EL NEGOCIO DE INFLAR LA PSICOSIS

Pedro Lipcovich, Página 12 (Argentina), 6 de junio de 2004

argentina-bandera

risperdal“Cuando un psiquiatra nos pide que le paguemos un viaje porque está recetando mucho nuestro producto, necesitamos saber si es verdad o no, porque puede decirles lo mismo a todos los laboratorios”, contó el Gerente de una compañía farmacéutica. La frase es solo un ejemplo del estudio que un investigador norteamericano efectuó sobre los deprimentes mecanismos que regulan el mercado de psicofármacos en la Argentina. La investigación muestra como el lugar común de que el uso de psicofármacos creció debido a la “ansiedad” causada por la crisis social de los últimos años encubriría acciones de mercado por las cuales el consumo viró desde los ansiolíticos -más baratos- hacia los antidepresivos -más caros-, en relación con la influencia de las empresas sobre los médicos. Estos últimos, a su vez se dividen en dos categorías: los “recetadores” y los “líderes de opinión”: para influir sobre los “recetadores”, las compañías les ofrecerían viajes pagos y otros beneficios, por intermedio de los visitadores médicos; para los médicos líderes, el atractivo sería facilitar su participación central en eventos científicos. Pero, para no malgastar su dinero y saber a ciencia cierta qué recetan los doctores, los laboratorios cuentan con la información provista por empresas de marketing que monitorean y aún microfilman decenas de miles de recetas que llegan a las farmacias.

¿Se acuerdan de la “Semana de los desórdenes de ansiedad”? Esa campaña que en agosto de 2001 instaba a los argentinos ansiosos a concurrir a los hospitales. El resultado “superó las expectativas de sus promotores: los hospitales de la ciudad se vieron inundados de pacientes que se quejaban de síntomas de estrés”; cierto que “la campaña había sido financiada por la empresa farmacéutica nacional Bagó, productora de Tranquinil”, y “dos meses después, el Gerente de Ventas de Bagó informaba que agosto había sido un mes record de las ventas de Tranquinil”. Con estos datos se inicia el trabajo “Las ansiedades de la globalización: marketing de antidepresivos y crisis económica en la Argentina”, de Andrew Lakoff. La investigación, que aparecerá en el Num. 34 de la revista Social Studies of Science [N.E.: se puede ver el abstract en la sección Revista de revistas del Boletín Fármacos 7(4)], se publicó ya en el último número de Cuadernos de Antropología Social, del Instituto de Ciencias Antropológicas de la UBA. Lakoff, profesor de la Universidad de California en San Diego, realizó su estudio en Buenos Aires gracias a una beca de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard. Aquella “Semana de la ansiedad” evidenció como la opinión pública y la mayoría de los medios periodísticos interpretaban que “las enfermedades traídas por la crisis incrementan las visitas médicas y el uso de ansiolíticos”, de tal modo que “lo que podría haber sido considerado evidencia del éxito de la campaña informativa de Bagó fue mostrado en cambio como signo de la crisis social y psíquica de la nación”.

Para ir al fondo de la cuestión, el informe de Lakoff presenta un dato y formula una pregunta. El dato es: “Pese a que el mercado farmacéutico argentino se achicó en la hiper-recesión, las ventas de antidepresivos saltaron notablemente: de junio de 2000 al mismo mes de 2001, subieron un 16,5%”. La pregunta es: “¿Ello fue resultado de la crisis económica o de las prácticas de mercado farmacéuticas?”.

Para contestar, Lakoff recurre a un estudio epidemiológico que un grupo coordinado por Miriam Gattari efectuó sobre 600.000 afiliados a distintos planes de salud entre 1997 y 2000, según el cual hubo “una clara declinación en el consumo de ansiolíticos, que cayó del 21 al 14% de esa población, y un incremento en el número de pacientes que tomaban antidepresivos, del 3,6 al 4,5% de los afiliados”. En conjunto, había menos pacientes que tomaran psicofármacos, pero “lo que aumentó fue el precio promedio de los antidepresivos”. Globalmente en la Argentina, “las ventas por unidad de ansiolíticos cayeron un 5% entre 1997 y 2001, mientras que las de antidepresivos se incrementaron un 9% “, en relación con “un cambio en la prescripción de los médicos, desde los ansiolíticos hacia los nuevos antidepresivos”. Esto condujo a un “crecimiento impresionante de las entradas por la venta de antidepresivos que, entre diciembre de 1998 y junio de 2001, pasaron de US$45 a 54 millones por año”.

¿Por qué los psiquiatras pasaron de recetar ansiolíticos a prescribir antidepresivos, sin un aumento concomitante en el diagnóstico de depresión? “Esto se debió a un contacto intensivo entre los representantes de ventas y los médicos, estructurado por una economía informal de dones en la que las prescripciones de los médicos eran recompensadas con viajes al exterior y otras prerrogativas”, contesta Lakoff.

Gran recetador
Por ejemplo, “en la reunión de la Asociación de Psiquiatría Americana de 2001 en Nueva Orleans, el contingente extranjero más numeroso procedía de la Argentina: más de 500 psiquiatras, la gran mayoría de los cuales viajaban subvencionados por las compañías farmacéuticas”. Los “favores” otorgados por las empresas -”equipos de computadoras”, “patrocinio de viajes” y “otras atenciones de mayor envergadura”- se tradujeron en que “las relaciones farmacéuticas se convirtieron en portales para la infraestructura biomédica a nivel global”, lo cual dio lugar a “una atmósfera de conocimiento interesado”, cuyo resultado es que “los médicos llegan a conferir autoridad a la información que reciben por la vía de los circuitos de difusión de la industria farmacéutica”.

El propósito de las atenciones de los laboratorios fue “forjar una relación de lealtad entre el médico y la empresa”, para la cual “fueron especialmente buscadas dos clases de médicos: los líderes en las prescripciones de recetas y los líderes de opinión”. Estas dos categorías de médicos, los recetadores y los líderes de opinión, ameritan estrategias diferentes por parte de las empresas farmacéuticas. Pero si se trata de influir sobre los recetadores, ¿puede saber el laboratorio cuánto y qué receta cada doctor? Si que puede, gracias a lo que Lakoff sarcásticamente llama “la epidemiología neoliberal” desarrollada por empresas que auditan (espían) las prescripciones que efectúan los médicos. “Había empresas de marketing farmacéutico que microfilmaban recetas individuales en las farmacias, comparaban los datos y luego los vendían a las compañías farmacéuticas. Me impresiono la minuciosidad de esta esfera privada de conocimiento en un país donde en el sector público resulta casi imposible encontrar datos epidemiológicos acerca de la prevalencia de enfermedades mentales en la población”. Cierto que “estas prácticas son notorias en países como la Argentina, donde se han debilitado otras formas de conocimiento y de regulación en el campo de la salud pública”.

Para más detalles sobre esta epidemiología neoliberal, “durante mis visitas a la sede argentina de la compañía IMS Health (líder mundial en datos sobre ventas farmacéuticas, con sede central en Gran Bretaña) se me permitía a veces un vistazo subrepticio a un enorme libro de registro del número y monto mensual de ventas, pero no fotocopiarlo. Recuerdo que un director de ventas con quien me cité en un café traía algunas cifras anotadas en un trozo de pa
pel: me permitió mirarlas y luego rompió el papel”, cuenta Lakoff. Es porque “los datos de ventas eran confidenciales y muy valiosos: las empresas farmacéuticas pagan hasta 150.000 pesos anuales por suscribirse al servicio de IMS”. Otra empresa de marketing farmacéutico llamada Close Up ofrece a los laboratorios “averiguar qué médicos recetan sus productos, quienes recetan los de sus competidores y cuánto prescribe cada médico. Para conseguir esta información, Close Up compró o intercambió copias microfilmadas de recetas médicas tomadas en las grandes cadenas farmacéuticas. Pretendía cubrir 18 millones de recetas médicas en la Argentina, y contar con perfiles del comportamiento de más de 90.000 médicos, incluyendo aproximadamente 2000 psiquiatras en la ciudad de Buenos Aires”. La consultora ofrecía a los laboratorios saber “lo que el doctor hace, no lo que dice que hace”. ¿Cómo usan los laboratorios esta información? “Un experto vendedor de psicofármacos me contó como empleaba los datos correspondientes a un barrio de clase media-alta como Palermo: “Quiero los datos de prescripciones de antipsicóticos en Palermo” (que obtiene de la compañía de marketing): ubico los cinco mejores médicos y averiguo cuánto recetan de qué droga. Frecuentemente se trata de médicos que prestan servicio a un elevado volumen de obras sociales y prepagas’. Así, el estratega de ventas pudo hacer marketing selectivo.” Para tratar con los médicos recetadores, los laboratorios recurren a los visitadores médicos. Según una Gerenta de productos entrevistada por Lakoff, “cuando el doctor dice ‘¿por qué no me pagan mi viaje al próximo congreso, si estoy recetando mucho este producto…?’, es mejor saber si es verdad o no, porque el doctor puede decirles a todos los laboratorios que está recetando mucho cada producto y así conseguir muchos pasajes”.

“Algunas veces, la negociación entre la empresa y el médico era muy directa” -precisa Lakoff-: “Doctor, si usted me consigue veinte recetas más por mes, lo enviaré adonde quiera ir”. Pero usualmente la interacción era más sutil: “¿Cómo puedo ayudarlo?”, podía preguntar el visitador médico.”

Líder de opinión
La otra categoría de médicos, los “líderes de opinión”, merece un trato especial, en otro nivel que el de los visitadores médicos: “El delicado trabajo de forjar vínculos con los líderes de opinión estaba a cargo del Director de ventas o del Gerente de productos”. La misma joven Gerenta de productos para el sistema nervioso central, perteneciente a una importante empresa europea, comentó cómo seleccionaban a estos médicos líderes: “Trabajamos con profesionales muy prestigiosos, que pueden establecer alguna tendencia en el uso de psicofármacos; porque son muy conocidos como ‘voceros’ o tienen poder de decisión en las compras de medicamentos en hospitales, o porque participan en importantes asociaciones psiquiátricas. Nos permiten llevar el mensaje que necesitamos a los otros profesionales que siguen sus tendencias”.

Lakoff señala que, en el caso de los líderes de opinión, “no se trata de controlar recetas sino de desarrollar alianzas: disponer de esas respetadas personalidades para seminarios, simposios o como autores de la ‘literatura científica’ a ser difundida. Los líderes de opinión se alían a múltiples empresas”. El trabajo cita el caso de “un líder muy respetado cuyo libro sobre ‘psicofarmacología práctica’ fue patrocinado por la empresa Organon y presentado en la Universidad de Buenos Aires por el jefe de farmacología de la misma empresa”.

Otra técnica para establecer vínculos con los líderes de opinión consiste en “realizar experimentación clínica con propósitos de promoción más que de recoger información actualizada sobre la eficacia de la droga. El estudio se presentaba en un congreso científico internacional, con los gastos a cargo de la empresa. Para los médicos jóvenes, es un modo de manifestarse como líder de opinión emergente”.

De todos modos, las empresas necesitan “suma cautela con los líderes de opinión. Un experimentado estratega de mercado me dijo que, si organizaba un evento, se aseguraba de invitar a todos los principales líderes de opinión: si omitía a alguien, podía darse por enfadado y no recetaría su producto”.

El interés internacional en torno del fenómeno local. Estudiando el “caso argentino”
Los mismos medicamentos que en EE.UU. se promocionan contra “la depresión, que responde a causas biológicas”, aquí se recetan contra “las ansiedades psicosociales vinculadas con la globalización”. Lo que tendrían en común estas indicaciones tan diferentes es que permiten, según las características particulares de cada mercado, optimizar las ventas. En la Argentina, “las explicaciones sicoanalíticas y sociales permanecen fuertes” y por eso las empresas farmacéuticas más exitosas han sabido adecuar a ello sus estrategias de venta, explica el investigador Andrew Lakoff. Las empresas llegaron a aprovechar para sus promociones -siempre indirectas, a través de los médicos- la significación social de determinadas palabras, como la que adquirió “Vulnerables” a partir de aquella serie de TV.

¿Por qué un investigador viajo especialmente desde EE.UU., con una beca de Harvard, para estudiar a fondo algo tan específico como el mercado de psicofármacos en la Argentina? Porque el caso argentino “arroja luz sobre una controversia en la biomedicina norteamericana y europea: si la oferta y promoción de medicaciones psicotrópicas produce ilegítimamente la enfermedad que pretende tratar”, contesta Andrew Lakoff en su investigación sobre el mercado de psicofármacos en la Argentina publicada en los Cuadernos de Antropología Social de la UBA. En
EE.UU. y otros países centrales, el diagnóstico psiquiátrico de depresión ha crecido en los últimos años al punto de que incluso la OMS estima que “el 10% de la población experimentara depresión en algún momento de su vida”. Sin embargo, autores como David Healy (The Antidepressant Era) o Borch-Jakobsen (“Prozac Notion”, en London Review of Books) advierten que “este crecimiento puede ser atribuido al éxito de las prácticas de mercado que promocionan el diagnóstico de depresión con el fin de incrementar la prescripción de antidepresivos”, sintetiza Lakoff.

Sin embargo, “el caso argentino permite plantear otra posibilidad”. Es que “en la Argentina se ha dado una rápida expansión de las ventas de antidepresivos sin un incremento concomitante en el diagnóstico de depresión”, advierte Lakoff. Es así porque “las mismas drogas que en Norteamérica se asocian a intervenciones en la ‘depresión’, entendida como condición biológica, en la Argentina son ampliamente usadas como tratamiento para un estrés socialmente inducido”.

Es que, “mientras que en EE.UU. la psiquiatría viró recientemente a una aproximación ‘neurocientífica’, que considera la enfermedad mental como específica y localizada en el cerebro del paciente, en la Argentina las explicaciones psicoanalíticas y sociales permanecen fuertes”.

Esta diferencia, aprovechada por el marketing de algunas compañías farmacéuticas, explicaría porque el célebre antidepresivo Prozac, de avasallador éxito en EE.UU., producido por la firma Lilly, tuvo un desempeño mediocre en el mercado argentino, donde fue ampliamente superado por la Foxetina del laboratorio Gador. “La campaña de Gador utilizó la globalización y las ansiedades que provoca para promocionar su línea de ansiolíticos y antidepresivos”, explica Lakoff, y cuenta: “Le pregunté al Gerente de Gador como se le había ocurrido la campaña y contesto: ‘La globalización en tanto concepto cultural es demasiado fuerte como para no usarlo’. Me contó sobre la próxima fase de la campaña: ‘Se referirá a la vulnerabilidad’. Otro Gerente de producción reparó en lo apropiado de la elección de esta palabra señalando su aproximación a una popular serie de televisión llamada Vulnerables”.

Fuente: http://www.boletinfarmacos.org/092004/etica_y_medicamentos.htm#TOP

***

La tentación: visicitudes de un psiquiatra

Por Federico Pavlovsky – Publicado en 22 August 2006

Este es el tipo de notas que generan en quien las escribe una inquietud interna respecto a las consecuencias que puedan traer en la vida y en el trabajo del firmante. De hecho varias personas cercanas me pidieron que no la escriba. Pero curiosamente esa misma sensación de temor fue la usina que me motivo a hacerlo. Pretendo hacer algunas reflexiones acerca de un tema en el que he incursionado en mis primeros años de profesión médica y como psiquiatra en particular. Voy a referirme a la industria farmacéutica y a ciertos mecanismos con los que promocionan sus moléculas entre la comunidad medica. Voy a hacerlo a titulo personal y sin implicar a nadie en particular. Apenas acabo de terminar la residencia de psiquiatría en un hospital general y puedo (para empezar esta reflexión) revelar que distintos laboratorios me han dado a lo largo de estos pocos años: viajes a congresos de psiquiatría (traslado y alojamiento en hoteles para los sucesivos Congresos de APSA en Mar del Plata), desayunos, almuerzos y cenas múltiples, botellas de champagne, biromes, lapiceras, cuadernos, mas viajes y mas becas a congresos.

Un dato interesante con relación a los dos congresos de psiquiatría argentinos (AAP y APSA): un porcentaje mayor al 90 % de los inscriptos son becados por los laboratorios. Es un hecho implícito, un tesorero se sorprendería si un psiquiatra hiciese el intento de pagar su inscripción. Creería que se trata de un extravagante. Estos congresos de psiquiatría cuentan con el apoyo masivo de la industria farmacéutica que desembolsa fuertes sumas de dinero en concepto de becas, armados de stands, de actividades “científicas”, en fiestas para los médicos, en cenas y en hoteles. La inmensa mayoría del sorprendente número de 250 psiquiatras argentinos que viajaron hace dos meses al Congreso Mundial de Psiquiatría que se desarrollo en Canada con pasaje aéreo y hotel incluido, lo hicieron gracias al “apoyo” de los laboratorios.

Argentina es un país rentable para los laboratorios , hace pocos días el Dr. Eduardo Leiderman publico un trabajo de investigación donde dio cuenta que el 15 % de los encuestados (N 276) de la ciudad de Buenos Aires consumen psicofármacos, tal cifra de prevalencía es una de las mas altas a nivel mundial, superando el 3.5 % del Reino unido, el 5.5 % de EEUU, el 6.4 % de los países de Europa, el 7.2 % de Canada o el 10.1 % de San Pablo, Brasil. El gasto de medicamentos en la Argentina significa entre el 25 y el 30 % del gasto de salud, casi el doble de países como EEUU, Alemania y Canada .

Creo que es importante describir que la industria farmacéutica actúa estableciendo relaciones personales directas con cada uno de los médicos desde el mismo día que ingresan al hospital a hacer su residencia. Ese mismo primer día le piden la matricula, se presentan y comienza el trabajo de adiestramiento. Desde el semillero (centros formativos de especialistas como lo son las distintas residencias medicas) hasta las grandes figuras de la profesión, la industria ha implementado una estrategia eficaz de venta y promoción de sus productos. Philippe Pignarre en su libro “ El gran secreto de la industria farmacéutica ” revela que este sector es la “joya” de la industria capitalista y por lejos su industria mas rentable: los márgenes brutos giran en torno al 70 y hasta el 90 % y su tasa de ganancias es la mas elevada de todas, por encima de la actividad financiera y las demás industrias. También señala que los “ ensayos clínicos ”, hoy la única vía oficial de comparar la eficacia y tolerabilidad de un fármaco y de poder comprobar si es mas eficaz que otro, en un comienzo (década del 60) era un instrumento de control por parte del estado hacia la industria farmacéutica. Años mas tarde este control (de la ratio riesgo/beneficio) fue delegado a la industria farmacéutica y lo que antaño fue un elemento de monitoreo paso a ser (y lo es en la actualidad) una herramienta para introducir nuevos fármacos y extender su uso lo mas posible, aumentando progresivamente el numero de pacientes a los que se los prescribe y luego induciendo en los médicos nuevos “hábitos de prescripción”.

Desde los primeros días en el hospital comencé a notar la importancia que tienen los Agentes de Propaganda Medica (APM). Primero son los que te dan muestras gratis para los pacientes, luego te invitan a actividades “formativas” y cuando tienen mas confianza llegan incluso a realizar ofrecimientos explícitos de “retorno”, es decir, (y hablo en primera persona claro…) ofrecen una suma de dinero en cambio de una cantidad de recetas de una droga especifica que haya lanzado tal o cual laboratorio.

A modo de prueba uno tiene que entregar una lista con los pacientes que esta atendiendo y consignar allí la medicación (con la marca claro) que están tomando. Ahora, por fuera de estos ofrecimientos a psiquiatras particulares, cabe una pregunta: ¿ Cómo sabe un laboratorio especifico si un psiquiatra receta o no una droga con su marca comercial? También eso tiene una explicación: los laboratorios compran a las farmacias sus registros, violando las leyes vigentes de privacidad, y así confeccionan una “ auditoria ” con la que hacen un fiel diagnostico de cuanto, como, donde y que , receta cada uno de los médicos psiquiatras. Esta es una manera de ponerse en contacto con los grandes prescriptores de drogas, que siguiendo la lógica instalada serán también los mayores receptores (en caso que acepten claro) de regalos, dinero o premios de distintas características. Hace poco un APM me dijo: “Te esta dando mal la auditoria…”. El buen hombre me estaba diciendo que estaba recetando poco las drogas del laboratorio al cual representa. Hacia su trabajo. Lo curioso es que en el momento me sentí culpable y hasta casi me disculpo. ¡Hasta ahí llegamos! Cuando uno va ganando experiencia en este terreno comprende algo muy simple: la industria farmacéutica es un negocio y cualquier ayuda, sponsor o beca forma parte de una estrategia sostenida por conceptos teóricos de mercadotecnia que están dirigidos a promover una generación de médicos psiquiatras que “dependan” de los laboratorios. Viajar al exterior a los congresos de psiquiatría o incluso a las jornadas nacionales son ejemplos cotidianos en donde los psiquiatras le pedimos “ayuda” a los laboratorios. Cuando un publicista diseña una campaña para vender pañales, la desarrolla en función de la idiosincrasia, expectativas, perfil y estrato económico de la persona que los comprara, seguramente la madre.

El publicista tiene claro que debe convencer a esa madre para que compre ese artículo para su hijo. El bebe aun no tiene voz ni voto aunque las publicidades intenten dar cuenta de sus rostros felices y traseros secos. Sirve tal ejemplo para realizar una extrapolación: los pacientes (y en particular los que padecen de sufrimiento psíquico) podrían ser comparados con estos recién nacidos. Lo digo porque los laboratorios no le venden a los pacientes sus moléculas, tienen claro que es a los médicos a quienes tienen que convencer . Además establezco esta semejanza entre ambos dispares “consumidores finales de productos” ya que no puedo dejar de pensar que ambos comparten un cierto nivel de indefensión.

Tenemos entonces a enormes empresas internacionales y nacionales con una necesidad: vender drogas. Tenemos una generación de médicos en pésimas condiciones laborales, victimas del burn out, el cansancio y la frustración cotidiana. Tenemos una compleja estrategia (diseñada por expertos en ventas) para captar a los médicos en un sutil contrato implícito y a veces explicito: “ Si vos nos ayudas (recetando una determinada droga ) nosotros te vamos a ayudar ”. Y tenemos a los pacientes, en el medio.
Esta nota es escrita por alguien que “desde adentro” se siente preocupado por esta modalidad de trabajo. Debo aclarar que estas prácticas que quizá generaran sorpresa en algunos y enojo en otros, están absolutamente naturalizadas en la práctica cotidiana médica aunque solo puedo dar cuenta de mi especialidad, que es la psiquiatría. En mi limitada experiencia en congresos y jornadas no he escuchado hablar de este tema, no he escuchado polémicas ni cruces al respecto. Es un tema que esta ahí, que todos conocen, pero que no se habla. Es un tema tabú. El texto freudiano cobra vigencia. Tabú de las palabras prohibidas : si se habla del tema puede ocurrir algo malo con uno… Nuestra disciplina (la salud mental) es bastante afín a este tipo de situaciones. Me refiero a la práctica psicoanalítica o psiquiátrica ajena a las realidades cotidianas, políticas y culturales. No los voy a cansar con ejemplos. Se de la buena fe y honestidad de muchos de los psiquiatras que aceptan la colaboración de laboratorios para sus viajes o distintas actividades; solo me pregunto en que medida eso incide en la practica, en la manera de atender a los pacientes, en la manera de prescribir medicación. Quiero compartir con ustedes lo que dice la Ley 17.132 (1967) de ejercicio legal de la medicina . Esta establece en su artículo 20 una serie de prohibiciones para la práctica médica. Allí se prohíbe vender cualquier clase de medicamentos (inciso 15) así como también inducir a los pacientes a proveerse en determinadas farmacias (inciso 19) y obtener beneficios de laboratorios de análisis o establecimientos que elaboren, distribuyan, comercien o expendan medicamentos (inciso 21). Como en tantos otros escenarios polémicos y complejos existe una ley que podría regular esta situación.

Creo que la psicofarmacología ha sido un gran avance de la medicina y su uso racional nos permite aliviar de manera notable el padecimiento psíquico de muchos pacientes. Lo que me preocupa es la incidencia de esta estrategia de venta en nuestra práctica como médicos psiquiatras. La Asociación Medica Argentina (AMA) en el año 2001 publico el Código de Ética para el Equipo de Salud , allí en su articulo 366 dice: “ Se considera una falta grave a la conducta ética la inducción por parte de empresas y/o laboratorios de productos medicinales, al uso de ciertos medicamentos o equipos biotecnológicos médicos prometiendo dadivas o recompensas” .
Entonces, finalmente… Si para viajar al próximo congreso de psiquiatría en San Diego, USA, en el año 2007, tengo que recetar anualmente 200 antidepresivos de X marca ¿ Eso va a incidir en mi prescripción ? Profesionales a quienes respeto dicen que no. Yo no estoy tan seguro.
O mejor dicho, en mi si podría incidir. Podría tentarme. Por eso escribo este artículo. Como una suerte de exorcismo. De antídoto personal.
Y para terminar cito a un amigo, el Dr. Daniel Thierer, que rememorando a Shakespeare y la venganza temible de Shylok en el Mercader de Venecia, alguna vez me dijo: “ No dejemos que el paciente deje en nuestro consultorio su libra de carne”.

Leiderman E, Mugnolo J, Bruscoli N, Massi J. Consumo de psicofármacos en la población general de la ciudad de Buenos Aires. Vertex. Rev.Arg. de Psiquiat. 2006, Vol. XVII:85-91
Velazquez G. Medicamentos: ¿Derecho o mercancía? Le Monde Diplomatique. Julio 2003:32-33.
Pugnarre Philippe. El gran secreto de la industria farmacéutica. Editorial gedisa. Barcelona, 2005.

Fuente: http://www.topia.com.ar/articulos/la-tentaci%C3%B3n-visicitudes-de-un-psiquiatra
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3 Respuestas a “EL NEGOCIO DE INFLAR LA PSICOSIS

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  3. Vivo en un país donde la especialidad es selecionada, a mi pesar, por quienes no pueden competir en otras; lo que suma recetadores y lideres de opinión negociantes y hasta cierto punto limitados, el mayor estatus es “recetar medicamentos de punta”, y eso hace que los diagnosticos lo realicen las casas farmaceuticas, ahora estamos magicamente en la fiebre de la BIPOLARIDAD, me apena pues no vere un mejor nivel en mi vida, y nos respetarán como especialistas cuando iniciemos a respetarnos nosotros

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