La Mujer y la Psiquiatría

Encierros

Siglo XVIII, una mujer de dieciséis años cuyo marido se llama Beaudoin publica abiertamente que jamás amará a su marido, que no hay ley que se lo ordene, que cada quien es libre de disponer de su corazón y de su cuerpo como le plazca, y que es una especie de crimen dar el uno sin el otro

Que detrás del encierro había un juicio moralista se descubre en el hecho que se encerraba a quienes padecían enfermedades venéreas, el gran mal de la época, sólo si contrajeron la enfermedad fuera del matrimonio. Las mujeres a quienes las infectaba el marido no corrían riesgo de ser llevadas al Hospital General de París.

Fuente: http://www.antipsiquiatria.org/espanol/parteII.htm

Represión Sexual por Vibradores

En el siglo XIX, se esperaba que las mujeres virtuosas de la clase media adoptaran la modestia, personificaran la pureza y carecieran de deseo sexual. La época victoriana en América transformó al ama de casa de clase media en poco menos que en la defensora de la moralidad pública. Su lugar estaba en casa con los hijos, sobre un pedestal de inocencia, protegiendo la decencia y la posición social de su familia. Consentía el sexo con su esposo para procrear, pero si su esposo era un alma decente la sometía a sus impulsos animales con la menor frecuencia posible. Por desconcertante que parezca en la actualidad, muchas mujeres de clase media aceptaron fácilmente la idea de que ellas carecían de pasión sexual, ya fuera por la presión social de una clase media cohibida, por ignorancia o por ambos motivos.

En esa misma época, la «histeria» parecía ser pandémica. Si la enfermedad era en realidad una frustración sexual crónica, como arguye Rachel P. Maines en su obra The Technology of Orgasm, una historia entretenida pero seria del vibrador, las mujeres intentaban aliviarse a través de una de las pocas salidas aceptables: ir a la consulta del médico y dejarse masajear hasta alcanzar el orgasmo. Maines dice que los médicos occidentales realizaban la «tarea rutinaria» de aliviar los síntomas de las pacientes histéricas con un masaje genital manual hasta que la mujer alcanzaba el orgasmo o, como se denominaba en el entorno clínico, el «paroxismo histérico». El vibrador, inventado por un médico británico en la década de 1880, fue una respuesta directa a los médicos que querían ayuda para realizar tal tarea.

Fuentes:

Extirpación del Clítoris


La masturbación femenina ha tenido históricamente una trato mucho más severo que la masculina. Para empezar, muchos médicos se referían a ella con términos como “excitación periférica”, y la mujer aquejada de dicho mal, podía acabar con una clitoridectomía (ablación del clítoris), en un manicomio o ambas cosas.

El autor de los primero libros de cirugía ginecológica, el, en su tiempo famoso, ginecólogo Isaak Baker Brown, abrió en 1858 una clínica en la que la operación más practicada sería, precisamente la clitoridectomía . Era tan rentable que dejó su puesto en un hospital para dedicarse a tiempo completo a su clínica privada. En “Curabilidad de ciertas formas de insania, epilepsia, catalepsia e histeria en mujeres” proponía , como remedio universal para estos males, la ablación del clítoris. Pero resultó que el British Medical Journal, consideró poco ética la publicidad que hacía Brown (no la práctica en sí) y el 29 de abril de 1886 publicó una crítica contra él en la que, además de hablar de masturbación femenina, criticaba al médico por escribir libros de dudoso gusto. Finalmente , el carnicero fué expulsado de la Sociedad Obstétrica y asimismo retirada la licencia para seguir practicando la medicina. En todo el proceso no se dijo ni una palabra en contra de la castración femenina. Hoy en día, los carniceros siguen actuando en total impunidad.

Referencia : ” Errores, falacias y mentiras” – Peter Villanueva Hering

Fuentes: http://es.passado.com/blogEntryPrintable.aspx?entry_id=135365

Locura Lúcida (folie lucide)


Si es cierto que Anna temía esa internación, podemos deducir que sabía muy bien lo que le pasaba a las muchachas como ella: primero se las amenazaba y luego eran internadas en los manicomios con el diagnóstico de histeria o de “insania  moral”,  término inventado en 1835 por el psiquiatra británico James Coles Prichard..  No tenemos certeza que Breuer o Krafft- Ebing aplicaran a Bertha Pappenheim este último diagnóstico, pero sí sabemos de muchas mujeres que, por no ceñirse a los cánones que se esperaban de ellas, fueron catalogadas de insanas morales, Aunque este término era similar al de insania a secas, se utilizaba para diagnosticar a personas, en su mayoría mujeres, que no alucinaban ni deliraban. Para Krafft-Ebing (citado por Malfatti y Salvati) esta locura lúcida no constituye una forma especial de enfermedad mental, sino un proceso particular de degeneración en el dominio psíquico, proceso que hiere al núcleo más íntimo de su personalidad y a sus más importantes elementos, desde el punto de vista sentimental, ético y moral. Por vivir de manera inadecuada, distinta de lo esperado, las mujeres así diagnosticadas necesitaban ayuda psicoterapéutica y, a veces, internación.

Abusos Sexuales Hoy


Un 50 por 100 de los psiquiatras conoce que compañeros de su profesión han cometido abusos físicos y económicos sobre sus pacientes y un 58 por 100 sabe que se han cometido abusos sexuales. Son dos de los datos más destacados que desvela el estudio realizado por Manuel Desvat, ex presidente de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, y por siete psiquiatras más de la Unidad de Investigación del Instituto José Germain, de Madrid. La encuesta realizada entre 1.500 especialistas, la mitad de la profesión, pregunta por la actitud ética de los psiquiatras y pretendía según su autor, “examinar la influencia de los factores como el género, la raza o la clase social a la hora de diagnosticar y de tratar al paciente”. El doctor Antonio Piga, presidente de la Comisión Deontológica del Colegio de Médicos de Madrid, no se asusta al conocer los datos y explica: “En estos casos hay que tener en cuenta que la objetividad del paciente psiquiátrico puede estar perturbada, pero eso no significa que no tengan razón. [...]“. No se conoce el número exacto de casos referidos a abusos sexuales y físicos ya que son situaciones que no se suelen denunciar.

Según Carmen Flores, presidenta de la Asociación del Defensor del Paciente, “conocemos casos de médicos que han violado sistemáticamente a sus pacientes, pero no podemos denunciarlo ya que las familias se niegan por dos motivos: primero, porque piensan que lo tienen perdido de antemano debido a la naturaleza del caso; segundo, porque cuando se trata de enfermos mentales que necesitan unos cuidados especiales y están internos en un psiquiátrico, si lo denuncias te tienes que llevar al enfermo a casa y una familia normal no puede cuidarlo adecuadamente”. Como ejemplo ilustrativo, Carmen Flores cuenta que en Madrid hay una clínica psiquiátrica privada, dirigida por un facultativo de unos 70 años, en la que se ha violado a distintas pacientes de una forma habitual y sistemática. “Las personas que trabajan en esa clínica lo saben – dice -, pero tampoco lo denuncian; debe ser por miedo a perder el trabajo o porque ellos mismos participan en las prácticas sexuales”. [...]

Fuente: http://www.laislavirtual.com/negligencias/ver_articulo.phtml?articulo=3

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