Cómo detectar enfermos mentales

Para entrar en materia reproduzco este extracto interesante de Thomas Szasz  sobre su libro “El mito de la enfermedad mental”, sintetizado por Antonio Escohotado y extractado por mí.

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En efecto, la religión judeocristiana “fomenta la incapacidad y la enfermedad”. Su Dios ama a los sumisos, a los pobres de espíritu, a los débiles, a los necesitados, a los cobardes, a los impotentes. A la inversa, el éxito en la vida, la independencia, la salud, la fuerza de espíritu, el arrojo, la franqueza el deseo sexual llamada potencia y los demás ingredientes de la alegría resultan sospechosos. Los poseedores de esas cualidades positivas no sólo no tendrán premio en el Cielo, sino que en la Tierra habrán de servir a los poseedores de cualidades opuestas, negativas. No en vano hallamos en el evangelio de Mateo (19, 12) observaciones como ésta: “Porque hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre; y hay eunucos que fueron hechos tales por mano de los hombres; y hay eunucos que se hicieron a sí mismos por causa del reino de los cielos; el que pueda ser capaz de esto, séalo”.
Según Szasz, la “maniobra masoquista” de temer la felicidad en general consagra una “psicología de esclavo”, donde los individuos –y con buenos motivos- “se abstienen de expresar su satisfacción por temor a que el peso de su carga aumente”. La diferencia se halla en la manera de jugar el juego primario, la capacitación laboral.

“Aunque el esclavo no haya terminado su trabajo, podrá influir en su amo para que le conceda un respiro si muestra signos de inminente colapso […] Manifestar signos de cansancio –prescindiendo de que sean auténticos o no- quizá produzca un sentimiento de fatiga o agotamiento en el actor. Creo que este es el mecanismo responsable de la gran mayoría de los estados de fatiga crónica, antes llamados de ‘neurastenia’ […] Muchos pacientes de esta índole están inconscientemente ‘en huelga’ contra personas de quienes dependen. En contraste con el esclavo, el hombre libre fija sus propios límites, y trabaja hasta concluir satisfactoriamente su tarea. Entonces puede disfrutar de los resultados”.

Dios –y también el rey, el padre, el médico, el director espiritual, el comisario, etc.- se mostrará tanto más exigente y punitivo cuanto menos pasivo e incompetente sea el individuo, pues “complácese Jehová en los que le temen, y esperan de su misericordia” (Salmos, 147, 10-11). La pregunta a hacerse es qué consecuencias tienen semejantes reglas cuando son asumidas por adultos no minusválidos. Como sugiere Szasz, apenas es conjeturable la medida en que: a)reducen la confianza de hombres y mujeres en sí mismos; b)fomentan su dependencia e imprevisión; c)estimulan la hipocresía; d)sugieren servirse de la propia incompetencia para coaccionar a otros, prolongando indefinidamente situaciones artificiales de parasitismo. El ejemplo más luminoso y universal es el propio clero encargado de administrar los cultos –tanto el cristiano como el de otras religiones-, que resulta por definición “inútil” para aquello donde en principio deben ser útiles las demás personas, y que será por eso mismo sostenido, además de quedar exento en materia tributaria, militar, etc. La única excepción a semejante pauta era la antigua tradición judaica -donde el rabino estaba obligado a conocer un oficio, para no enseñar la ley divina por interés crematístico-, pero hasta esa salvedad perdió vigencia.

Mirado de cerca, el principio de tener fe y despreocuparse del resto –que se expone paradigmáticamente en las palabras de Jesús, cuando propone ser tan imprevisor como los pájaros o las plantas- contiene una invitación al descuido, la pasividad y la incompetencia.

Allí aparecen y desaparecen Wittgenstein, Russell, el Popper de La sociedad abierta y sus enemigos, Morris, Reichenbach, Tarski y –en general- los presupuestos de la Escuela de Viena. Entendida como juego de lanzarse a un idioma corporal, que no expresa conocimiento (para el jugador) pero sí información (para el resto), la histeria constituye un “protolenguaje”, que en vez de recurrir a símbolos verbales emplea signos icónicos, como el sueño y las fantasías.
Se trata por eso de un lenguaje no discursivo, cosa distinta de decir que sus mensajes carezcan de referentes o “sentido”, según pretende el dogma positivista. El engaño, la pantomima teatral, son actos cargados de sentido. No obstante, cuando el idioma de los signos corporales icónicos se interpreta –es decir, se traduce al lenguaje científico-cognitivo de la medicina-, “se producirá sin falta una información errónea […] pues es más acertado considerar la histeria como una mentira que como un error”.

Tras el protolenguaje histérico, al igual que tras cualquier lenguaje, hay una aspiración –tan retorcida como se quiera- de entrar en contacto con objetos, y a juicio de Szasz “la labor del psicoanálisis en tanto que ciencia es estudiar el tipo de objeto que las personas necesitan”. Al fin y al cabo, “hablar es simplemente otra forma más complicada de ver, tocar o abrazarse”.
Incapaz de despertar el interés, o la conmiseración, de su esposo en circunstancias normales, una mujer lo logra cayendo “enferma” de histeria. Como sucede con el llanto y las airadas pataletas infantiles, ese tipo de comunicación promete tener un efecto más intenso que los mensajes expresados en idioma cortés. De ahí que la histeria sea una comunicación indirecta, basada ante todo en la alusión, según sucede en nuestra cultura con “necesidades sexuales, o de dependencia, y con problemas económicos”. Por su parte, esto conduce a una psicología motivacional que se concreta en términos de roles y reglas. Un cáncer es un evento, mientras un síntoma “psicopatológico” es una acción, que no le sobreviene a una persona sino que esa persona quiere, aunque sea en el plano inconsciente.

Ciertamente, los fundadores de la psicoterapia coincidían en describir a la persona histérica como “alguien que utiliza las reglas del desvalimiento, la enfermedad y la coacción”, dentro de un esquema que “se caracteriza, entre otras cosas, por metas finales de dominio y maniobras de engaño”. Pero esa es una definición ética, con arreglo a la cual no hay “enfermedad” sino más bien fingimiento de una enfermedad, debido a las ventajas directas e indirectas derivadas de ello. Con luminosos ejemplos, Szasz muestra cómo el psiquiatra acabaría sosteniendo que el fingimiento es también una forma de enfermedad.
Una consecuencia inmediata de ello será, desde luego, que esa situación se estabilice –como la del tísico crónico-, y que tanto el paciente como el terapeuta “queden satisfechos con un estado de cosas aún muy insatisfactorio”. Concebir la histeria como enfermedad equivale, pues, a “una estrategia promotora”. Otra consecuencia consiste en mezclar elementos heterogéneos, pues si la tos seca del tísico es equiparable a una tos análoga imitada por cierta histérica bien cabe, siguiendo los mismos pasos, sumar kilos y grados. Precisamente esa confusión alimenta la idea de que tratar a neuróticos o psicóticos carece de nexo alguno con la dimensión moral del comportamiento humano, ya que el facultativo ha de habérselas con “patología”.

Neurólogos por formación y vocación, los fundadores de la psiquiatría creían que todos los llamados pacientes mentales eran “imitadores y farsantes”. Sus herederos prefieren creer que todos los imitadores y farsantes son enfermos. Mostrar las etapas de ese proceso, y su incoherencia radical, funda la antipsiquiatría como corriente. Gorki dijo que “la mentira es la religión de los esclavos y los amos”, definiendo con notable anticipación por qué los psiquiatras contemporáneos no admitirán ese elemento como causa y efecto de lo que sus pacientes son y hacen. Justamente porque no rompen el círculo vicioso del señorío y la servidumbre, llamarán “antihumanitaria” (y “antipsiquiátrica”) a la mera franqueza. La mentira se ignora o se considera otra cosa (amnesia, disociación…), en la misma medida en que el médico trata a los adultos como si fuesen niños, arrogándose el papel del pater familias. A eso contesta Szasz que él se ha limitado a reformular una de las primeras observaciones de Freud: “que la hipocresía es un problema esencial de la psiquiatría”.


La propuesta de Szasz –que la enfermedad mental es un mito, y que los psiquiatras no se enfrentan con patologías, sino con dilemas éticos, sociales y personales- cobra su sentido pleno a la luz de aquello que él considera saludable. En vez de suscribir pautas de acción (“reglas de juego”) que fomentan la puerilidad y la dependencia, el psiquiatra debería basarse en aquellas que apoyan lo contrario: “reglas que subrayan la necesidad de que el ser humano se esfuerce por alcanzar maestría, responsabilidad, autoconfianza y cooperación”.
En definitiva, la clientela de psiquiatras, psicólogos y psicoanalistas está formada ante todo por individuos que no quieren renunciar a juegos aprendidos en fases tempranas de su vida, siguiendo un triple esquema de conflicto. Unos se aferran a las reglas antiguas, rebelándose contra los retos que plantea aprender las actuales; otros tratan de superponerlas, mezclando juegos mutuamente incompatibles, y otros se aferran al generalizado desengaño, “convencidos de que no existe ningún juego digno de ser jugado.”

http://www.escohotado.com/articulosdirectos/szasz.htm

http://www.escohotado.com/articulosdirectos/elmitodelatutela.htm

Otro enlace

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Szasz es el prototipo del psiquiatra racional, el que llama las cosas por su nombre, en su libro “El segundo pecado” cuenta la siguiente experiencia que llevaron a su consulta psiquiátrica a una mujer anciana por parte de sus familiares con un diagnóstico de paranoia, había estado ingresada y tomado neurolépticos pero sin resultado, la anciana entre risas le cuenta a Thomas Szasz que le persiguen, que le echan veneno en la comida, que sufre mucho, todo ello con un rictus de sonrisa (lo denominado como afecto impropio por los psiquiatras).

Szasz le dice que cuente su fracaso en la vida, su aburrimiento su ganas de llamar la atención, qué hace durante el día. Szasz dictamina que la sonrisa de la anciana es como la chanza anticipada del trilero que estafa a sabiendas al incauto que trata con él, la anciana cuenta milongas para llamar la atención de su vida vacua y sin sentido.

Imaginaros  que los psiquiatras de los centros de Salud Mental actuaran como Szasz, hoy es totalmente al contrario la mentira se ha hecho institución.

Viene una persona que no puede dormir con ansiedad y depresión que lo achaca al trabajo. Szasz le responde si está tan mal en el trabajo porque no se cambia de trabajo y estudia psiquiatría se gana medio millón sin hacer casi nada más que oyendo vuestras quejas día tras día me entran por un oído y me salen por el otro, o va al paro y disfruta del subsidio de desempleo. Psiquiatra no racional le prescribe un antidepresivo y un ansiolítico

Viene una persona que lleva años en paro relatando que sufre depresión mayor (se da ella mismo el diagnóstico) y que le haga los papeles para solicitar una pensión. Szasz le dice que el problema de que esté en el paro no es de la medicina que vaya a quejarse el gobierno y para sus problemas depresivos ansiosos lo más sano es cansarse. Psiquiatra no racional le da un antidepresivo y le expide un informe para conseguir la pensión.

A pico y pala se quitan las depresiones-ansiosas

Viene una persona diciendo que oye voces, que le persigue la CIA además lleva una bolsa de basura colgada por la cintura Szasz le pregunta que hace si estudia o trabaja, que porque le cuenta eso a él, que hace durante el resto del tiempo y que también él oye voces en la cabeza, luego se levanta e intenta arrebatar la bolsa de basura al paciente y al resistirse le pega una andanada de ostias. Hoy el psiquiatra no racional le escucha en silencio y le receta antipsicóticos

No soy tan radical como Szasz porque normalmente Szasz no habla de “enfermos mentales” reales sino que habla del 95% de pacientes de un centro de Salud Mental, pero hay un 5% que  son reales. Por eso me inclino más por E. Fuller Torrey que Thomas Szasz, cuando Szasz habla de esquizofrenia no habla de la esquizofrenia neurológica habla de la esquizofrenia psiquiátrica, hay que saber diferenciarlo no es lo mismo un esquizofrénico de la rusia comunista o un esquizofrénico de la secta Falun gong que un esquizofréncio neurológico los tres psiquiátricamente son enfermos mentales con sus correspondientes entrevistas diagnósticas, respectivos informes de insanía mental y toma de medicación neuroléptica, pero sólo uno tiene mal los circuitos del cerebro eso mismo pasa con todas las demás patologías psiquiátricas.

T 800 al desnudo, así los identifica cualquiera

La serie terminator retrata perfectamente el problema de cómo diferenciar a un terminator de un humano, en la segunda película cuenta como los terminators se fueron perfeccionando cada vez más para entrar en las bases de la resistencia haciéndose pasar por humanos y matar a todos los que se encontraran dentro. Su papel imitador era llevado al extremo según cuenta John Connor copiaron hasta el exceso de sudor y el mal aliento, por eso utilizaban perros, con su olfato eran capaces de detectar lo que no podían hacer los humanos.

En lo dicho anteriormente sustitúyase terminator por enfermo mental simulador, los no profesionales detectan mucho mejor los enfermos mentales de los simuladores, y os voy acontar una experiencia real, ya he contado el tema de que cuando la mili era obligatoria, muchos alegaban trastorno mental para salir de rositas de la mili sin hacerla. Pero sólo he contado lo que hacían los enfermos mentales simuladores y no que también había enfermos mentales reales.

***

Experiencia real en un cuartel del norte, ibas al cuartel y alegabas las posibles opciones para prorrogar el servicio militar o declarar causas médicas para eximir del servicio de las armas. Los que alegaban causas médicas defensa montaba expediciones de enfermos en un autobús que se caía a cachos de viejo iba por carreteras secundarias, evitando los puertos en la medida de lo posible porque el autobús era de los años 50 y no podía con las cuestas iba para abajo y no se sabía si el autobús iba a desmontarse en su recorrido antes de llegar a Burgos.

En el cuartel de salida esperan los “enfermos” , el cabo lee los nombres y se van montando en el autobús el 50% va a alegar trastorno mental, el cabo sonríe porque esto lo ha hecho decenas de veces y es la misma rutina de todos los años.

Un colectivo diferenciado de enfermos mentales es un grupo numeroso va sin ducharse, lavarse, afeitarse con ropa destrozada, vieja y sucia y haciendo muecas continuas de desorden mental.

Otro grupito de tres personas enfermas mentales que van duchados, bien afeitados, con ropa de los domingos con un portafolio donde llevan los informes psiquiátricos privados que sus padres los han pagado a precio de oro, no muestran signo de enfermedad mental aparte de ansiedad.

El cabo al entrar el último en el autobús se sienta junto con un enfermo mental higiénico le coge el sobre o portafolio y empieza a leer el informe psiquiátrico para pasar el tiempo. Esquizofrenia paranoide y patatín y patatán, se echa un bostezo y se queda atufado del litro de colonia que se ha echado y lo repeinado que va el enfermo mental de al lado.

Intenta quitarse del encima el pestazo del perfume pero los enfermos de atrás llevan sin ducharse dos semanas y se queda donde está.

El cabo con estudios de graduado escolar en el autobús con destino al hospital militar sabe que del grupo que va a alegar enfermedad mental sólo hay tres enfermos mentales reales el restos son simuladores.

Llegan a Burgos tardando el triple de tiempo porque han tenido que ir a 60 km/h ya que el autobús no da para más.

Estacionan al lado del hospital militar de Burgos y salen los enfermos mentales simuladores la llamada basura del norte, es gratuito decir que ninguno lleva informes médicos van por libre, y en la sala empiezan con las muecas tirarse por el suelo, ir drogados, apestando a mierda a un kilómetro uno de ellos saca una pelota de frontón y empieza a tirarla por la sala de espera. En el otro extremo de la sala están los tres enfermos mentales disimuladores apestan a perfumes y sujetan con nerviosismo los informes que les declaran enfermos mentales.

Después de pasar la mañana y pasados todos consulta con el “experto” psiquiatra vuelven a montarse de nuevo en al autobús los simuladores van sonrientes ya ni hacen muecas ni nada y los disimuladores van como si les hubieran metido algo por el trasero de lo envarados que van.

El cabo se lamenta 50 personas llevo 25 alegan trastorno mental  y sólo tres son verdaderos enfermos mentales, todos los años la misma farsa.

***

Es decir los simuladores intentan copiar los síntomas de lo que se conoce como”enfermedad mental” desaseo, comportamiento irracional  delirante, distraido y confuso, los enfermos mentales reales intentarán pasar como personas normales aseadas, educadas y los delirios se los guardan en casa. Son dos simulaciones a la inversa intentando hallar en el objeto simulado su recompensa o bienestar para unos es ser declarados enfermos mentales para los otros es ser considerados como sanos mentales.

Por eso casi ningún enfermo mental se jacta de su enfermedad que sí lo hacen los simuladores.

También había enfermos mentales reales que se “enteraban” la existencia de su enfermedad ya en la mili, pero sólo uno consiguió en toda la historia militar de españa salir con una pensión extraordinaria del servicio militar alegando que la mili le había causado esquizofrenia, por la docta sentencia de un magistrado del Tribunal Supremo, menos mal que esto es Ejpaña y las sentencias de los tribunales no crean derecho como el Common Law, no sirven de precedentes y cada juez aplica la ley básicamente como le da la gana y llevando los mismos supuestos de hecho de 10000 jueces españoles 1 sentenciará que el recluta un día antes del servicio militar no era esquizofrénico y al entrar en el cuartel contrajo la enfermedad.

Esta noticia se difundió cuando hace años terminó el servicio militar obligatorio en España pero cualquier listillo lo puede usar como argumento, e intentar sacar una pensión extraordinaria en la función pública sin necesidad de cotización alguna que es el freno que existe en lo privado un mínimo de cotización de 5 años en activo para obtener una pensión contributiva, el menor ejercicio de imaginación a este suspuesto judicial si se aplica en pleno servicio militar todos los simuladores y disimuladores tiran abajo las puertas de los cuarteles; los disimuladores eliminando informes previos de esquizofrenia al ingreso en el servicio militar que estaban como una rosa y los simuladores simulando ya dentro de la institución castrense, que decir que ese fallo no se hubiera vuelto a reproducir.

El tema de la simulación es un tema preocupante para los traumatólogos, los psiquiatras como dice Szasz lo ignoran y a su vez para no sentirse estafados o engañados lo denominan como patología como ya vimos en el post La simulación y el engaño en busca de la incapacidad laboral esconden patologías psiquiatricas, o como decir me has engañado con una patología mental inventada pero eres igualmente un enfermo mental.

Esto en traumatología no pasa en dicha especialidad médica se habla de las simulaciones de manera franca, abierta y se investiga en tecnología para su detección.

Un protocolo desenmascara a los simuladores de lesiones
Diario Médico (por Sonia Moreno)
viernes, 23 de mayo de 2008

Los pacientes con debilidad muscular producida por una lesión de tobillo ya no tienen que convencer al especialista de su incapacidad. Un nuevo protocolo basado en la dinamometría isocinética permite distinguir entre los esfuerzos sinceros y los fingidos.

La simulación de lesiones es un caballo de batalla para los especialistas en medicina del trabajo y legal. Algunos estudios sitúan la práctica de esta picaresca en el 10 por ciento de los casos de dolor crónico.

Pruebas como la expresión facial, los cuestionarios, la evaluación sensitiva y la exploración física no siempre identifican fielmente al simulador. Un trabajo que ha contado con la participación de investigadores españoles aporta un nuevo protocolo que puede reconocer con objetividad el esfuerzo fingido en el tobillo.

Jesús Olmo, jefe del Servicio de Rehabilitación y Valoración Funcional de la Mutua Fraternidad Muprespa, en Madrid, es el primer autor del estudio, que se publica en Journal of Electromyography and Kinesiology, y en el que han colaborado las universidades de Tel Aviv (Israel) y de Granada.

El protocolo para detectar simulaciones de lesiones de tobillo se aplica por medio del dinamómetro isocinético, un aparato que mide la fuerza del músculo a diferentes velocidades y modos de contracción.

En esencia, el método se basa en el principio de que “la fuerza máxima de un grupo muscular sigue un patrón coherente y bien establecido al ser ejercida a velocidades y contracciones distintas”, explica Olmo.

“La fuerza obtenida en condiciones concéntricas, es decir, en el sentido del acortamiento muscular, debe guardar una relación dentro de límites concretos con la obtenida en condiciones excéntricas o con el movimiento del alargamiento muscular”.

Si un individuo ejerce menos fuerza de la que es capaz en un movimiento concéntrico -muy controlable voluntariamente-, se obtienen unos registros bajos que pueden confundirse con debilidad real del músculo. “Pero si se repite el ejercicio en condiciones de concentración excéntrica a alta velocidad del movimiento, la reducción voluntaria de la fuerza aplicada es mucho menor.

Esto se basa en la dificultad fisiológica natural de modular la fuerza en el movimiento excéntrico a alta velocidad, defensivo e inhibidor por naturaleza y que está mediado por vías neuromusculares propias con menor control cortical”.

Cuando se produce una discrepancia entre la fuerza aplicada en condiciones concéntricas y la medida en las excéntricas, se deduce que el sujeto ha ejercido menos fuerza de la que puede. Olmo ha aplicado este método a las lesiones de tobillo, muy frecuentes en el mundo del deporte y la patología laboral.

Para calcular los parámetros que difieren entre esfuerzos sinceros y fingidos, el especialista ha estudiado a 38 individuos sanos, que realizaron un esfuerzo máximo y otro fingido. “Vimos la diferencia entre fuerzas excéntrica y concéntrica, y a través de un estudio estadístico basado en intervalos de tolerancia, obtuvimos los valores de corte de los esfuerzos máximos y los fingidos”.

El protocolo consigue una sensibilidad del 97 por ciento y una especificidad del cien por cien, con lo que se evita que se produzcan falsos positivos. “Lo único que puede inutilizar la prueba es la presencia de cualquier circunstancia que impidiese el movimiento, ya que para aplicar el protocolo es necesario que el sujeto mueva la articulación”.

La simulación se ha podido detectar en los músculos plantiflexores del tobillo, pero no en los dorsiflexores. “Esto puede deberse a que los plantiflexores son más controlables, pero sería interesante profundizar en las características neuromusculares de los dorsiflexores para determinar si realmente se controlan mejor o si hay de fondo una cuestión metodológica.

(J EMG and Kinesiol DOI: 10.1016 /j.jelekin.2008.02.001).

Del tobillo al hombro

El dinamómetro isocinético se desarrolló en la década de 1970. Años después, el equipo de Zeevi Dvir, profesor en la Universidad de Tel Aviv y uno de los autores de este trabajo, elaboró una metodología para detectar si alguien ejerce menos fuerza de la que es capaz.

Ya existen protocolos de identificación de simulación en grupos musculares de la rodilla, el hombro, la columna lumbar y la mano, pero debido a que se trata de una tecnología cara y que requiere una alta cualificación, su uso no está muy extendido.

http://www.diariosalud.net/content/view/8985/413/

Imaginaros que el traumatólogo dijera no tienes una lumbalgia es que tienes una enfermedad traumatológica inconsciente para ti y vienes simulando lumbalgia.

¿Qué disparate no?

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7 Respuestas a “Cómo detectar enfermos mentales

  1. SIGUIENDO EL COMENTARIO DE LA PUBLICACION:UNA CHICA SE SUICIDA POR TRABAJAR EN UN CALL CENTER

    ¡¡¡EVIDENTEMENTE ERA UNA VAGA!!! TODO SE SOLCIONA CON PICO Y PALA..
    PROPONGO QUE DICHA FRASE SEA APLICADA EN ESPECIAL SOBRE EMPRESARIOS CORRUPTOS.

    • Tu comentario se quedó en spam, por eso no salió.
      A ver Franco los problemas laborales no se solucionan en salud mental de manera individual cogiendo bajas o pensiones.
      Se solucionan laboralmente, lo único que hace la salud mental es pasar el problema a otra persona para que aguante laboralmente lo que otra no puede, entonces todavía estaríamos la mitad de las personas con jornadas de 10 horas de lunes a sábado y con el salario mínimo y la otra mitad con pensiones tocándose la barriga en casa.
      Te recomiendo que leas al Psiquiatra despierto Guillermo Rendueles Olmedo

  2. Aa me imagino a respsi poniendo el culo al paso de Szasz, “Szasz es Dios”, Anquilosado, viejo, mas psicótico que ninguno, pero oye si lo que diga ese tipejo va a Misa, poco hay que hacer con usted.

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  6. Infórmate primero, Dios fomenta que seamos fuertes de carácter y que triunfemos en la vida, proverbios trata de como alcanzar el éxito en la vida! ;)
    También sabiendo que no todos estamos equipados de igual forma el se muestra misericordioso y se compadece de los débiles . Es como un padre con sus hijos, acaso conoces a algun padre que diga ”Hijo, sé debil para que yo cuide de tí”, claro que no..un padre te da herramientas para salir adelante y te consuela en tus caidas. A eso se refiere.
    Lee bien la Biblia antes de sacar conclusiones apresuradas, si el tema es sobre psiquiatría no deberías fundamentarte en el tema religioso, que no? ¡No es ético y mucho menos útil a tu tema!

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