Mujeres en el Manicomio: El Intercambio, Frances

He visto recientemente estas dos películas basadas en hechos reales, que tratan sobre el abuso de poder ya sea de autoridades policiales o padres tóxicos acaban llevando a sus víctimas en este caso mujeres Christine Collins y Frances Farmer, doble victimización, por mujeres y por locas al encierro manicomial y su destrucción. Recomendable para saber cómo eran los manicomios estadounidenses de los años 20 – 40, antes de la llegada de los psicofármacos usando innumerables perrerías: comas insulínicos, baños de agua helada, electroshocks, lobotomías, encierro con camisas de fuerza, todo aplicado al mínimo comportamiento díscolo, por parte del personal psiquiátrico que cumple las órdenes del loquero de turno como los discípulos de un culto de enajenados.

En esas mazmorras del terror la violaciones, mezcla de pacientes con enfermedades neuropsiquiátricas con sanas, para que acaben enloqueciendo realmente y se confundan, tratamiento despótico y mínimas condiciones de salubridad, higiene y alimentación son el pan de cada día.

Los realmente locos o enajenados no reciben ningún tratamiento psiquiátrico en el caso del intercambio el psicópata asesino de niños, no pisa manicomio alguno y en el caso de Frances, su madre tampoco, estas dos mujeres al final se libraron del sistema psiquiátrico por los pelos, con ayuda externa y porque les dijeron el truco de cómo salir, diciendo a los loqueros lo que quieren oír, no la realidad,  aunque esto último en los dos casos sirvió de poco.

***

El Intercambio de Clint Eastwood (2008)

Basada en la historia real de Christine Collins (1901 – 1996)


Título original: Changeling. Dirección: Clint Eastwood. País: USA. Año: 2008. Duración: 141 min. Género: Drama. Interpretación: Angelina Jolie (Christine Collins), John Malkovich (reverendo Gustav Briegleb), Jeffrey Donovan (capitán J.J. Jones), Jason Butler Harner (Gordon Northcott), Amy Ryan (Carol Dexter), Colm Feore (James Davis), Michael Kelly (Lester Ybarra), Geoff Pierson (S.S. Hahn), Denis O’Hare (Dr. Jonathan Steel), Eddie Alderson (Sanford Clark), Gattlin Griffith (Walter Collins). Distribuidora: Universal Pictures International Spain. Estreno en España: 19 Diciembre 2008.

Sinopsis: Los Ángeles, marzo de 1928. Un precioso sábado por la mañana en un barrio obrero, Christine Collins (Angelina Jolie), madre soltera, se despide de Walter, su hijo de nueve años, para acudir a su trabajo de operadora telefónica. Pero cuando Christine regresa a su casa, se enfrenta a la peor pesadilla de cualquier madre: su hijo ha desaparecido. Lo denuncia ante la policía y empieza una minuciosa e infructuosa búsqueda. Walter ha desaparecido sin dejar rastro. Sin embargo cinco meses después, aparece otro niño que asegura ser su hijo. La policía, a la que le vendrá muy bien la publicidad que surgirá de un reencuentro público, le entrega el niño. Christine, aturdida por los fotógrafos, los reporteros y la policía, acaba llevándoselo a casa a pesar de saber que no es su hijo Walter. Christine no se rinde e insiste en que la policía siga buscando a su verdadero hijo, pero pronto descubre que, en la época de la Prohibición en Los Ángeles, una mujer no se enfrenta al sistema y sobrevive para contarlo. Acusada de desequilibrada y de ser una madre irresponsable, encuentra un aliado inesperado. Se trata del reverendo Gustav Briegleb (John Malkovich), que la ayuda a luchar contra la municipalidad y a buscar a su hijo. A pesar de un departamento de policía corrupto que cuestiona su salud mental y de un público escéptico deseoso de ver un final feliz, Christine no deja de buscar respuestas.

La historia de Los Ángeles está marcada por sensacionales relatos de corrupción, encubrimientos y asesinatos durante los años que siguieron a la fundación de la ciudad. Desde el juicio por violación y asesinato de la joven actriz Virginia Rappe por Roscoe “Fatty” Arbuckle en 1921, pasando por el secuestro del evangelista Aimee Semple McPherson en 1926, hasta el asesinato de la Dalia Negra en 1947, el escándalo ha formado parte de la vida diaria de la ciudad, envolviendo a sus personalidades políticas en un aura negativa.

Pero fue la casi olvidada lucha de una mujer de clase trabajadora para encontrar a su hijo desaparecido lo que, casi 80 años después, haría posible la unión de algunos de los cineastas mejor considerados de Hollywood para contar su historia. Nadie recordaba la increíble batalla librada por Christine Collins hasta que un ex-periodista la redescubrió por casualidad.

Los enormes sótanos del Ayuntamiento de Los Ángeles albergan casi cien años de historia en sus archivos, entre los que se encuentran decenas de miles de páginas con los informes sobre Christine Collins y las sesiones del Consejo Municipal de Bienestar Social a finales de los años veinte del siglo pasado. Cuentan la historia de la desaparición de Walter, su hijo de 9 años, y las enrevesadas maquinaciones del Departamento de Policía de Los Ángeles durante y después de la más que deficiente investigación.

Hace unos cuantos años, el guionista J. Michael Straczynski, que había trabajado para Los Angeles Times, The Herald Examiner y Time, entre otras publicaciones, descubrió la asombrosa historia de la mujer que detuvo la maquinaria política de la ciudad. Ya se sabe que un periodista depende de su fuente, y Michael Straczynski sabía que había algo interesante cuando un viejo contacto suyo se puso contacto en él.

El guionista recuerda: “Una fuente que tenía en el Ayuntamiento me llamó para decirme que estaban quemando archivos viejos y que debería echar un vistazo a uno antes de que acabara en la incineradora. Me fui allí corriendo y leí la transcripción de la vista oral que celebró el Consejo Municipal de Bienestar Social para el caso de Christine Collins. Empecé a leer el testimonio y lo primero que pensé fue: ‘Esto no puede haber pasado, debe haber un error’, y me quedé enganchado”.

“Es una historia extraordinaria”, dice la actriz Angelina Jolie. “Cuando empecé a leerla, no podía parar. Christine Collins fue una mujer admirable, pero como actriz había muchas cosas en la historia donde no quería meterme. No quería hacer una película acerca de un niño desaparecido porque creo que puede ser peligroso dejar entrar ciertas cosas en mi mundo, mis pensamientos. Pero me convenció la fuerza que demostró tener esa mujer. Me gustó mucho la historia porque expone la corrupción de los que están en el poder”.

A continuación, presentamos a los lectores todos los secretos de esta apasionante historia. Además de anécdotas del rodaje y testimonios del equipo técnico y artístico, relataremos los escalofriantes hechos reales en los que se inspira El intercambioChangeling). (

No obstante, recomendamos que abandonen la lectura todos aquellos que no deseen conocer de antemano detalles del argumento. Los demás, pueden seguirnos en este recorrido cinematográfico que nos llevará a conocer a la auténtica Christine Collins y a desentrañar algunos de los enigmas del caso de la granja de pollos de Wineville, conocido popularmente como “los crímenes de Wineville” (Wineville Chicken Coop Murders).

Un legado de amor materno. Recordando a Christine Collins

En el año 1928, Los Ángeles estaba en manos de una infraestructura política despótica a cuya cabeza se encontraba el alcalde George E. Cryer, respaldado por el jefe de policía James E. “Dos pistolas” Davis (a menudo fotografiado adoptando una postura de matón con sus dos pistolas) y su grupo de policías pistoleros que aterrorizaban la ciudad. Pero el reinado del alcalde y del jefe empezó a hacer aguas cuando Christine Collins, una madre soltera que criaba a su hijo de 9 años en un barrio obrero denunció la desaparición del niño. Después de meses de búsqueda, la policía solo había obtenido una creciente publicidad negativa.

Cuando se encontró a un chico en DeKalb, Illinois, que decía ser Walter, Christine y todos los que participaban en la búsqueda contuvieron la respiración. Después de ver las fotos, las autoridades estaban convencidas de que el caso estaba resuelto. Christine reunió el dinero necesario para traer al niño y la policía de Los Ángeles organizó un auténtico montaje mediático para el reencuentro entre el niño y la desesperada madre. Estaban convencidos de que distraería la atención del público y alejaría la presión a la que empezaban a estar sometidos por su incapacidad para resolver este caso (y la mayoría de casos) y que además haría olvidar los numerosos escándalos de corrupción.

Pero el problema fue que el niño en cuestión no era Walter.

A pesar de que Christine Collins declaró inmediatamente y en repetidas ocasiones que el niño no era su hijo, el agente encargado del caso, el capitán J.J. Jones, según lo que ella contó en la vista ante el Consejo Municipal, le dijo que “probara el niño un par semanas”. Confundida y desorientada, aceptó.

Y el caso se cerró.

A las tres semanas, Christine Collins volvió con el niño diciendo que no era Walter por mucho que dijera la policía. El capitán Jones no estaba acostumbrado a que cuestionaran sus decisiones, y menos una mujer. Con la aprobación tácita de Davis, el jefe de policía, sometió a Christine a una campaña difamatoria y la hizo ingresar en el ala de psiquiátrica del hospital del condado para no reconocer su equivocación. Allí estuvo encerrada cinco horribles días bajo un “Código 12” reservado para personas difíciles, normalmente mujeres, a las que se ingresaba en el ala psiquiátrica sin orden judicial.

El niño que dijo ser Walter acabó reconociendo que tenía 12 años y que se llamaba Arthur Hutchens (también usaba el alias de Billy Fields), un chico del Oeste Medio que se había escapado de su casa y que quería llegar a Hollywood para conocer a Tom Mix, su actor favorito.

Cuando oyó a alguien en un bar de carretera de Illinois decir que tenía un parecido asombroso con el chico Collins, se le ocurrió entregarse a las autoridades locales y hacerse pasar por Walter para que Christine le pagara el billete de autobús a Los Ángeles, le alojara y alimentara. Sin saberlo, su plan desencadenaría una serie de acontecimientos que cambiaría para siempre el comportamiento de la policía de Los Ángeles.

Lo que al principio era una historia interesante no tardó en convertirse en un relato absorbente para J. Michael Straczynski a medida que iba descubriendo más detalles. Dedicó un año a seguir el complicado itinerario que recorrió Christine Collins durante siete años para descubrir qué le había pasado a su hijo. Pero lo que descubrió en los polvorientos archivos era mucho más grave que la farsa ideada por el joven Arthur Hutchens. Había una historia paralela, la de Gordon Northcott, un hombre depravado que alternativamente reconocía y negaba haber matado a Walter, y la del terrible y violento poder que ejercían las autoridades de Los Ángeles en la época.

El guionista también descubrió que un ministro presbiteriano llamado Gustav A. Briegleb había ayudado a Christine Collins. Como una auténtica espina clavada en el costado del sistema, el activista alentaba a la gente a luchar contra la corrupción desde su programa de radio y sus sermones. Trabajó con Christine y su abogado para que el caso de Walter no se enterrara y para desvelar el tratamiento inhumano al que había sido sometida en el ala psiquiátrica.

Consiguieron que varios líderes políticos dimitieran y desenmascararon la corrupción que había invadido el departamento de policía.

Christine Collins murió en 1935 sin saber lo que le había pasado a su hijo. El guionista J. Michael Straczynski habla de su legado:

“Todo se basa en el deseo de Christine Collins por descubrir lo que pasó, en que nunca se rindió, pasase lo que pasase. Nunca abandonó su búsqueda. Su tenacidad le dio fuerzas para soportar cosas que habrían roto a cualquiera, pero ella nunca dejó de luchar. Quería rendirle un homenaje”.

Hablando del guión, dice: “Mi intención era muy simple, quería honrar a Christine Collins. Por lo tanto, debía contar la historia con la mayor honradez posible, dejar patente que nunca perdió la esperanza y siguió buscando a su hijo. Su simple pregunta: ‘¿Dónde está mi hijo?’ consiguió desmoronar toda la estructura municipal de Los Ángeles”. Para hacer más veraz la historia, el guionista incluyó frases sacadas del testimonio de Christine y de otras personas.

Una vez escrito el guión, J. Michael Straczynski empezó a buscar a los cineastas y a la actriz que estuvieran a la altura de esta pionera de la defensa de las víctimas. Los encontró en Clint Eastwood, Imagine Entertainment y Angelina Jolie.

Fuente: http://www.guzmanurrero.es/index.php/Criticas/El-intercambio-Changeling.-Entrevista-con-Angelina-Jolie-y-Clint-Eastwood/Todas-las-paginas.html

***

Bajo la nítida textura de sus imágenes, El intercambio amaga una inquietante exploración sobre la naturaleza del mal en una sociedad imbuida por el puritanismo moral, en la que medra sin apenas oposición la corrupción ejercida desde diferentes instancias del poder.

Basado en un hecho real que hizo tambalear el sistema legal californiano, el film arranca con un plano general en blanco y negro de una calle de Los Ángeles. Cuando la cámara se coloca casi al nivel de los transeúntes, la imagen va poco a poco adquiriendo color. Estamos en marzo de 1928 y el espectro de la depresión económica se cierne sobre América. Un sábado por la mañana en un barrio obrero de la ciudad, Christine Collins (Angelina Jolie), una madre soltera que posee un empleo como encargada de sección en una compañía telefónica, se despide de su hijo Walter (Gattlin Griffith) y sale a regañadientes para ir a trabajar. Es su día libre y había prometido llevar a su hijo al cine, pero es requerida para cubrir una ausencia y no puede negarse. Al regresar a casa, el niño ha desaparecido. Empieza una búsqueda que no parece dar frutos hasta que, meses después, la policía le entrega a un niño de nueve años que dice ser su hijo. Aturdida por la policía, la prensa sensacionalista y sus propias emociones, Christine le deja quedarse en su casa, aunque desde el principio sabe que no es Walter. Intenta convencer a la policía de que siga buscando a su hijo, pero pronto descubrirá que la connivencia de la administración pública –que le envía a un médico forense para hacerle creer que el niño entregado es el suyo– y el corrupto departamento de policía –del cual se dice que son los verdaderos criminales de la ciudad– no le dejan otra alternativa que emprender en solitario una lucha sin cuartel. Tachada de loca, e incapacitada, por fin encuentra un aliado. Se trata del reverendo Briegleb (John Malkovich), que la ayudará en su pugna contra las autoridades municipales hasta que llegue conocer el trágico destino de Walter y de otros niños.

Como en Mystic River, Eastwood dirige la cámara a la existencia de un mal que se ceba en los más desprotegidos: los niños, en ambas cintas, a los que un poder externo y psicopático cercena la inocencia y, con ella, la vida. Además de a otro mal, acaso menos evidente, pero igual de destructivo: el de un sistema cuyo único fin es perpetuarse, arrollando lo que se le interpone sin reparar en límites morales. Parte de dicho sistema es la psiquiatría institucional, presente en la película en dos momentos de un relato perfectamente modulado: el primero, representado por el médico forense que la policía envía a casa de Christine para que la convenza de que el pequeño falsario es su verdadero hijo, y que si no lo reconoce es a causa de su propia inestabilidad emocional; el segundo, el proceso de pérdida de identidad a que se la somete tras su ingreso en el manicomio, al que la conduce esposada la policía en virtud de un denominado “código 12″ (una suspensión de derechos por vía médica), con el perverso argumento de que una mujer incapaz de reconocer a su propio hijo sólo puede estar loca. Allí coincide con otras mujeres (prostitutas, ladronas, ex-amantes de policías) cuya única patología es la insumisión ante los abusos de poder policial, tanto en el ámbito público como en el privado. Los pasajes en el manicomio, que con profusión de electrochoques y manguerazos de agua helada para quebrar la voluntad de la interna habrían hecho las delicias del Sam Fuller de Corredor sin retorno o del Graeme Clifford de Frances, cuestionan una vez más la existencia de una falsa cordura que no duda en recurrir a la ciencia para enmascarar la realidad y sojuzgar a quienes le hacen frente. El papel del médico que intenta doblegar la voluntad de Christine, reconducirla –forzándola a firmar un documento en el que admita su error– es especialmente crítico con una cierta imagen del psiquiatra: lejos de presentárnoslo como un profesional comprometido con su trabajo y respetuoso con los derechos de sus pacientes, encarna la sumisión de la ciencia al poder, así como la miseria de los individuos que se crecen ante los débiles y se prosternan ante los poderosos. La humillación que experimenta al tener que obedecer las indicaciones del reverendo Gustav Briegleg, que se presenta en el manicomio con una orden de excarcelación, produce en el espectador una inevitable satisfacción, al no poder evitar la identificación con aquellos personajes nobles, de vida incierta, que representan la integridad moral ante la corrupción institucional. Riesgo éste, por otra parte, que no es ajeno a las cintas que ha dirigido Eastwood: el deslizamiento hacia percepciones maniqueas de la realidad sobrevuela a baja altura por la superficie de sus historias y a punto está en ocasiones (Million Dolar Baby) de tocar tierra.

En cuanto a los actores, Angelina Jolie lleva el peso de toda la película de una manera convincente y logrando que el espectador se angustie con su busqueda y se identifique con su desesperación. Junto a ella, un ambiguo John Malkovich, en el papel de un pastor luterano embarcado en una furibunda cruzada contra los desmanes de la policía y que será el único que la ayude. Jason Butler, en el papel del psicópata asesino Gordon Northcott, y Geoffrey Pierson, en el del prestigioso abogado que se hace gratuitamente cargo del caso de Christine, completan un reparto muy bien compensado. Por último, la fotografía, algo envejecida, nos lleva a la época en la que se desarrolla la historia, y la música, una de las grandes pasiones del director del cintas como Bird o Straight No Chaser, nos conduce sin estridencias por los intersticios de esta poliédrica historia.

Fuente: http://www.psiquiatria24x7.com/bgdisplay.jhtml?itemname=review&section=el_intercambio

Frances de Graeme Clifford (1982)

Basada en la historia real de Frances Farmer (1913-1970)


PAÍS: Estados Unidos
DIRECTOR: Graeme Clifford
GUIÓN: Nicholas Kazan, Eric Bergren, Christopher De Vore
MÚSICA: John Barry
FOTOGRAFÍA: Laszlo Kovacs
REPARTO: Jessica Lange, Sam Shepard, Kim Stanley, Bart Burns, Kevin Costner, Anjelica Huston, Jeffrey DeMunn, James Karen, Christopher Pennock
PRODUCTORA: Universal Pictures / Brooksfilms / EMI Films
PREMIOS: 1982: 2 Nominaciones al Oscar: Mejor actriz (Jessica Lange), actriz secundaria (Kim Stanley)
GÉNERO: Drama Biográfico. Cine dentro del cine

SINOPSIS: Tiene sólo 23 años cuando debuta en el cine. Es hermosa e inteligente, y muchos consideran que llegará a ser una gran estrella. Pero Frances Farmer es, además, una persona poco convencional, algo que en el Hollywood de los años treinta no se considera precisamente una cualidad. Tras su fracaso sentimental se vuelca en la bebida e inicia un camino de destrucción sistemática. Su madre, una mujer autoritaria, obetiene su custodia legal y la interna en un hospital psiquiátrico, donde es sometida a electrochoques y a una cura de insulina. Frances se encuentra al borde del abismo y no le queda más que una esperanza: su mejor amigo, Harry York.

¿Quien no recuerda la canción “Frances Farmer Will Have Her Revenge on Seattle”? Estaba incluida en el album “In utero” de Nirvana y me puso sobre la pista de la vida de Frances Farmer, actriz nacida en Seattle en 1.913.

Su vida inspiró la película “Frances” (1.982), protagonizada por Jessica Lange. Desde el comienzo de la película vemos que Frances no era una actriz al uso, no se puede decir de ella que fuera una más de las aspirantes a gran estrella que eran contratadas por los estudios de cine en los años 30 y 40. Saltó a la fama con apenas 17 años, al ganar un concurso de redacción convocado por una revista con el título “God dies”, (con su lectura da comienzo a la película), lo que supuso todo un escándalo para su ciudad (ella dijo posteriormente: “It was pretty sad, because [after the publication of God Dies] for the first time I found how stupid people could be. It sort of made me feel alone in the world. The more people pointed at me in scorn the more stubborn I got and when they began calling me the Bad Girl of West Seattle High, I tried to live up to it.”) Ya en la universidad, ganó con su grupo de teatro otro concurso que le llevó a visitar la Unión Soviética,y esto dió lugar a que la fama de comunista, atea y contestataria ya no le abandonara en toda su carrera.

A pesar de triunfar en Hollywood no se sentía cómoda con el Star System, sino más bien utilizada por él, y eso le llevó a intentar la carrera teatral, pero fracasó en ella a la vez que terminaba su relación con el dramaturgo Clifford Odets. A raiz de esa ruptura, Frances entra en una espiral de depresión, alcoholismo y desesperación que le lleva a protagonizar varios altercados, es detenida por conducir borracha y por pegar a una maquilladora y condenada a 180 días de cárcel (sin la asistencia de un abogado). A partir de esos hechos su vida va cuesta abajo, es internada en varios sanatorios y su tutela es otorgada a su asfixiante y manipuladora madre. El tratamiento al que le someten es inhumano: inyecciones de insulina humana, baños de hielo, electroshock, hasta llegar a la lobotomía, por no hablar de las violaciones por parte de enfermeros y de marines que eran colados ilegalmente en el sanatorio a cambio de dinero… En fin, si Frances no estaba loca antes, está claro que algo así puede acabar con la cordura de cualquiera. Más de siete años estuvo entrando y saliendo de sanatorios hasta que finalmente pudo recoger los pedazos que quedaban de su vida e intentar rehacerla, pero ya nunca podría retomar su carrera.

*Mención aparte merece en la película el papel del amigo de Frances, Harry York (interpretado por el también escritor Sam Shepard, que en el rodaje conoció a Jessica Lange y ya nunca más se separó de ella) que aparece como una presencia constante en su vida- a modo de ángel de la guarda o caballero andante- un amigo y amante leal y sincero que rescata a Frances Farmer de las situaciones más complicadas. Lástima que sea un personaje totalmente ficticio y que la verdadera Frances nunca tuviera una figura así a su lado,y falleciera completamente sola a la edad de 56 años.
En cuanto a Shepard, me remito a lo dicho por Alberto Balsam en los comentarios de “Crónicas del motel” : “Sam Shepard es “el hombre”: terriblemente bueno escribiendo, muy guapo, inteligente y casado con Jessica Lange. No se si se le puede pedir más a la vida”. Lo dicho, “Pon un Sam Shepard en tu vida”.
Fuente: http://desconvencida.blogspot.com/2006/07/frances-farmer.html

“Creo que Dios simplemente se murió de viejo”, decía un pasaje de la redacción que Frances Farmer escribió cuando aún estaba en el instituto. Se titulaba “Dios se muere” y fue la primera vez que la Farmer conoció el escandálo. No sería la última.
Su madre lloró cuando la joven Frances ganó un viaje a la Unión Soviética. En Seattle, todos pensaban que era atea y comunista. Frances sólo quería ser independiente, y su curiosidad por la vida era más fuerte que ella misma.
Era la perfecta chica de los años treinta, preparada para liberarse, dispuesta a culturizarse.
Cuando Howard Hawks la hizo estrella con la película “Come and Get It”, todos empezaron a hablar de la intrigante Frances, la extravagante Frances. La loca de Frances.

Siempre dijo que Hollywood no era para ella. No le gustaba ser un símbolo sexual; odiaba ser una cara glamourosa y un escote generoso. Detestaba la prensa del cotilleo y se peleaba con los productores.
Cuando le rompían el corazón, ya fuera Leif Erickson o Clifford Odets, sufría más que nadie.
Pronto, la Farmer dejaría de ser famosa por sus pocas películas y se convertiría en uno de los más terribles juguetes rotos de la industria.

Fue despedida de un rodaje por llegar tarde y borracha y pegar a una de las maquilladoras. La policía la encontró desnuda en su apartamento. Llevaba allí encerrada demasiado tiempo. En el juicio, insultó a los periodistas.
La Farmer era portada de aquello que no quería: el sensacionalismo y la mentira.

Para librarla de la cárcel, Lillian Farmer, su madre, decidió internarla en un lujoso sanatorio, del que salió al poco tiempo.
A partir de ahí, empezó el terrible declive de la relación entre Frances y Lillian. Ésta, empeñada en que volviese a Hollywood, la amenazaba continuamente con confinarla en un centro psiquiátrico.
Pero Frances sólo quería ser libre y estar lejos de los focos. Con cada fuga de Frances, Lillian cumplía su espantosa amenaza.

Frances pasó años recluida en manicomios, tras haber perdido judicialmente la potestad sobre sí misma. En manos de su fanática madre, los centros donde la Farmer fue internada eran cada vez más públicos, más baratos y más sórdidos.
A mediados de los años 50, reaparecería en “This is Your Life”, y aseguró con toda serenidad que nunca había sido alcohólica y que jamás había estado loca. “Eso es lo que me hicieron creer”.
A continuación, Frances Farmer presentó un show televisivo propio durante varios años, pero su mala salud y su alcoholismo la apartaron definitivamente de las cámaras en 1962.

Tras su muerte en 1970, varias biografías insistieron morbosamente en las estancias de Frances en los manicomios. El más famoso dato, que se trasladó al biopic protagonizado por Jessica Lange, fue que la Farmer había sido sometida a una lobotomía, con la autorización de su madre. Ese hecho ha sido desmentido en los últimos años, por familiares y personal hospitalario.

En cualquier caso, el golpe seco que sin ninguna duda recibió la Farmer fue en su alma; una estocada que la condenó para siempre.
Fuente: http://jositomontez.blogspot.com/2008/01/los-mil-manicomios-de-frances-farmer.html

Es la biografía de la actriz Frances Farmer quien , tras triunfar como actriz en Hollywood durante la década de 1930, se le diagnosticó psicosis maniaco depresiva y fue internada en una institución psiquiátrica. Además de los comas insulínicos y electroshocks , le practicaron una lobotomía prefrontal que estaba tan de moda en aquellos días (1930´s).

La belleza de Frances Farmer siempre me ha cautivado. Cuenta la leyenda que una vez finalizado el rodaje de “Come and get it” de William Wyler, el director espetó algo así como: “No volveré a trabajar con esa hija de puta”. La historia de Frances es muy, muy cutre. Está relacionada directamente con las historias más negras de Hollywood, que ahora están tan de moda por culpa de La Dalia Negra. Bebedora, déspota y muy conflictiva, a Frances la cogieron conduciendo borracha por la noche. En vez de pagar multa y pasar una noche en el calabozo (como viene siendo habitual en la meca del cine en la actualidad), se rió de los policías y los llamó, textualmente, “mamonazos”. Sería una historia muy graciosa sino fuera porque por orden de un médico, la internaron en un psiquiátrico, en donde fue violada en repetidas ocasiones por enfermos y enfermeros. No contentos con esto, le diagnosticaron psicosis maniaco depresiva y la intentaron curar con electroshocks y tratamientos de hidroterapia (basicamente, les tiraban barras de hielo a los cuerpos desnudos). Frances, milagrosamente, consiguió escapar del centro y se refugió en casa de su madre, pero la señora no se creyó demasiado la historia de su hija y la denunció. En menos de dos horas, estaba la policía capturándola e ingresándola de nuevo en otro centro psiquiátrico. Esta vez, por ser mala, la pusieron en un centro de criminales y retrasados mentales. Un lugar tan pordiosero que no le daban la comida en platos, sino que la tiraban al suelo para que los enfermos se pelearan por cogerla. Pero ella seguía teniendo mal caracter, así que le hicieron una lobotomía transorbital (se abre un párpado y se inserta un picahielos para seccionar el lóbulo frontal del cerebro). En total, estuvo desde 1.942 hasta 1.949 encerrada en un manicomio, aguantando violaciones diarias y tratamientos extremos de la época. Cuando logró salir, su carrera en el cine se había terminado y su vida continuó de forma relativamente normal (en 1.951 se casó y comenzó una carrera televisiva) hasta que un cáncer terminó con ella en 1.970. Puede parecer que todo lo que he contado es una exageración, pero en realidad, los detalles son mucho más escabrosos. Por lo menos, mucho más crudos que los que cuentan en la película Frances, protagonizada por Jessica Lange, que ya de por sí es bastante dura, pero en la que omiten un montón de datos que son los que convierten la vida de Frances Farmer en una auténtica locura. PD: ¿Por qué se llamará a Hollywood la ciudad de los sueños? ¿Acaso no recordamos los casos de Fatty Arbuckle, William Holden, Marilyn Monroe, John Belushi, River Phoenix, Bela Lugosi, Errol Flynn, Chaplin, Buster Keaton… y un largo, largo etcétera? O a lo mejor, para que sea la ciudad de los sueños, por definición, se tienen que quedar personas en el camino…

http://psiquiatrianet.wordpress.com/category/delitos-psiquiatricos/famosos-muertos-o-lesionados/

***

Hay algún error en la película, como el de la lobotomía, no le practicaron la lobotomía, aunque sale el mismo Walter Freeman explicando en que consiste, y usando el picahielo sobre Frances Farmer, pero es falso si le hubiera practicado la lobotomía no hubiera salido ya nunca del manicomio por estar completamente demente, y también cuando le aplican el electroshock en vez de sujetarle con correas, le sujetan los celadores incluso cuando le aplican la descarga, aunque todo lo demás violaciones, electroshocks y comas insulínicos a punta pala es real.

Lo de las violaciones es de traca se ve una escena que está en una celda con decenas de reclusas, parecido a una mazmorra-letrina, y se ve entrando a un celador que recibido el pago, conduce a dos soldados para que violen a Francis Farmer, en esa mazmorra-letrina. También sale la “reserpina” antipsicótico que se dejó de usar al advenimiento de la clorpromazina en los 50, por causar graves depresiones e intentos de suicidio, en la película sale como fármaco que ayuda a despejar la mente.

En  Seattle a 1978 William Arnold publicó Shadowland, que por primera vez alegó que Farmer había sido objeto de una lobotomía transorbital. Las escenas de Farmer que es sometida a este procedimiento lobotomía formaban parte de la película de 1982 Frances, que inicialmente había sido planeado como una adaptación de Shadowland, aunque sus productores terminaron retractándose de su acuerdo con Arnold. [1] En un caso judicial contra Brooksfilm (los productores de película), Arnold reveló que el episodio de la lobotomía y gran parte de su biografía sobre Farmer era “ficción” (La productora tuvo un pleito demandado por el autor de la novela que no le querían pagar los derechos de autor). [1] Años más tarde, en una pista de comentarios del DVD de la película Frances, el director Graeme Clifford dijo: “No queríamos que personas insignificantes respondieran por los hechos”,[5]

La hermana de Farmer, Edith, negó que el procedimiento se llevara a cabo. Ella dijo que el hospital le pidió el permiso de sus padres para realizar la lobotomía, pero su padre estaba “horrorizado” por la idea y amenazó con emprender acciones legales “si practicaran sus operaciones de cobaya en ella”  [6] El Hospital Estatal registra todas las lobotomías realizadas durante el período de Farmer. Desde que las lobotomías fueron consideradas acto médico sin precedentes, el hospital no trató de ocultar su trabajo. Aunque cerca de 300 pacientes recibieron el procedimiento, no hay evidencia que apoye la afirmación de que Farmer se encontraba entre ellos. [1] En 1983 los periódicos de Seattle entrevistaron a ex miembros del personal del Western hospital, incluyendo a todas las enfermeras que estaban de servicio cuando estaba Farmer, y que Farme nunca estuvo de paciente en esa sección. los registros confidenciales del Dr. Walter Freeman paciente no contenía referencias a farmer. El Dr. Charles Jones, residente de psiquiatría en el Western Hospital durante las estancia de Farmer, también afirmó que Farmer nunca se le practicó una lobotomía. [7]

Aunque parece que hay exageraciones e inexactitudes tanto en la novela como en la película basada en ella, que se explican en este artículo, “Arrojando luz sobre shadowland”.

FRANCES FARMER: SHEDDING LIGHT ON SHADOWLAND

Incide que Frances Farmer era inestable mentalmente y alcohólica y que la lobotomía y las violaciones eran un cuento, aunque lo demás ratifica el maltrato que sufrió por las instituciones psiquiátricas, pero en menor medida de lo relatado por el film y la novela.

El mismo departamento de Salud Mental de California, reconoció los hechos que le pasaron a Frances Farmer, como sale al final del film para ha seguido decir que ya han mejorado las condiciones en el área de Salud Mental algo incongruente, como vemos las condiciones manicomiales siguieron igual durante mucho tiempo, como reflejó la pelicula “Alguien voló sobre el nido del cuco” o “Atrapado sin salida” de los 50-60 en el vecino estado norteño de Oregón, lo único que cambió fue la introducción de la clorpromazina (torazina) y el desuso de los comas insulínicos.

Doy las dos versiones

Ambas películas son del género manicomial, un subgénero del terror, pero reales como la vida misma.

Las podéis descargar en Español de vagos.es

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