particular del traumatismo sexual como factor patógeno. Incluso los niños de familias honorables de tradición puritana son víctimas de violencias y violaciones mucho más a menudo de lo que se cree. Bien son los padres que buscan un sustituto a sus insatisfacciones de forma patológica, o bien son personas de confianza de la familia (tíos, abuelos), o bien los preceptores o el personal doméstico quienes abusan de la ignorancia y la inocencia de los niños”, dice Ferenczi. Más adelante afirma que esos adultos con predisposiciones patológicas, confunden los juegos y conductas de los niños con los deseos de una persona sexualmente adulta, confusión que los lleva a abusar sexualmente de las criaturas. El niño puede intentar protestar, pero a la larga es vencido por la fuerza y la autoridad aplastante del adulto. Llevado por el temor y la indefensión, la criatura se doblega a la voluntad del agresor y lo introyecta, para poder seguir sosteniendo con él un vínculo de ternura. A este mecanismo de defensa mental Ferenczi lo llama “identificación con el agresor”.

El trabajo, publicado en alemán en 1932, fue traducido y editado en inglés recién en 1949 por Balint. Ferenczi murió en mayo de 1933, con la promesa de Ernest Jones -el biógrafo de Freud- de publicarle el trabajo en la International Journal of Psyco-Analysis. Según investigaciones de Masson, en junio de ese mismo año Jones le escribía a Freud una carta en la que le decía, entre otras cosas, que veía contraproducente publicar, ahora que Ferenczi había muerto, su último artículo, ya que sería un perjuicio y un descrédito para el propio autor. Y agrega: “Sus postulados científicos y sus declaraciones sobre la práctica analítica no constituyen más que una sarta de errores que solamente sirven para desacreditar al psicoanálisis y dar pábulo a sus enemigos”. No se conoce la respuesta de Freud a Jones, pero el hecho es que el trabajo póstumo de Ferenczi recién se publicó en 1949. Parecía repetirse lo sucedido en aquella primavera vienesa de 1896, cuando Freud leía su trabajo sobre la etiología de la histeria ante la escucha desvalorizadora de sus colegas médicos. Por otra parte, como dice Alice Miller, los dogmas no pueden rebatirse. Se alimentan del miedo de sus partidarios a ser excluidos del grupo que sostiene esos dogmas. Quien los desafía y se pone en actitud crítica, corre el riesgo del ostracismo.

EL COMPLEJO DE CASANDRA

Un día que Casandra – hija de los reyes de Troya Hécuba y Primo -se quedó dormida en el templo, apareció Apolo. Entusiasmado por ella, le prometió enseñarle el don de la profecía con la condición de que se acostara con él. Después de recibir el don, Casandra se arrepintió de lo convenido. Pero consintió en darle a Apolo el beso que le pedía. Él, maldiciéndola, le escupió en la boca. Ya que, una vez otorgado, ni siquiera un dios puede quitar el don regalado, él consiguió con su maldición que nadie creyera nunca las profecías de Casandra.

La psicoanalista junguiana Laurie Shapira compara a la histérica con Casandra. Como forma de enfrentarse con Apolo por los atropellos del dios hacia lo femenino “primero obedecía y después renegaba”. A través de su ambivalencia Casandra expresaba el temor a ser una víctima más de las muchas otras mujeres maltratadas y abandonadas por Apolo.

Así como no se tomaban como ciertas las proféticas palabras de Casandra, también se descree de las veraces denuncias que las Katharinas y las Rosalías hacen contra sus abusadores padres. Aunque Casandra hablara del futuro y las pacientes víctimas de abuso se refieran al pasado, en todos los casos el descreimiento lleva a la tragedia. Casandra, en una de sus profecías más famosas, hablaba de la derrota de los troyanos por parte de los griegos. Las criaturas abusadas denuncian, de una u otra manera, que los adultos les asesinan la infancia y que, como ellas no pueden confiar en los encargados de cuidarlas, el mundo se les derrumba. En los casos más leves desarrollarán una neurosis, en los más graves una psicosis. Cuando, ya adultas, concurran a consultar con especialistas en salud mental, algunos les hablarán de fantasías de seducción o de “seudología fantástica”, sufriendo así una nueva victimización. También la voz de Sándor Ferenczi fue silenciada y no solamente por no haber cumplido Jones con la promesa de traducir su trabajo sobre Confusión de lenguas…. Las ideas del creativo psicoanalista húngaro no se difunden, en general, en las instituciones psicoanalíticas.

A pesar de la frecuencia con que, evidentemente, se producen estos hechos, llama la atención la falta de bibliografía psicoanalítica sobre el tema. También es significativo que la escasa bibliografía existente no se conozca o que se explique el abuso diciendo que la víctima sedujo al victimario. A muchos psicoanalistas contemporáneos parece sucederle algo parecido a lo que le ocurrió a Sigmund Freud hace casi un siglo: no quieren aceptar la verdad de lo que escuchan. Como, por otra parte, no hay peor ciego que el que no quiere ver, muchas veces ni siquiera pueden escuchar que detrás de los síntomas que la pequeña paciente presenta, se esconde el abuso. Y el abuso persistirá, porque no hay ni oyente ni interlocutor válido. Pero, para entender desde una nueva perspectiva psicoanalítica el abuso sexual y el incesto contra menores, es imprescindible tomar conciencia que al adulto abusador no lo motiva el amor. El usa la sexualidad como un instrumento de poder y de dominio sobre su víctima. Ella, por necesitada e impotente, no tiene otra alternativa que la de someterse. El abusador despliega conductas autoritarias, como las del siniestro padre de Schreber. Igual que el exhibicionista, que el violador y el golpeador, al que comete incesto contra una criatura no lo mueve el amor sino el deseo de poder. Si el niño no denuncia el abuso es porque sabe que los encargados de cuidarlo no pueden cumplir con esa función y, además, suelen asustarlo con amenazas diversas. Otras veces, denuncia pero, o no se le cree, o se le considera responsable del abuso.

Créale otra vez a su Neurótica, Dr. Freud, que, como dicen Ruth y Henry Kempe, “los niños no inventan historias relativas a actividades sexuales a no ser que hayan sido testigos oculares de las mismas. Y, por supuesto, han sido testigos de los abusos sexuales cometidos contra ellos“. Por otra parte, el mismo creador del psicoanálisis decía, a raíz del caso Juanito: “El niño no miente sin razón, y en general, se inclina más que los adultos hacia el amor por la verdad.(…) Liberado de su opresión, comunica a borbotones lo que es su verdad interior”. Todos tendríamos que animarnos a creerle a la Neurótica de Freud. Tal vez así se animaría a dejar el refugio – cárcel de su neurosis.

BIBLIOGRAFÍA

* Bergeret, Jean: “La denegación en el caso Juanito. Lo dicho en el no dicho del dicho”. Revista Psicoanálisis. Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires.Vol. VIII. Nro.1. 1986.
* Breuer, Joseph-Freud Sigmund: Estudios sobre la histeria. Tomo II. Obras completas. Editorial Amorrortu. Buenos Aires. 1980.
* Ferenczi, Sándor: Confusión de lenguas entre los adultos y el niño. Tomo IV. Obras completas. Editorial Espasa Calpe. Madrid. 1984.
* Diario clínico. Editorial Conjetural. Buenos Aires. 1988.
* Freud, Sigmund: La etiología de la histeria. Tomo III. Obras Completas. Editorial Amorrortu. Buenos Aires. 1981.
* Análisis de la fobia de un niño de cinco años. Editorial Amorrortu. Vol. 7. 1981.

* Gay, Peter: Freud. Una vida de nuestro tiempo. Editorial Paidós. Buenos Aires. 1989.
* Graves, Robert: Los mitos griegos. Alianza Editorial. Madrid. 1987.
* Laplanche, J.; Pontalis, J. Diccionario de psicoanálisis. Editorial Labor. España. 1971.
* Masson, Jeffrey M.: El asalto a la verdad. La renuncia de Freud a la teoría de la seducción. Editorial Seix Barral. Barcelona. 1985.
* Miller, Alice: El saber proscrito. Editorial Tusquets.Barcelona.1990.
* Roazen, Paul: Freud y sus discípulos. Alianza Editorial. Madrid.1986.
* Shapira, Laurie: El complejo de Casandra. Editorial Luciérnaga. Barcelona. 1993

Fuente: http://www.isabelmonzon.com.ar/creale.htm

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