GUILLERMO RENDUELES, PSIQUIATRA

Guillermo Rendueles Olmedo

renduelesGuillermo Rendueles Olmedo (1948) trabaja como psiquiatra en un Centro de Salud Mental de Gijón, ha sido profesor de psicopatología de la Universidad de Oviedo durante diez años y actualmente es profesor en el centro asociado de la UNED en Asturias. Ha publicado El manuscrito encontrado en Cienpozuelos (La Piqueta. Madrid, 1989), Las esquizofrenias (Júcar. Gijón, 1990), Las psicosis afectivas (Júcar. Gijón, 1991), Las neurosis (Júcar. Gijón, 1991), La locura compartida (Belladona. Gijón, 1993). Ha coordinado la obra colectiva Neoliberalismo vs. Democracia (La Piqueta. Madrid, 1998) y ha participado, entre otras recopilaciones, en C. Castilla del Pino (ed.), La sospecha (Alianza. Madrid, 1998) y E. J. García Wiedemann (ed.), Los tiempos de la libertad (Ediciones del Serbal. Barcelona, 1998).

«Se busca psiquiatra para todo, desde un atentado a un problema laboral» El médico defiende luchar por ser libre en vez de ponerse buscar a alguien como guía

Sábado, 20 de mayo de 2006

ANA SALAS/OVIEDO

Guillermo Rendueles es psiquiatra y escritor. Ayer ofreció una conferencia organizada por Tribuna Ciudadana bajo el título ‘Egolatría y contrarrevolución’. Es la continuación de su libro ‘Egolatría’, publicado en 2005.

-¿Va a escribir otro?

-No lo sé. Eso no se dice, que trae mala suerte.

-¿Cuál es la relación entre ambas?

-Desde los 80, la gente en lugar de mirar hacia fuera, mira hacia dentro. Piensan que los problemas están dentro de ellos más que en la realidad externa. Se centran en los sentimientos y olvidan el discurso externo. Uno de los aspectos más llamativos de esto es el ‘mobbing’. Antes pensaban que para transformar el trabajo había que cambiar el ambiente. Ahora ven al jefe como una especie de paranoico y se piensa en el psiquiatra como la solución. Se llama psiquiatrización de los problemas.

-¿Quiere decir que va demasiada gente al psiquiatra?

-Por supuesto. Buscan un psicólogo o un psiquiatra para todo, desde cuando hay un atentado a cuando hay un problema en el trabajo.

-¿No deberían asistir a los afectados por un atentado?

-Son verdaderas tonterías. Los psiquiatras no somos gerentes. -¿Cuándo se debería acudir a un profesional?

-Lo menos posible. Cuando no se vez capaz de llevar autónomamente su vida.

-Los psiquiatras sos grandes salvadores.

-Es una pretensión falsa. Pretendemos resolver todos los problemas habidos y por haber, y la verdad es que resolvemos poquitos.

-¿Pocos?

-Para todo lo que promete, sí. Es una práctica muy pretenciosa.

-¿Desde los 80 ha aumentado mucho su número de pacientes?

-Un disparate. Antes había que tener alguna enfermedad, ahora van por pequeños problemas. Las cifras de los grandes problemas no han variado. Ahora nadie sabe vivir sin psicólogo o psiquiatra. La vida se ha transformado en una especie de tutela de expertos que nos lo enseñan todo. Pero los curas lo hacían mejor con diferencia.

-Quizá sea más sencillo que te dirijan la vida que solucionártela tú mismo…

-Quizá, pero hay que saber que eso es una moderna servidumbre. Las gentes buscan alguien que les guíe en vez de apostar por ser libres.

-¿Cuántos de los que acuden a usted están enfermos?

-Entre un 20 y un 30%.

-Pero según las estadísticas hay muchos enfermos mentales.

-Hay muchas consultas. Si todos estuvieran enfermos sería para declarar una epidemia nacional. Son quejas, sobre todo de su forma de vivir, malestares cotidianos.

-¿La egolatría es el gran mal de la sociedad?

-El ‘yo’ sucesivo, sí. Ahora la idea es que no hay sociedad, no hay nosotros sino ‘yo’ que se unen por intereses. Las relaciones están basadas en el sentimiento y eso es casi una garantía de fracaso.
http://www.elcomerciodigital.com/pg060520/prensa/noticias/Oviedo/200605/20/GIJ-OVI-047.html

Entrevista publicada en La Nueva España de Gijón 9/10/06 pág. 11

Guillermo Rendueles, Psiquiatra, pasa consulta en Pumarín. Enseña en la UNED.

Acaba de publicar sendas colaboraciones en dos libros colectivos en los que analiza las funciones encubiertas de la psiquiatría y el “queme” profesional de los psiquiatras.

¿Quién está más quemado, el psiquiatra o el paciente?

– Los dos. La psiquiatría es hoy como el bálsamo de Fierabrás. Todo el mundo, desde el que tiene rabietas hasta el que padece dolores atroces, está convencido de que la psiquiatría tiene soluciones.
Como es mentira, se estafa al que va al terapeuta y se quema al terapeuta que quisiera tener poderes de curación que no tiene y no va a tener nunca porque todos esos sufrimientos son parte de la vida.

Y cada vez son más. Acoso escolar, “mobbing”

– Con esas etiquetas que se ponen ahora parece que la escuela sea una fábrica de maltrato de niños, la familia el gabinete de Sade y el trabajo, lo mismo. Pero esa apariencia de que vivimos en un mundo feliz y de que el estado, la medicina, la terapia y los servicios sociales van a solucionarnos los problemas es falsa.

Aunque da la impresión de que queremos dejarnos estafar

– Forma parte de la oferta del estado. Ha habido un proceso de individualización tan fuerte que ha liquidado la sociedad tradicional donde había vínculos sociales que te protegían de la desgracia. Eso que llaman las “relaciones líquidas” te convencen ahora de lo contrario: de que lo sano y lo maduro es separarte de la familia, de cualquier grupo natural, y trepar solo por la sociedad.

Hasta que vienen mal dadas.

– Claro. Cuando llegue la desgracia, te la vas a tener que papar solo. Y la única forma de soportarlo es saber que tienes ahí un grupo de profesionales que te van a ayudar en la desgracia.

Y ahí están. En la clínica y, cada vez más, fuera de ella.

– Sí. En las grandes desgracias: hay una profesionalización del duelo. Hay casos en los que parece que se secuestra al que sufre. En un naufragio que tuvo lugar en la Costa de la Muerte resultó que los familiares de los náufragos se tuvieron que fugar del Ayuntamiento donde les tenían recluidos dándoles terapia.

Son ustedes médicos, sacerdotes, padres, confidentes…

– Medicamos como médicos, escuchamos como curas, damos afecto como putas…

No me extraña que estén quemados.

– Como que es mentira que podemos dar todo eso.

Pero la demanda aumenta.

– Hay personas que llevan unos 30 ó 40 años yendo al psiquiatra con las mismas cosas por una dependencia sentimental: sienten que veinte minutos de escucha son mejor que nada. Se dice siempre de que lo mejor de la psicoterapia es la escucha. Sí, pero se olvidan de añadir el adjetivo “profesional”. Ya no es la escucha de un amigo o un familiar.

¿Qué debe ser, entonces, un psicoterapeuta?

– En el mejor de los casos, mediadores. Yo le escucho, pero tiene usted que cambiar de vida, buscarse unas relaciones donde supla estos vínculos que ahora busca profesionalmente y los haga reales.

¿Y en qué se basa su autoridad para mediar?

– Una relación de este tipo tiene que estar basada en valores. Cuando las feministas americanas empezaron a indagar los valores de sus terapeutas, se encontraron que lo que querían sus psicoanalistas era que se casasen, que formasen una familia… justo los valores que rechazaban. La psiquiatría y la psicoterapia son disci
plinas que no están libres de valores. Pero eso se obvia. Un psiquiatra del Opus puede estar tratando a una feminista radical aparentemente al margen de sus valores mutuos.

¿Y eso es posible?

– La teoría dice que sí. Pero yo creo que un psiquiatra tiene que valorar ante todo qué es la vida buena. Y debería explicitarlo.

Explicítelo.

– Aristóteles dice que se puede definir la vida buena como se puede definir un buen reloj o un buen caballo. Es cuestión de buena funcionalidad. Una buena vida es la que pasa por los diferentes papeles sociales haciéndolo bien.

Ahora más bien se piensa en la buena vida.

– La posmodernidad basa la única vida buena en el cumplimiento de los propios deseos. Dice Marina que ética y psicología están desjerarquizadas: como no pongas en un plano superior la ética, estás jodido. Pero la posmodernidad impone que tienes que poner en primer término lo psicológico. Buena vida es pasarlo bien, echar tu polvo, salir…. Es uno de los problemas centrales que vemos en las clínicas: la gente lo justifica todo por salud mental.

¿Todos los psiquiatras le dan tantas vueltas al oficio?

– Absolutamente, no. Lo terrible es que es una práctica engañosa y engañante. Una cosa es que administres fármacos y otra que te creas de verdad, como creen muchos, que los antidepresivos curan la depresión. Son lo que se llaman idiotismos profesionales.

¿Perdón?

– Sí, como cuando un juez piensa que en lugar de estar sirviendo a la clase dominante, está sirviendo al derecho natural. La psiquiatría es una práctica terriblemente árida con muy pocos éxitos, pero si lees la literatura parece realmente que todo el mundo lo cura todo.

¿El criterio de la curación?

– Hoy, la felicidad. El máximo bienestar físico, psíquico y psicosocial. Algo que se parece bastante al cielo. Hoy la definición de salud es tan disparatada que ya no es la ausencia de enfermedad sino un estado de bienestar pleno.

O sea, todos enfermos.

– Si vienes a la sala de espera, a Pumarín, verás mucha gente que, literalmente, están mejor que el psiquiatra. Hay estadísticas en Estados Unidos que dicen que es más normal haber ido al psiquiatra que no haber ido. Y en algunas barriadas de Asturias empieza a ser alarmante: el treinta y tantos por ciento de la población ha ido alguna vez al psiquiatra.

¿Diagnóstico general?

– Padecemos una profunda incapacidad para vivir la vida.

La psiquiatría parece un observatorio de la decadencia

– Y lo es. El problema es que luego hay que bajar y ponerse de muro de las Lamentaciones.

¿Y qué le queda al psiquiatra ante todo esto?

– Utilizar tus diez minutos por paciente para distribuir un mínimo de….. no sé si llamarlo caridad.

Con todo, no le veo muy quemado.

– Eso es porque fuera de la consulta tengo buenos amigos y buenas relaciones.

Tiene quien le dé lo que a usted le demandan.

– Exacto. Esa es mi suerte.

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