El delito de revelación de secretos (art. 199.2 Cp)

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El delito de revelación de secretos (art. 199.2 Cp)

El delito de revelación de secretos se castiga por primera vez en el art. 424 del Código Penal de 1822, que hacía referencia de forma expresa al médico y a otros profesionales sanitarios[46]. En la actualidad, este delito se tipifica en el art. 199 del CP de 1995, entre los delitos contra la intimidad, en concreto, en el Título X, capítulo I, con la rúbrica “Del descubrimiento y revelación de secretos” dedicado a la protección de la intimidad[47]. Art. 199. 1. El que revelare secretos ajenos, de los que tenga conocimiento por razón de su oficio o sus relaciones laborales, será castigado con la pena de prisión de uno a tres [Página 467] años y multa de seis a doce años. 2. El profesional que, con incumplimiento de su obligación de sigilo o reserva, divulgue los secretos de otra persona, será castigado con la pena de prisión de uno a cuatro años, multa de doce a veinticuatro meses e inhabilitación especial para dicha profesión por tiempo de dos a seis años. Este precepto contiene dos tipos delictivos: por un lado, el art. 199.1 tipifica la revelación de secretos ajenos llevada a cabo por una persona con una relación laboral o similar con el titular del secreto; por otro, el art.199.2 castiga la revelación de secretos por parte de profesionales especialmente obligados al sigilo o reserva. Si bien ambas modalidades delictivas presentan elementos comunes, se diferencian en virtud de la clase de actividad que desarrolla el sujeto activo, según se derive ésta de una relación laboral o de una actividad profesional como la del médico. Las situaciones de quebrantamiento del secreto profesional por parte de un médico son encuadrables en el art. 199.2 CP y, por ello, nos centraremos en el estudio de los elementos típicos de esta figura delictiva, que en muchos casos son comunes a ambas modalidades. Con carácter previo, es necesario poner de manifiesto la consideración de este delito como norma penal en blanco, de manera que para determinar el alcance de los elementos específicos que integran el supuestos de hecho debemos acudir a otros sectores del ordenamiento jurídico, en concreto, al marco legal antes diseñado, que permite dotar de contenido a los elementos normativos que incorpora el art. 199.2 CP[48]. Por lo que respecta a la cuestión del bien jurídico-penal[49], la rubrica de “revelación de secretos” pone de manifiesto que la dimensión de la intimidad que se protege es la que se integra en el secreto profesional[50]. Desde esta perspectiva, se brinda protección a los hechos que se consideran secretos siempre que afecten al derecho a la intimidad, cuyo concepto y alcance hemos delimitado más arriba, de manera que la intimidad se constituye no sólo como un derecho fundamental constitucional (art. 18.1 CE), sino también como un bien jurídico merecedor de protección penal[51]. En cuanto a la delimitación del sujeto activo del delito, estamos en presencia de un delito especial propio[52], de manera que sólo puede ser realizado por aquél que tenga la consideración de profesional y no por la generalidad de las personas y, además, el profe- [Página 468] sional debe ser un “confidente necesario”, es decir, que exista una relación que le obligue jurídicamente al sigilo y reserva. Como pone de manifiesto ROMEO CASABONA[53], por profesional ha de entenderse la persona que a) ejerce actos propios de su profesión, b) acreditada por un título académico u oficial[54], c) ya realice la prestación de sus servicios por cuenta propio o ajena, d) requiere darse de alta como colegiado, e) el ejercicio de la profesión le convierte en confidente necesario. En los casos en los que exista una relación médico-paciente será el médico que viole el secreto profesional el sujeto activo del delito. Sin embargo, ofrece mayor dificultad la delimitación del círculo de sujetos activos en los casos de la medicina en equipo (hospitales, centros de salud, etc.), ya que la información confidencial de los pacientes es compartida por un conjunto de profesionales sanitarios (“secreto compartido”) e incluso por profesionales no sanitarios (“secreto derivado”)[55]. En estos casos de división de trabajo (vertical u horizontal) rige el principio de confianza, que implica que multitud de profesionales conozcan los datos e historial médico del paciente[56]. No obstante, el ostentar la condición de profesional sanitario no permite acceder a cualquier información médica, sino que el acceso a la misma debe ser en interés del paciente y ser necesario para su tratamiento[57]. El Código penal de 1995, a diferencia de otros modelos de Derecho Comparado, no introduce un listado exhaustivo[58] ni tan siquiera una cláusula genérica[59] que permita delimitar las personas ligadas al secreto profesional. En nuestra opinión, el art. 199.2 CP sería aplicable a todas aquellas personas erigidas en “confidentes necesarios” pese a que sólo desempeñen tareas auxiliares, de manera que se extenderá a éstas también el deber de secreto[60]. Por lo que respecta a los posibles sujetos pasivos de este delito, lo serán aquellas personas cuya intimidad se vea lesionada por la revelación del secreto médico. Se discute si pueden serlo las personas fallecidas[61] en los casos en los que se revelan secretos de la es- [Página 469] fera íntima tras su muerte[62]. No obstante, en aquellos casos que la revelación de secretos pueda lesionar la intimidad de los familiares (por ejemplo, enfermedades genéticas), serán éstos los sujetos pasivos del delito como titulares de su propia intimidad. El objeto material de este delito está constituido por el “secreto ajeno”. Para determinar el alcance y límites del deber de sigilo deberá acudirse a la regulación en otros sectores del ordenamiento[63]. El deber de sigilo se refiere a los datos personales o de salud que conoce el profesional por la relación de confidencia que mantiene con su paciente y que comprendería los datos revelados por el paciente y los descubiertos o deducidos por el sanitario[64]. La acción típica del delito previsto en el art. 199.2 CP, consiste en divulgar los secretos de otra persona, con incumplimiento de la obligación de sigilo o reserva. El término “divulgar” debe interpretarse como sinónimo del término “revelar” utilizado en el apdo primero del art. 199 CP[65]. En consecuencia, basta para que se entienda realizado el tipo que se transmita la información a una sola persona ajena al secreto, sin que se tenga que hacer ante una generalidad de personas como pudiera inducir una primera interpretación del término “divulgar”[66]. Por lo que respecta al tipo subjetivo, es necesario el dolo, que requiere la conciencia y voluntad de la revelar o divulgar el secreto médico, sin que se castigue la modalidad imprudente[67]. La revelación de secretos debe hacerse contra la voluntad del sujeto, de manera que si es el paciente el que solicita o acepta que se revelen determinados datos, dicho consentimiento válidamente prestado[68] podrá operar como causa de atipicidad de la conducta[69].

B) Salud mental y confidencialidad.

También trata la legislación de un modo especial los datos relativos a la salud mental, no obstante, este problema ha sido objeto de menor atención por parte del legislador y la doctrina. En el tratamiento de datos relativos a la salud mental plantea especiales problemas la cuestión de la información y el consentimiento, pues en muchos casos la persona que sufre la enfermedad no se encuentra capacitada para tomar decisiones y, además, la especial vulnerabilidad en que se encuentra el enfermo supone, en muchas ocasiones, que la información que transmite vaya muchos más allá de lo que cualquier persona sin esos problemas desearía compartir con el médico[100]. En los casos en que el enfermo se encuentre incapacitado legalmente para dar su consentimiento[101], será su representante
legal el que tendrá que tomar la decisión. No obstante, en muchos casos el enfermo mental no estará enajenado hasta tal punto que no le permita consentir y, por lo tanto, no se encontrará incapacitado legalmente para ello y podrá ejercitar él mismo ese derecho personalísimo. Respecto a los supuestos en los que el médico puede revelar las confidencias de su paciente, debemos llegar a la misma conclusión que en los supuestos anteriores, de manera que podría quedar justificada la divulgación de los datos en aquellos casos que sea aplicable la causa de justificación del cumplimiento de un deber propio del ejercicio de un oficio (art. 20.7 CP) o en que el mal que se trata de evitar (lesión de la salud o vida) sea mayor que el mal causado (lesión de la intimidad) y se den el resto de los requisitos previstos en el art. 20.5 CP[102].

Para leerlo entero

Fuente: Estudios Jurídicos y Penales

demanda Auto Audiencia Provincial

Otro enlace interesante:

Universidad Complutense Master en Psiquiatría Legal

Secreto Médico

Juan Medrano, médico psiquiatra

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2 Respuestas a “El delito de revelación de secretos (art. 199.2 Cp)

  1. Veo esto, en el enlace de Juan Medrano (el último)
    http://www.txoriherri.com/secretomedico_archivos/frame.htm

    Y me pregunto, como éstos pueden hacer negocio con las historias de los pacientes (está expresamente prohibido, ¿no?)
    http://www.avancetrimestralplaneta.es/tercer_trimestre_2009/Secretos_de_consulta.html

    Parece que se debería denunciar porque también en el enlace de Juan Medrano, está esto (creo que la diapositiva es de una edicción antigua, de ahí la pena, pero el art. sgue existiendo en la LEC (ley enjuiciamiento criminal, con otra pena)
    http://www.txoriherri.com/secretomedico_archivos/frame.htm

  2. Y con el 1er. enlace que he dejado pasa lo mismo (hay que biscar el punto 61)

    Quedaría así lo que quiero decir (disculpas):
    http://www.txoriherri.com/secretomedico_archivos/frame.htm (buscar 61)

    http://www.avancetrimestralplaneta.es/tercer_trimestre_2009/Secretos_de_consulta.html

    http://www.txoriherri.com/secretomedico_archivos/frame.htm (buscar 35)

    webmaster, elimina mi anterior comentario, por favor, basta con éste y el texto del 1º). Gracias.

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