Los psiquiatras reconocen que los frecuentes fallos de diagnóstico restan fiabilidad a su trabajo

Locos por error

INMACULADA DE LA FUENTE – Madrid

EL PAÍS – Sociedad – 29-08-1987

El reciente caso de Amor Maceda, la muerta viva a la que el psicólogo que la atendió diagnosticó una doble personalidad, asegurando que fabulaba cuando reclamaba, su verdadera identidad, es sólo una muestra del subjetivismo que suele presidir el diagnóstico de las alteraciones psíquicas.

Desde distintas ópticas, dos conocidos psiquiatras, el profesor Carlos Castilla del Pino y Manuel Gónzalez de Chávez, adalid de la reforma mental en la sanidad pública, coinciden en señalar que el diagnostico psiquiátrico adolece de Fiabilidad en un alto porcentaje. Asimismo González de Chávez admite que suelen ser más indulgentes al diagnosticar a los ricos que a los pobres.

En 1971, el profesor norteamericano David Rosenban introdujo en un hospital psiquiátrico de Pensilvania a diversos periodistas y estudiantes que, con su complicidad, se hicieron pasar por locos. Los falsos pacientes relataron a los médicos una serie de síntomas de locura que fueron admitidos crédulamente por la institución como auténticos. Más tarde, el profesor realizó un experimento contrario: dijo que iban a ingresar falsos pacientes e introdujo a verdaderos locos. En este caso, la institución actuó como rodillo y tampoco desenmascaró la trampa. Los que más locuras hacían eran considerados los más cuerdos, pues médicos y enfermeras pensaban que estaban actuando.

“El diagnóstico en psiquiatría es poco fiable”, acepta el profesor y psiquiatra Carlos Castilla del Pino. “La clave reside en la propia honestidad del profesional. Es evidente que existe un amplia gama de medicamentos de diverso espectro, bien sean neurolépticos o antidepresivos, que pueden contribuir a curar al paciente incluso aunque se haya errado el diagnóstico”, agrega Carlos Castilla del Pino. Por fortuna, Ios efectos de un tratamiento erróneo aunque imprevisibles, no sueler llegar ser aparatosos y pueder corregirse”. No obstante, el problema fundamental consiste en estar dispuesto a cuestionar el diagnóstico, renunciando a dejarse llevar por la propia intuición”. En esa búsqueda de la objetividad, Castilla del Pino y su equipo trabajan desde hace tiempo en el análisis estructura. del lenguaje verbal y la conducta gestual de los pacientes a fin de tipificar claramente sus alteraciones.

Desaguisados

Carlos Castilla del Pino recuerda algunos de los desaguisados que ha tenido que enmendar: “Un caso conmovedor ha sido el de una mujer que se separó de su marido y a la que se convenció, durante meses de tratamiento, de que en el fondo no deseaba separarse porque estaba obsesionada con que él no la quería”. El psiquiatra también rememora otro caso propio de la España que retrató Buñuel: “Hace unos 10 años, un hombre que se quería salir de la Compañía de Jesús fue tratado hasta con electroshock justamente para hacerle ver que, aunque él dijera lo contrario, seguía teniendo vocación”. La injerencia de los laboratorios en la práctica clínica ofrece un riesgo adicional. El pasado 14 de agosto cuatro médicos portugueses de la plantilla del hospital de Lorvao, cerca de Coimbra, fueron sancionados por la dirección del centro por haber experimentado nuevos medicamentos en los dementes que estaban a su cargo. Al parecer, los médicos ahora sancionados cobraban determinadas comisiones de un conocido laboratorio internacional para probar en vivo los efectos de los nuevos fármacos, sin contar, obviamente, con el consentimiento de los pacientes.
“En la actualidad no suele practicarse el soborno directo, pero existen tácticas de presión más elegantes y, en ocasiones, más turbias”, declara Carlos Castilla del Pino. “Es habitual que una gran compañía te invite a pasar unos días en un lujoso hotel italiano o a, otro lugar parecido con motivo del lanzamiento de un nuevo antidepresivo, bajo el pretexto de que te van a explicar sus grandes posibilidades”. Al margen de estas manipulaciones interesadas, muchos otros errores proceden de la impericia o de la mercadotecnia: “En España, los colegios profesionales están, regidos por el corporativismo y es difícil que ejerzan un control ético exigente. Sólo así se entiende que haya aún profesionales de éxito con consultas elegantes que se limitan a dar un cóctel de drogas mezcladas con sueros”, concluye Castilla del Pino. En el mismo sentido abunda Manuel González de Chávez, psiquiatra de plantilla del Hospital Provincial de Madrid con una larga experiencia en la sanidad pública: “En la psiquiatría privada subsisten casos pintorescos en los que psiquiatras de relevancia social dan a los pacientes una ensalada de antidepresivos y neurolépticos con los que, a menudo, aciertan por casualidad. Y es que González de Chávez da una enorme importancia a la fe del paciente y al grado de comunicación y confianza con el médico en el proceso de curación: ‘Los criterios de diagnóstico en psiquiatría son más subjetivos que en otras ramas de la medicina. Hay cuadros de euforia o experiencias alucinatorias que pueden considerarse síntomas de psicosis maniacodepresiva o que pueden asociarse a la esquizofrenia”. Esta diferencia de criterio es menos estricta “cuando se trata de enfermedades con trastornos orgánicos o en casos de demencia senil o pérdida de memoria”. Pero existe un amplio espacio de conductas deterioradas (alrededor del 70% de los diagnósticos) que se interpretan a gusto del profesional o de acuerdo con la corriente en boga.

Diferencias sociales

‘Las diferencias sociales y económicas influyen a la hora de diagnosticar a un paciente “, señala González de Chávez. “Está comprobado que a los pobres y a los negros se les diagnostica de manera más dura que a los ricos y a los blancos”. Del mismo modo, existen diferencias al abordar las dolencias que presentan hombres y mujeres: “mientras que a un ama de casa pobre se le puede catalogar de histérica, a un ejecutivo suele decírsele que padece una pasajera depresión a causa del estrés”. “Existen igualmente diferencias de criterios geográficos, especialmente entre Estados Unidos y Europa. Concretamente, en Estados Unidos ha habido hasta hace poco una mayor proporción de esquizofrenias que en Europa, aunque ahora está decreciendo este tipo de diagnóstico”. En Europa, los profesionales suelen seguir la clasificación de la OMS (Organización Mundial de la, Salud), que en la actualidad tiene en vigor la clasificación conocida como DSMIX. No obstante, la disparidad de criterios es tal en la práctica que la misma OMS prepara ahora una nueva clasificación, la DSMX, para unificar y actualizar criterios.

Fuente: El País

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