«Ya no soy un cobarde, soy un asesino»

Martes, 11 de octubre de 2005

Sucesos. Jorge R. V., de 23 años, encarcelado por empujar a una joven al Metro, confesó ante el juez que llevaba varios días pensando en matar.

Quería demostrar al mundo que era alguien, ya que se reían de él y le llamaban fracasado y cobarde

LUIS F. DURAN Jorge R. V., universitario de 23 años, empujó el pasado martes a Miriam a las vías del Metro de Carabanchel porque quería demostrar al mundo que no «era un cobarde». Así lo confesó ante la juez el pasado viernes durante su declaración, según fuentes cercanas a la investigación. El presunto homicida llevaba varios días tratando de saciar su sed asesina para vengarse de cuantos le rodeaban. «Todos me increpaban. Se reían de mí. Se metían conmigo.Me llamaban cobarde y fracasado. En el colegio, en la calle, en mi casa». El asesinato era su venganza. Publicidad anapixel Y reconoció ante la magistrada que lo hizo de forma consciente.Sabiendo que hacía mucho daño. Que quería matar. Eligió a Miriam al azar como podría seleccionar a otra persona. La tiró contra las vías y, con una tremenda sangre fría, contempló cómo el convoy la arrollaba. Se quedó parado unos segundos y pudo observar de cerca la terrible secuencia. Escuchó los gritos de Miriam y luego salió corriendo hacia la cabina central del andén. Allí dijo: «Detenedme, pegadme o matadme, porque soy culpable. Quiero se detenido». Había cumplido su objetivo. En la actualidad, Jorge se encuentra ingresado en la cárcel de Soto del Real. La juez decretó su prisión incondicional y sin fianza. Se le imputa un delito de asesinato en grado de tentativa.Tras pasar 48 horas en el calabozo, los médicos forenses le han diagnosticado una esquizofrenia simple de la que jamás se le había tratado. Ahora, un grupo de psiquiatras le someterá a una evaluación continua para determinar las alteraciones de su conducta. Miriam, la joven de 20 años que trabajaba como auxiliar administrativa en una asesoría de Carabanchel, sigue ingresada en la UCI del hospital Doce de Octubre. Su estado sigue siendo muy grave. El convoy le seccionó la pierna derecha a la altura de la pelvis.Además, sufre numerosos desgarros y traumatismos. Estudiante de Medicina El presunto asesino empezó la carrera de Medicina en el año 2001.Pero a los pocos meses, Jorge pidió una prórroga de estudios al serle diagnosticada una reacción depresiva prolongada. Pese a que había sufrido algún brote esquizofrénico no había sido tratado como tal. En el centro de salud de Fuenlabrada se le atendía como un enfermo mental con depresiones agudas. Ante la juez, Jorge declaró que llevaba más de un año sin medicarse y sin hacer caso a las recomendaciones de su médico Nicolás C. No tomaba ni los antidepresivos ni los ansiolíticos, fármacos que tranquilizan y disminuyen la ansiedad.

En los últimos meses Jorge empezaba a concebir su diabólica maldad.Se sentía cada día más fracasado y angustiado. Había decidido que matar era su salvación. Convertirse en un criminal le daba una categoría especial. Le podría salvar ante los ojos de todos.Su estado físico, además, empeoró mucho. Había cogido muchos kilos de peso y se mostraba taciturno y triste. Ante la juez reconoció que llevaba varios días pensando en matar. «Quería asesinar a alguien», contó. Durante los primeros días de octubre imaginó cómo podría ejecutar su ideas malévolas. Viajaba a diario en el Metro y se dio cuenta de que «era fácil matar empujando a alguien contra las vías». En la tarde del martes 4 de octubre entró en el Metro de Carabanchel y pensó que era el momento oportuno de la vendetta. El día había sido normal pero dijo: «Ese día salí para matar». Al llegar al andén eligió a una persona al azar. Resultó que fue Miriam como podría haber sido cualquiera de las personas que estaban a su lado. Pensó que era el momento. Ante la juez recordó perfectamente cómo era la víctima: «Bajita, morena, de complexión fuerte, no delgada». Lo que más llamó la atención de la juez fue la crueldad del relato del joven. No estaba arrepentido. Era consciente de la envergadura de su acción criminal. Pero se sentía liberado. «Era un asesino en potencia. Tenía la necesidad de matar. Ahora sí soy un asesino. Soy un asesino de verdad», contó. El detenido también reconoció que no había visto en su vida a Miriam, a pesar de que ambos vivían en Fuenlabrada.

Pegó a su padre Hay otros elementos intrigantes en el relato de Jorge. Reconoció que en el seno de su familia ha vivido episodios violentos. Dijo que en su día ya tuvo que agredir a su padre porque pegaba a su madre. También aseguró que llegó a amenazar a una compañera.Pero nunca achacó estos actos de barbarie a su estado mental. Asimismo, ha sido sorprendente la respuesta de la familia de Jorge. Desde un primer momento han negado que fuese un chico con problemas. Al revés, comentaron que era un chaval normal.Desmintieron que fuese tratado de cualquier enfermedad mental e insistieron en que seguía estudiando Medicina, pese a que dejó la carrera en 2002. Ni siquiera admitieron su enfermedad mental.Los vecinos sí aseguraron que Jorge había dado un cambio radical en su manera de ser: «Parecía raro y agresivo. Además había ganado mucho peso». Y aún más misterioso fue el final del relato de Jorge tras prestar declaración ante el juez. Aseguró que se sentía el salvador del mundo y que podría hablar con el «mismísimo Dios».

Fuente: EL Mundo

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