Karl Jaspers

Karl Jaspers (1883-1969)

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Karl Jaspers (1883-1969) es el filósofo que salvó la dignidad moral del pensar en una época de terror en la medida que fue el único de los grandes maestros que permaneció en el interior de Alemania, sin doblegarse ante la brutalidad nazi y fiel a su conciencia, haciendo en lo posible una vida de universitario y acompañando a su esposa Gertrud, que era judía, sin escuchar los cantos de sirena ante los que se hundió, por ejemplo, Heidegger.

Prototipo del “Herr Professor Doktor” de otro tiempo –lamentable tiempo para el deber moral tantas veces desoído, pero a la vez una admirable época del conocimiento– no debieran pasarse por alto alguna de sus más profundas intuiciones, especialmente en una época nihilista en que “intuiciones” o “teorías” arbitrarias o poco fundadas esconden la falta del «conocimiento» más mínimo.

Jaspers es el autor de dos obras esenciales en el pensamiento democrático y conservador: «LA SITUACIÓN ESPIRITUAL DE NUESTRO TIEMPO» [Die geistige Situation des Zeit], escrita como protesta ante el advenimiento del nazismo, y «LA CULPABILIDAD (alemana)» [Die Schuldfrage] una reflexión sobre la derrota; pero su influencia no acaba en el ámbito de la filosofía política. De hecho su reflexión sobre el sentido y los límites de la psicología, su anticipo de algunas intuiciones bioéticas o su teoría de la “fe filosófica” son monumentos –aunque a veces parece que se trate de monumentos poco visitados, todo hay que decirlo– del pensamiento humanista en el siglo XX.

Este texto, que sigue la huella del libro introductorio sobre Jaspers de su discípula Jeanne Hersch pretende simplemente servir de incitación a la lectura de un filósofo de los que todavía participaban en la confianza kantiana en la razón, capaz de escribir sin pestañear cosas como: «La razón nos ofrece una imagen de la libertad humana tal como esperamos hacer nacer, en tanto que se halla en nosotros. Es, esta libertad, accsible a todos los hombres» [RAZÓN Y SINRAZÓN EN NUESTRO TIEMPO]. Jaspers es desgraciadamente cada vez menos leído hoy por hoy, obscurecida por la galaxia Heidegger (e incluso por el más que discreto meteorito Arendt) y su obra pasa un momento de eclipse, pero sigue siendo una referencia fundamental, especialmente en lo que toca al ámbito de la antropología filosófica. Y obviamente es imprescindible para entender el significado de la libertad civil contra el totalitarismo.

***


Filosofía y psiquiatría

Jaspers inicia su labor profesional en el ámbito de la psiquiatría y desemboca en la reflexión filosófica precisamente en la medida que se da cuenta de los límites, antropológicos pero también morales, de su disciplina científica. Si la psiquiatría quiere delimitarse como saber sobre el alma, entonces debería explicar con alguna claridad la diferencia entre “cerebro” y “personalidad” (lo que hoy denominamos la diferencia entre cerebro y “mente”). Pero faltaba en la psiquiatría de su época, y tal vez nos sigue faltando hoy, una clara definición de ambos términos. De ahí que, según una anécdota que al parecer le gustaba repetir, un día cuando todavía no se había decantado por la filosofía dijese en una reunión de médicos: «Los psiquiatras han de aprender a pensar», lo que mereció una única respuesta displicente de sus colegas: «habría que darle una bofetada».

A partir de 1911, Jaspers se encamina hacia la filosofía a partir de la psiquiatría usando como método la fenomenología de Husserl en la medida en que le ofrece un método descriptivo de la experiencia subjetiva tal como dicen experimentarla los enfermos. Su filosofía de la psiquiatría le lleva a profundizar en una intuición de Dilthey que, por su parte, ya había distinguido entre un modelo de psicología explicativa y otro de carácter descriptivo y analítico. Jaspers profundiza en ese segundo modelo y lo denomina «psicología comprensiva».

La distinción entre «Psicología Explicativa» [erklärende Psychologie] y «Psicología Comprensiva» [verstehende Psychologie] continúa siendo significativa hoy. Una comprensión auténtica del “otro” (del enfermo) exige que el psiquiatra no lo conciba como un objeto de estudio sino como una experiencia subjetiva. No se trata sólo de dar una explicación causal de la enfermedad mental (la sobreexcitación de ciertos nervios, la estructura psicofísica, etc.). Además, la comprensión de la enfermedad exige, para Jaspers, acercarse al proceso interno, a la «causalidad interior» de la enfermedad: la infinidad irreductible de cada ser humano –y en consecuencia, el respeto que se le debe– necesitan de la comprensión, que se halla en el nivel valorativo, más allá de la explicación descriptiva y causal. Que las dos aproximaciones, explicativa y comprensiva, sean correctas, no debería hacernos olvidar que su objetivo es diverso. Estudiar el mecanismo psicofísico como si tratase acerca de un ser sin alma resulta tan absurdo como pretender la existencia de un alma sin cuerpo.

Contra el psicoanálisis

Jaspers se manifestó abiertamente contra el psicoanálisis (véase la conferencia SOBRE LA CRÍTICA DEL PSICOANÁLISIS, 1950) precisamente porque no distingue entre los dos niveles explicación referidos. De hecho, era el mismo uso de la palabra “teoría” lo que le disgustaba profundamente en el ámbito de la psicología que, a su parecer, abusa de una analogía con las ciencias físicas aun sabiendo que nunca podría lograr su mismo status. La psicología, en la medida que se configura como saber sobre el alma no es una ciencia (no progresa, no puede experimentar en sentido pleno…). La psicología no mantiene más que una analogía, pero no una identidad, respecto a las ciencias naturales y ello es debido, precisamente, a que el alma no es, ni puede ser, un concepto propio de las ciencias.

Para Jaspers la causalidad de la enfermedad mental es un problema distinto al del sentido de la enfermedad mental. La causalidad es técnica y constituye un problema de tratamiento (psicoterapia) más o menos eficaz; el sentido, en cambio, es existencial y no resulta traducible a fórmulas. Es la personalidad moral tanto del enfermo como del terapeuta lo que se pone finalmente en juego en la enfermedad mental.

Jaspers elabora una serie de críticas al psicoanálisis que giran entorno del intento freudiano de reducir el “sentido” de la enfermedad mental a una serie de fórmulas o de síntomas objetivados. Para el filósofo, el psicoanálisis hace una reducción incorrecta de la neurosis a la causalidad mecánica a la vez que desatiende el proceso comprensivo (que tal vez hoy denominaríamos “empático”, entre enfermo y terapeuta. Para Jaspers la terapia freudiana, precisamente porque es profundamente directiva –porque establece una “ortodoxia” sobre la mente– no puede dar razón de lo específico de la neurosis.

En resumen se proponen cinco críticas centrales al psicoanálisis en Jaspers:

1.- Todo lo que sucede al hombre (y no sólo en la enfermedad mental) tiene un sentido. Pero traducir el sentido a “síntoma”, absolutizar el significado de los síntomas, e interpretar una biografía entera por una serie más o menos incompleta de ellos es degradar al individuo. En psicoanálisis los síntomas se interpretan y contrainterpretan una y otra vez, precisamente porque no es posible absolutizarlos, porque siempre hay algo en ellos que se nos escapa. Por eso el psicoanálisis hace mala ciencia.

2.- Hay un totalitarismo psicoanalítico que proviene de no reconocer la división entre cuerpo y alma. El psicoanálisis se pretende previo a esta distinción y precisamente por pretender un conocimiento “total” del ser humano, acaba en totalitario.

3.- Pese a su supuesto amoralismo, el psicoanálisis manipula el sentimiento de culpa. Halla una cierta culpabilidad en la enfermedad mental, y ello hace sufrir al enfermo, lo vuelve vulnerable y altera el sentido mismo de la ayuda médica.

4.- El psicoanálisis presupone que existe un estado humanamente perfecto que se denomina “salud”; pero ello es cuanto menos dudoso (la salud es un estado dinámico) y conlleva una filosofía implícita con “artículos de fe” no siempre confesados.

5.- En psicoanálisis el terapeuta interviene excesivamente en la curación y mediatiza las decisiones supuestamente autónomas de sus pacientes.

En resumen el psicoanálisis actúa como una ideología (interesada) o como una fe -la fe propia de los tiempos nihilistas, podríamos decir– pero no como una ciencia. Podría compararse a los “Ejercicios Espirituales” de San Ignacio de Loyola en la medida en que, para Jaspers, ambos procedimientos no buscan descubrir la verdad, sino algo más sutil: manipular la propia conciencia, autoconvencerse. El psicoanálisis es una “fe”, algo no necesariamente malo en principio –toda curación requiere fe– pero que pude derivar en fanatismo, en autoengaño; y que, desde luego, nada tiene que ver con la ciencia. Frases de Jaspers como la referida a los psicoterapeutas: «no se puede lleva a nadie más allá de donde se encuentra uno mismo» debieran ser objeto de atención todavía hoy.

Por lo demás, alguna de sus opiniones pueden parecer hoy muy conservadoras en la medida en que Jaspers considera que a extramuros de la cultura lo humano se degrada inevitablemente en resentimiento y nihilismo; pero toda su crítica al psicoanálisis arraigadas en la convicción de que, precisamente, es la cultura lo que nos protege de la neurosis y no, de ninguna manera, lo que de forma nihilista la provoca. Veamos simplemente dos frases claramente reveladoras de su convicción de que es estrictamente la cultura lo que salva al espíritu en vez de ser lo que, supuestamente, nos conduce al malestar: «Quien no ve en el matrimonio más que una forma particular entre otras igualmente posibles, no ha entendido nada, o muy poca cosa, y no es apto para el papel de higienista del alma» y «Alguien que liquida la fe religiosa como sugestión o ilusión no debiera ocuparse de higiene mental». La función de la medicina en Jaspers no puede separar el aspecto ético (madurar moralmente él mismo y acompañar al paciente) del aspecto científico instrumental. Si el psicoanálisis no le merece confianza es, al fin y al cabo, porque no ha sido capaz de comprender el aspecto moralizador y, por tanto de crecimiento y de plena humanización, que se esconde en la sociabilidad –y especialmente en sus formas más complejas, más alejadas de lo instintivo e, incluso, más, barrocas (la familia, la religión…).

Fuente: http://www.alcoberro.info/planes/jaspers1.htm

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