Los enfermos mentales y las cámaras de gas

Informe del Dr. Alexander Mitscherlich sobre los procesos de Nuremberg.

En el Informe del Dr. Alexander Mitscherlich sobre los procesos de Nuremberg se constata la participación e intervención de grupos de planificación de los crímenes (Alexander Mitscherlich/Fred Mielke (eds.): Medizin ohne Menschlichkeit. Dokumente des Nürnberger Ärzteprozesses, Frankfurt 1960, p. 19, 183 y 375), tal como constata Rainer Huhle en su documento “Los Médicos Contra La Humanidad” aparecido en el Seminario Internacional: “Impunidad y sus Efectos en los Procesos Democráticos” (Santiago de Chile, 14 de diciembre de 1996), 50 años después del holocausto judío.

En su contexto histórico y gracias a la iniciativa de Víctor von Weizsäcker, se fundó la Psychomatischen Universitälsklink (clínica universitaria de la Universidad de Heidelberg) en Alemania Federal, bajo la dirección del Dr. Alexander Mitscherlich, profesor y director de la misma y quien más tarde sería conocido como autor de libros importantes como “La incapacidad del duelo”, “Los fundamentos del comportamiento colectivo”, etc … quien había recibido poco tiempo antes y por parte de la Asociación de los gremios médicos de Alemania el encargo de observar el proceso de los médicos en Nuremberg. Luego, el Dr. Alexander Mitscherlich, junto con su asistente, redactó un informe amplio que entregó a la Asociación en cuyo nombre había asistido a las sesiones del juicio.

En sus escuetos comentarios, se mostró asombrado por la dimensión de los hechos aberrantes que habían sido cometidos por personas de alto rango y prestigio sobre quienes nadie hubiera sospechado que hubieran podido ser capaces de tales crímenes. Lo que aún le asombraba más, era la falta de conciencia y de penitencia después de los hechos.
El Tribunal Militar Internacional (TMI) desarrolló su orden de sesiones entre el 18 de octubre de 1945 y el 1 de octubre de 1946, y el primero de los 12 procesos posteriores fue el juicio de doctores en Nuremberg, se desarrolló del 9 de diciembre de 1946 al 20 de agosto de 1947, hasta en las últimas ediciones de su documentación sobre el juicio penal condenatorio de Nuremberg, no sólo los acusados, sino también el mismo gremio profesional por cuyo mandato había escrito su informe el Dr. Alexander Mitscherlich, en la práctica lo desconoció. Ante la reticencia de buena parte de los médicos asociados, y la negación abierta de los terribles hechos revelados en el juicio por algunos profesionales, la asociación silenció su propio informe. Los 10.000 ejemplares impresos desaparecieron de manera misteriosa.

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EL PROCESO DE NUREMBERG

El otro jerarca que acompañó a Goering durante el proceso fue Rudolph Hess quien, por su parte, aparentó no estar en sus cabales.Durante los interrogatorios Hess sonreía sin motivos, miraba fijo al techo o dibujaba mamarrachos sobre su banquillo.Apenas en su alegato final esbozó cierto grado de cordura cuando dijo que no se sentía arrepentido de haber servido al hombre más importante que había nacido en tierras alemanas en los últimos mil años, refiriéndose naturalmente a Adolf Hitler.Nunca se sabrá si Hess simuló su estado de locura aunque sus miradas cómplices con Goering parecen ratificar esta sospecha.Hermann Goering, por su parte, también defendió a Hitler con una vehemencia que mereció la admiración de sus adversarios.Mientras los generales y ministros de Hitler se echaban las culpas unos a otros haciendo recaer la responsabilidad en Hitler como impartidor de las órdenes, Goering se levantó indignado y dijo ante el tribunal : “Cómo me hubiera gustado que los alemanes aquí presentes limitaran su defensa a tres palabras: chupame el culo”.Goering bajó la vista una sola vez durante todo el proceso, en ocasión de la exhibición de algunas escenas de los campos de exterminio, y jamás se quebró ante el maltrato de sus carceleros.El otrora Reichsmarschall vestía unas ropas viejas y gastadas y era obligado a comer en una lata sin cubiertos en una pequeña celda de 3×3 sin calefacción ni agua caliente.El mismo trato recibieron el resto de los prisioneros en un acto que demuestra que la sentencia ya estaba firmada antes de que el “juicio” empezara.Nuremberg fue un circo con Goering como figura estelar ante la ausencia de Hitler que astutamente se anticipó a la intención de los aliados suicidándose y ordenando quemar su cuerpo.

Fuente

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Tal como él mismo afirmó : “En ninguna parte se dió a conocer el libro, no hubo ninguna reseña, ninguna carta de lector; entre las personas que conocimos en los diez años siguientes no hubo ni una que sabía del libro – era un misterio, como si jamás se hubiera publicado el informe,” esto lo escribió años más tarde él mismo en la presentación de la primera edición de bolsillo que finalmente, en 1960 llegó a un público amplio.
Pero no fueron aquellos médicos que habían mantenido intacta su conciencia humana y la vigencia de las normas éticas de su profesión, quienes dominaron el discurso profesional después de la derrota del nacionalsocialismo, ni mucho menos llegaron a posiciones claves en sus gremios respectivos. Mientras fue callado el informe sobre el proceso de Nuremberg – marcado de una búsqueda de comprender lo que había pasado -, entre la gran mayoría de los médicos reinaba un compañerismo y un espíritu de cuerpo en que la ética y la justicia no tenían lugar, y menos la conciencia y la consideración de las víctimas.
La postura del Dr. Alexander Mitscherlich en su informe “Medicina sin Humanidad” (Medizin ohne Menschlichkeit) aludiendo precisamente a la medicina del IIIer. Reich, coincide con la argumentación sobre la “anestesia moral” frente a los sufrimientos de las víctimas de la eutanasía que Víctor von Weizsäcker diagnosticó en 1947, para los médicos que colaboraban con los nazis, y que emplea cuando, enfrentado a comentar el juicio de Nuremberg sostiene que en el banquillo de los acusados no se acoge a personas sino a una forma de medicina que había olvidado y ahogado la relevancia moral (y que se perpetuó después de la guerra a través de la complicidad con los culpables, inclusive con algunos criminales de primer rango).
Al mismo tiempo que se ocultaba la verdad sobre la vergonzosa participación activa de importantes miembros de la profesión médica en los crímenes nazis, a los pocos años de la fundación de la República Federal de Alemania, varios médicos involucrados con el régimen fascista y partícipes de algunos de sus crímenes más atroces llegaron nuevamente a puestos claves del sistema de salud y de sus gremios. La neg
ación de la verdad tuvo como consecuencia inevitable el olvido y la impunidad.
En los años sesenta y setenta, y en buena parte bajo el impacto del informe del Dr. Alexander Mitscherlich ya publicado, una minoría de los profesionales médicos tomó conciencia de la culpabilidad de sus colegas y de la responsabilidad especial de su profesión, y como resultado en la actualidad se dispone de una amplia bibliografía de investigación sobre el rol de los profesionales del sector salud durante el nazismo, por eso merece destacar la obra “La destrucción de los judíos europeos” de Raul Hilberg publicado por la Universidad de Yale (USA) en 1961 porque es el primer ejemplo claro que rompió con ese silencio, y después de decenas de miles de publicaciones sobre la cuestión, es el libro de referencia por excelencia. La bibliografía acumulada en los últimos años sobre el tema es impresionante. Y no quedaron solo en la investigación del pasado. Buscaron sacar las enseñanzas de las culpas para el presente. La memoria de las atrocidades de los nazis fue un incentivo para enfrentar los crímenes de la actualidad, no sólo para la generación de los sobrevivientes. Y una nueva generación de médicos, inspirada por personas excepcionales de la vieja generación, Richter y otros, se dedicó al estudio sistemático de la complicidad médica con los crímenes nazis.

En definitiva, fue un comité de especialistas médicos el que decidió sobre la técnica más eficiente del asesinato: la cámara de gas, y lo hicieron voluntariamente. Adolf Hitler, había asegurado las acciones de la campaña siniestra de “eutanasia” (Ernst Klee: “‘Den Hahn aufzudrehen war ja keine große Sache. Vergasungsärzte während der NS-Zeit und danach”, en: Dachauer Hefte 4, München 1988, pág. 5) y los grupos de planificación de los crímenes (Horst-Eberhard Richter: Medizin und Gewissen, discurso de apertura en el congreso : “Medizin und Gewissen”, Nuremberg 25 de octubre, 1996, p. 6 del manuscrito).

Para leerlo entero:

Monografías

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